Vivir la vida sin horarios ni rutina en el parche

Fotografía de Fernando Chuy

Mis padres me nombraron Esli pero en la calle me bautizaron como Parche. Mi apodo viene de la actividad que realizo (“parchar”). Un parche es una venta comúnmente de artesanía colocada sobre una manta tendida sobre la calle o cualquier espacio público y quien realiza el trabajo es conocido como parchero.

Me considero más un artesano que un vendedor, aunque reconozco que hay una delgada línea entre artista y comerciante. Esta es la segunda vez que retomo el parche después de trabajar por cinco años encerrado en una tienda de barrio donde laboraba desde las ocho de la mañana hasta las diez de la noche, no ganaba mucho dinero y tenía muy poco tiempo libre, pero tenía la oportunidad de crear todo el día a mi antojo dentro del mismo negocio. Puedo hacer muy bien cuentas y sé vender, algo que me ha sido muy útil en la vida.

Después de tanto tiempo encerrado me olvidé de vivir así que decidí dejar ese trabajo y llené mi mochila con mi obra, la puse al hombro y me dediqué a mi propio negocio. Desde pequeño descubrí cómo crear con mis propias manos. Si tengo las manos y puedo hacer muchas cosas con ellas no tengo porque trabajar para ninguna empresa que me limite el tiempo, el dinero y en general la misma vida.

La vida en un parche tampoco es que sea fácil. Uno tiene que buscar lugares donde exponer su trabajo porque aquí son escasos los espacios donde se puede colocar un parche, pero los hay tanto en los departamentos en actividades de ferias, en Panajachel o en el Centro Histórico de la ciudad de Guatemala en donde conviven artesanos nacionales y extranjeros compartiendo experiencias y conocimientos.

Una de las ventajas de este trabajo es el poder viajar y conocer siendo el parche la tarjeta de crédito del artesano. La inseguridad y el clima son cosas que te afectan, también hay que contrarrestar el poco valor que la gente le otorga al trabajo en general y especialmente al trabajo artesanal. Muchas personas por verte vendiendo en la calle te consideran informal y te hacen cara de desprecio, mientras otras sí valoran el tallado en madera o el tejido como arte y pagan su verdadero valor y es que, aunque una pieza tenga un precio en dinero es difícil calcular su valor porque cada pieza que realizo no se encuentra en ningún otro lado más que en la mente y corazón de quien los hace. Mis piezas siempre llevan buena energía y amor.

Este es un trabajo que te permite vivir en libertad, pero también requiere de mucho esfuerzo, dedicación y coraje ya que no cualquiera se aventura a trabajar en la calle. El parche no es trabajo para hacerse millonario pero sí un medio que te permite conocer gente, lugares, hacer amigos y en general vivir la vida haciendo de los sueños algo concreto, real y que de otra manera no sé si podrías hacer. Quizá lo mejor de esta actividad es la libertad que te otorga un día en el parche. Libertad de ser, de crear, de moverse, de expresarse y de vivir. Es un trabajo sin intermediarios, justo y real. Un trabajo para vivir y no una vida para trabajar.

 

Autor: Esli Parche

(Mixco, Guatemala) Artista textil, diseñador y poeta.

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