¿Quien goza de independencia hoy?

Fotografía de Fernando Chuy

Lo que sucedió ayer hace 196 años y nos cuentan de forma tergiversada en el colegio fue —digamos— una especie de transacción, por decirlo así, bancaria; donde la élite criolla negoció el cambio de poder y así, sin choque sangriento, firmaron un acta en la que se pactaba que se dejaría de entregar impuestos a la Corona para que los criollos pudieran apropiarse del poder político en su totalidad, porque si bien estos tenían el poder económico, no tenían acceso a la clase política y justamente eso fue lo negociado y firmado. 26 años después creaban la República de Guatemala.

Pensar ese pacto que es enseñado como “independencia” es pensar, también, “la patria” y “el patriotismo” que consume una gran mayoría. Toca mencionar que los estados nacionales es decir, los países, son construcciones. Son, pues, creaciones históricas modernas (no existieron siempre) hijos de un modelo productivo; el capitalismo. Entonces, la patria no es algo esencial o digamos natural que uno trae y en este territorio se ha utilizado esa figura de la pátrida para crear enemigos internos y excluirlos orillandolos a la miseria. En nombre de la bandera, del himno, del escudo se ha excluido y se ha buscado uniformar conductas y discriminar a cualquier otro que no encaje en el estereotipo del sujeto burgués. Dejando afuera, sin “patria”, a gente que también está adentro. ¿Patria para quien? ¿Quien goza de independencia hoy por hoy; será quizá el empresariado oligárquico, las cúpulas militares, los politiqueros corruptos, los narcotraficantes?

Para que el patriotismo tome fuerza junto con las “fechas de celebración” ha sido necesario reinscribir el pasado construyendo mitos fundacionales para arraigar en las mayorías un sentido de pertenencia que es, por donde se le vea, una construcción y no algo esencial. Deconstruir la idea de independencia y de patria puede causarnos desolación y un sentimiento de vértigo y vacío pues se cree pertenecer a algo esencial en nosotros casi como si fuera dado por un determinismo natural cuando es más bien, entre otras cosas, un paliativo contra la soledad de una existencia que es tránsito. Pero en tiempos como los actuales, donde la coyuntura nos exige pensar este país en crisis profunda y permanente, resulta necesario profundizar acerca de cómo podríamos construir una patria alejada del esencialismo y la exclusión y, en cambio,entendida desde la mezcla, la diversidad y la dignidad humana como, por ejemplo, en el sentido que Martí le daba a dicho concepto. Mientras eso no lo construyamos y sigamos viendo a los otros (los que no encajan en la visión burguesa) como extranjeros, no hay nada que celebrar.

Autor: Sergio E Castañeda

Nacido en la ciudad de Guatemala por eso del año 1988. Estudiante de Historia fascinado por la exploración e indagación de distintos escenarios y rincones de la existencia. Consciente de que hay que expulsar letras que logren provocar, incomodar o estimular. Vamos a barranquear, pues, para ver qué hay en esas profundidades desconocidas… ¿ah y queso?

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