A vergasos se bajan los santos del escaparate

Cuando tenía como 11 años mi tía que vivía en Estados Unidos había venido de visita. Me trajo a regalar una caja de tarjetas de la NBA. Justo estaba en pleno fervor por los Chicago Bulls, aunque mi corazón se partía un poco por los Lakers porque también eran impresionantes.

Como sea pasé ordenando mis tarjetas, sacando repetidas, viendo las fotos y las estadísticas de Barkley, Jordan, Pippen, Shaq, etc. Soñaba con hacer el equipo de basquetbol de fantasía invencible, casi como los Globetrotters pero sin payasadas. Mi hermano que tenía 26 para ese entonces me dijo ¿Qué tanto putas hacés con esas tarjetas? y yo no supe cómo responderle que admiraba a estos nobles guerreros del balón. Me quitó una de las manos —tristemente una dorada— la rompió, lo empujé y me pegó en el estómago, obviamente me sacó el aire y me dijo: Estos hijueputas que tanto admirás, son cerotes como cualquier otro mierda en la calle, y juegan pelota tan de ahuevo porque les pagan todo para que se dediquen a esa mierda, no seas mula, no seas otro arrastrado, un hermano mío no le va a chupar las patas a ningún estúpido y me dio otra manada.

Adolorido en la sala me quedé viendo las tarjetas, triste sí, pero pensando que dentro de todo mi hermano tenía razón, aunque claro, pudo habérmelo dicho así nada más, pero creo que quería que lo recordara de por vida, y funcionó. Al otro día comencé a venderlas en el colegio, para el final de la semana saqué lo suficiente para dos cassettes de Guns n’ Roses originales.

Hoy día soy capaz de decir que amo el onirismo extravagante de Björk, la melancólica locura de Sabato y los laberintos silenciosos de Tarkowski, entre otros muchos personajes que admiro, pero que no por ello idolatro, no por ello voy a adoptar una postura infantil o agresiva cuando alguien diga que son malos, que son basura sobrevalorada representando el epitome de la pose pseudo intelectual, no, yo disfruto con gran placer de sus obras y para eso no necesito la opinión de nadie más que la propia, tampoco me interesa cómo sea visto o catalogado por ello, al final son títulos que la gente opta usar para simplificarse la vida y evitar percibir a la persona atrás de las superficialidades que su realidad les permite captar.

Por supuesto me alegra encontrar personas que comprendan estas obras, que a través de su visión pueda agregar algo que no había notado, una dimensión o un paralelismo nuevo, o todavía mejor, me alegra encontrar quien me haga dudar de mis certezas y mis razones, porque eso las hace más fuertes o innecesarias, eso me hace aprender, como sea salgo ganando, y aún así también agradezco el que existan bobos sulfurados que sobre actúen y defiendan a sus héroes con férrea voluntad de mamerto, gracias de todo corazón por las muchas carcajadas.

Autor: José Saldaña

(Guatemala, 1981) Autor audiovisual, fotógrafo y pensador beligerante

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