El arte de hacer panes con frijol

Fotografía robada de un comentario del face.

Hace algún tiempo salió publicado un texto en la revista Contrapoder, que se titulaba “Arte contemporáneo o la ropa nueva del emperador” en donde el autor trata de poner en disputa el significado de arte contemporáneo, con las voces de diferentes personas.

Soy honesta me daba hueva leerlo, porque se ha dicho, escrito y hablado tanto de esto, que los argumentos están desgastados y todo se reduce al propio ad hominem, o a egos que buscan reivindicación personal dentro de este sector.

La escena artística de Guatemala sigue discutiendo el tema de “¿Qué es arte?” reiteradamente aunque no existe nada nuevo, la mayoría de argumentos se construyen no en base a criterios propios, parecen pericos que citan una y otra vez a teóricos que hablan desde su propio contexto.

La mayoría no  presenta un criterio propio decolonizado del arte, y ese creo que es uno de los más grandes problemas con el juicio crítico latinoamericano.

Lo que realmente me mortificó sobre ese texto, fueron los argumento clasistas que se utilizaron. No es un secreto que el arte en Guatemala ha sido formado en base a cánones elitistas, pero siendo el arte un punto de encuentro, una función de diálogo, ¿Por qué seguimos reduciéndolo como algo exclusivo de una clase social?

La supuesta lucha “dialéctica” que maneja Joseline Pinto y Byron Quiñonez en el texto de contrapoder,  es superficial y aspiracional cuando despojan a un albañil y a un señor que vende panes con frijoles en la calle de su habilidad de comprensión de una pieza artística.

Joselyn dice:  “Este arte no está al alcance del señor que vende panes con frijol en la esquina de la calle” mientras que Byron Quiñonez dice: “Si se llama arte a un montón de ripio tirado en una esquina de una galería, entonces los albañiles deberían autoproclamarse artistas”.

Entonces esta forma de clasismo adaptado a la comprensión de conceptos artísticos se convierte en una  forma de discriminación y entramos a un mini Estado del arte en Guatemala. Un mini estado, donde se repiten las actitudes del Estado liberal donde se anula al proletariado o a la clase económica baja de su habilidad de opinión  y pensamiento.

“La cultura no es atributo exclusivo de la burguesía. Los llamados «ignorantes» son hombres y mujeres cultos a quienes se les ha negado el derecho de expresarse y por ello son sometidos a vivir en una «cultura del silencio»” nos dice Paulo Freire que reitera la utilización de la educación popular en las enseñanzas pedagógicas.

Por lo tanto entramos en una dicotomía de los ignorantes del arte  y los genios burgueses. Es por eso que cuando algunos curadores, teóricos o filósofos del arte hablan de  artistas, comienzan con el discurso de “Este artista ya expuso en el extranjero” ese tipo de validaciones solo demuestran la falta de criterio nacional y emancipa ideas arbitrarias que responden a cualquier cosa, menos a nuestro contexto.

Ya es hora de que dejemos de jugar a ser intelectuales luchando por tener razón o  clasemedieros utilizando la academia para validarnos, deberíamos tratar de exponer la realidad social como muchos artistas contemporáneos lo están haciendo, evidenciando y denunciando los acontecimientos de nuestro país. Dejar de creer la terrible mentira del “ignorante” del arte.

El arte no debería ser esa pseudo enciclopedia academicista institucionalizada, debería de ser un puente de comunicación que elimine las clases y los estereotipos sociales.

El teórico del arte John Berger dice “El modo de ver del fotógrafo se refleja en su elección del tema. El modo de ver del pintor se reconstituye a partir de las marcas que hace sobre el lienzo o el papel. Sin embargo, aunque toda imagen encarna un modo de ver, nuestra percepción o apreciación de una imagen depende también de nuestro propio modo de ver.”

Tal vez si estos supuestos teóricos salieran de su burbuja y se encontraran frente a frente con la realidad guatemalteca y  se sentaran a platicar con el señor que vende pan con frijol en la calle o con el albañil que está haciendo la mezcla, comprenderían la realidad social del país y la importancia del arte contemporáneo dentro de ella, en lugar de entrar a discusiones sin consistencia que solo redundan en el ego de sus propios argumentos. Solo con el acercamiento a la realidad se dejará de reproducir el clasismo y discriminación en un espacio que en escencia debería de ser accesible y comunitario.

Autor: Maya Juracán

Pretenciosa de nacimiento, Historiadora por profesión, Gestora cultural por necesidad y en bici de Hello Kitty por la zona 1.

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4 Comments

  1. Me confundió este artículo, que aconseja no sustentar ideas con citas académicas, citando académicos.

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  2. Creo que debemos dejar de creernos la “divina garza envuelta en huevo” y darle libre acceso al arte a todas las personas y en especial a aquellas que fueron privadas de la educación formal. Inumerables veces he visto a estas personas ser cautivadas por una exposición de arte, afortunadamente en Antigua Guatemala hay varios lugares con acceso libre a diferentes clases de exposiciones. La sensibilidad, la abstracción y otras “habilidades” que necesitas para apreciar una obra de arte no son intrinsecas de los intelectuales. Solo necesitas alma.

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  3. Este artículo me causó la misma hueva que la autora menciona en las primeras líneas.

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  4. el arte es subjetivo, como estandarizarlo, como etiquetarlo, si burgues o pelado, si fino o vulgar,es expresión humana, tiene que ser accesible a tod@s por igual.

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