Un corazón roto tarda mucho en sanar

Manny

 

En aquellos días la sexualidad hacía su deliciosa entrada por mi vida, ya la primera vez (esa fea primera vez) se me estaba olvidando y al fin podía disfrutar de mi cuerpo y del cuerpo de otros.

Cabe recordar que en esos tiempos de adolescencia nunca hay un lugar a donde ir decentemente a coger y se hace uso de parques, bosques e iglesias (dentro o detrás de ellas) para satisfacer la calentura del momento y calmar las palpitaciones de en medio de las piernas.

Cuando vi por primera vez a Rodrigo supe que debía estar con él, tenía todo lo que a mí me gustaba: alto, delgado, cabello alborotado y largo, ropa negra y gusto por el rock. Mi cabeza dio tres vueltas y de inmediato organicé todo un complot para conocerlo: un amigo en común nos presentaría, yo iba a dejar a mi novio esa tarde si Rodrigo seguía pareciéndome interesante después de esa primera conversación. Ya no importa cómo pero todo resultó tal como lo imaginé, el tipo me encantó aún más después de hablar. Tenía una mirada tan pervertida y cierta malicia que no pudieron escapar de mi atención.

Te voy hacer sentir cosas que nunca has sentido me dijo mientras clavaba sus penetrantes ojos verdes en los míos, yo temblaba no sé si por el frío, los tragos o los nervios. Todo alrededor estaba tan oscuro, plantas, tierra y piedras… que importa pensé, después de todo desde la primera vez que lo vi lo quería tenerlo así, solo que claro, utilicé mi cara de niña que no sabe lo que hace para llevarlo hasta ese punto. En sus ojos el deseo parecía no tener límites y yo no quería que los tuviera. Arreglamos con unas chumpas nuestro nido de pasión improvisado, se me acercó y lentamente fue colocándome en posición horizontal, se puso sobre mí y susurró a mi oído algo que ya no puedo recordar, yo solo pensaba en lo que venía, ¡Mi vagina iba a explotar!

Desabrochó mi pantalón y me despojó de él. Me volvió a ver a los ojos buscando aprobación, me mordí los labios en señal de que no se detuviera, me besó la boca y luego arrancó mi blusa dejando mi pecho descubierto, su lengua recorría mis senos, mi abdomen, llegó hasta mi panty y delicadamente lo bajó. Cerré los ojos y entonces sentí su lengua en mis otros labios, los mordía y los lamia con una desesperación abrumadora, descubrió mi clítoris y yo solo podía gemir y retorcerme: extraña sensación de querer parar pero saber que al mismo tiempo nunca se estuvo mejor. Estaba a punto de venirme cuando paró y empezó a quitarse el pantalón, abrió mis piernas y se coló entre ellas, sentí su erección en mi húmeda vagina, volvió a levantarse, se puso un preservativo y me penetró. El cielo nunca había estado tan cerca, todas las drogas que hasta ese momento había probado no eran nada comparadas con la satisfacción de ese momento. Su movimiento mecedor gradualmente se fue apresurando, los huesos de su pelvis chocaban contra mis muslos y así como había subido la intensidad llegaba a un punto en el que de nuevo se sosegaba y nos movíamos más lento, mordía mi cuello y yo aferraba mis uñas a su espalda, era una batalla sin vencedor ni vencido, era la pura expresión de la excitación y el cariño que para ese entones ya nos teníamos. La intensidad subió de nuevo, el corazón parecía ya no dar más y mis piernas lo apretaban contra mí con tanta fuerza.

¡Magia!, pequeña muerte que le han llamado: mi primer orgasmo, no provocado por mí, me llenó de una sensación de bienestar y locura, no quería dejar de sentirlo nunca. A Rodrigo le tomó unos minutos más para venirse y tras un pequeño gruñido dejó en claro que ambos estábamos satisfechos. Nos separamos.

Con Rodrigo descubrí los orgasmos, el sexo oral y también que un corazón roto tarda mucho en sanar, ahora mientras escribo estas líneas viene a mi mente el muchacho de la vista perdida y las primeras promesas de amor que hice y me hicieron, qué importa ya que lo nuestro no fuera para siempre, después de todo lo bailado y cogido no hay quien me lo quite.

Autor: Flor Venenosa

Paciente hasta que se derrama la última gota, luego explosiva, amante del buen rock y los viajes, lunática de la vida, venenosa y ácida. Habitante de la tierra inexplicablemente.

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