Así se hace un buen mamey

Fotografía de Cecilia Cóbar Falla, de la serie “El que encuentra una flor”.

Estábamos allí donde doña Hilda con la bandita barranquera, y entre unas chelitas y boquitas —hablando de todo un poco—nunca faltan los temas picantes (yu nou). Ya uno alcoholizado y en confianza empieza a ventilar sus experiencias…

I.: Pero… ¿qué les gusta más, verlo o sentirlo?

J.: ¡Verlo es excitante y sentirlo..!, cuando te lo saben hacer, no aguantás.

A.: A mí lo que me gusta es ver cómo se retuercen, gritan y ya no saben ni qué hacer.

J.: Deberías escribir sobre cómo hacer bien esa mierda.

Suponiendo que lo hago “bien” o por lo menos estoy arriba del promedio, me animo a compartirles unas ideas para que puedan entregar una experiencia en sexo oral inigualable; lo primero es querer hacerlo, en lo personal creo que tu pareja te va a inspirar a hacerlo o no. Si ya estamos allá abajo, hay que ir con todo.

Acá les llegan algunas recomendaciones para explorar con “tu hombre” o tu proveedor sexual de confianza…

Necesitás convicción

Lo primero y super necesario es que tengas disponibilidad y el chingo de ganas de hacérselo, la idea aquí es hacer sentir bien al otro, la clave: que te guste darle placer. Teniendo el apropiado estado mental, físico y emocional agárrense chiquitos.

Hay cosas que están en tus manos y otras que se escapan…

Chiquitos, les encargo que para esa ocasión especial la tengan limpia y fresca, pues así nos evitamos inconvenientes, ya que al ser el proveedor sexual de confianza no usaremos globos en la fiesta.

 

La saliva (en proporciones generosas) es fundamental

Bueno, ya tenés la verga frente a tu cara, podés empezar dándole un masaje con tus manos, usá la saliva para se ponga durita. Si ya la tiene bien dura, agarrala con una mano e introducila en tu boca, que comience el mame. Dale al suave, y de a poco que se vaya intensificando la cosa.

A mí me gusta primero masajear el glande, como si este fuera su lengua en un beso apasionado, ya con eso lo tenés trabando los ojos. La mayoría de hombres son muy sensibles allí.

 

Seguí tu instinto

Podés estar un rato divirtiéndote en la puntita y luego introducirte toda su verga en la boca. Procurá producir mucha saliva, tu lengua y tu boca/labios deben moverse como si estuvieras chupando el mango más rico en toda tu vida.

Intentá encontrar un ritmo para irle chupando, recordá hacer succiones suaves, que se sienta como apretadito cada vez más, poniendo siempre atención en no mordérsela (a menos que le gusten las semi mordidas). Tené siempre presente que tu guía es la sensación, los gemidos y las reacciones de él, seguí tu instinto.

El factor sorpresa

Cuando menos lo espere, podés sacarlo de tu boca y brindarle unas generosas lamidas en las bolas, mordiditas por la ingle y si ves que le gusta, podés intercalar por momentos las succiones con el estímulo alrededor de su verga.

 

Los movimientos circulares

Hay que jugar con todo el pack, tu lengua y saliva son clave, además de usar tus manos para bajar el prepucio y estimular el tronco mientras la lengua y tus labios estimulan el glande y el cuello del pene, intentá hacer movimientos circulares por ahí, eso los empatina un chingo.

Huelga de Todos los Dolores

Fotografía de Lozano

El contacto visual

No olvidés hacer contacto visual de vez en cuando para saber si le está gustando el ritmo que llevás, podés probar hacerlo más rápido o más lento, acariciar sus bolas y sus piernas, ¡Jugá y usá tu imaginación!

 

Las palabras sucias

Podés decirle que te encanta su pito o que sos su puta (Y muladas por el estilo). Si la sesión se alarga deberías tener agua cerca o una bebida burbujeante para guardar un poco en tu boca para cuando se la volvás a chupar, producir un efecto diferente.

En fin, las posibilidades son muchas y la cuestión radica en expandir tus niveles de creatividad, usar tus pechos u otras partes para complementar el jugueteo. No olvidés que el 90% de un buen mamey es que vos también te lo estés disfrutando.

 

Autor: Andina Ayala

(Guatemala, 1989) Practicante de la introspección como uno de los caminos hacia una convivencia real e integra con los otros, creyente de la ironía como herramienta pedagógica, hedonista, aprendiz de madre full time, politóloga empírica, muy muy empírica y antropóloga de formación en la USAC.

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