Así volamos nosotros el Barrilete

El Festival Barrilete es una iniciativa emergente, alternativa e independiente que reúne a algunos de los mejores exponentes de la música en la ciudad.

Día 1

por Ivonne Monterroso

 

Estoy atravesando una etapa tan estresante en la universidad que a veces lo único que quiero es alcohol e irme lejos de vacaciones a alguna playa recóndita. La noche me esperaba con un toque en un sector bastante diferente a los que suelo frecuentar en la ciudad. Quedamos con Lozano que fijo iríamos y él pasaría a traerme a la Av. Las Américas porque estaba de la gran puta que llegara por mi cuenta con el tremendo tráfico que se hace los viernes. Confié en él y su moto para que lográramos atravesar el embotellamiento característico de esas zonas de ricachillos y llegar a tiempo a nuestro destino.

No quería llegar tarde y quedarme hasta atrás sin poder ver bien a las bandas (me cae mal cuando sucede eso, y siempre que puedo me zambullo hasta el frente para bailar). Luego de pasarnos algunos semáforos en rojo llegamos a Akúa, vimos montón de carros y gente que se bajaba de ellos, pensamos que el place estaría a reventar; nos acreditamos y vimos lo contrario. Tal vez la mara aún estaba atrapada en las calles ¿O nosotros llegamos muy temprano?

Por lentos ya no logramos escuchar a los muchachos de Fözz ni a Camello. La mara que estaba ahí ya se andaba poniendo en algo, nos comentaron que estuvieron de ahuevo y nos invitaron para que nos acercáramos a escuchar a Somni en ese momento. Pronto nos dieron ganas de chelear así que con Lozano fuimos por unas cervezas.

Durante el espacio entre cada banda se lograba escuchar reggaetón a todo volumen en un bar de a la par, cada vez se ponía más sucio hasta que tocaron fondo y pusieron trap. No era nada agradable para quienes estábamos allí esperando escuchar música en vivo.

Casa de Kello. Fotografía de Lozano

Acto seguido subieron los chicos de Casa de Kello tocando un rock bastante soft y agradable, no los conocía, pero su ritmo es pegajoso y se presta como para mover la cinturita. Después de ellos llegó el dúo dinámico de Dinosaur 88 con un sonido nuevo de synthpop chiptune. En esas estaba, cuando logré distinguir una de mis canciones ochenteras favoritas: Everybody Wants to Rule the World de Tears for Fears pero con sintetizadores… bastante curioso, la verdad.

El dúo dinámico Dinasour 88, si se fijan bien, al fondo está el percusionista. Fotografía de Lozano

Para ese entonces ya había llegado un poco más de mara, pero no se terminaba de sentir lleno el lugar. No sé si habrá sido la música reggaetonera de al lado, el frío, el lugar, el día, el tráfico, etc.  En medio del público se lograban reconocer varios chavos y chavas de otras bandas moviéndose al ritmo de la música, como alguien diría por allí, haciéndose huevos entre ellos.

Cameo Dr. aparecieron de pronto tocando una mezcla de indie, rock y un poquito de pop. Me llegaron los muchachos, es el tipo de música que me gusta, pero debía retirarme un momento para ir a comer porque las chelitas ya me estaban pegando. Cerveza en mano nos fuimos a ver dónde comíamos, así que caíamos a Taco Bell, el policía ya le estaba empezando a armar vergueo a Lozano porque no se podía entrar con bebidas alcohólicas, a mí no me dijeron nada, tal vez por ser mujer. We’ll never know. Fue culero llamarle la atención sólo a él, mientras que de nosotros, todos saben quién es la que insiste en que se compre algo pa’l pecho.

Al regresar, en el escenario estaban los muchachos de Filoxera tocando una combinación rock/pop, chilero seguir escuchando los géneros que me gustan pero no hubo mayor diversidad de ritmos. Yo espero en un festival escuchar de todo un poquito, aunque sea un chirmol pero siempre hay para todos los gustos.

Tijuana Love fueron los siguientes en subir a la tarima, tocando algo que me pareció un poco de funk, pero no, era algo como fusión. Algo que me hizo moverme un poco para quitarme el frío que había, debo decir que el sonido estuvo bien, no hubo mayor inconveniente, y si lo hubo uno tenía que ser muy máster para notarlo. Las luces a veces me hacían sentir en navidad con sus combinaciones de rojo y verde o me ponían en trip cuando sonaban los sintetizadores.

Creo que me faltaron más chelitas para ponerme coquetona e irle a hablar a un chato al que ya le había echado el ojo, tal vez no hubiésemos bailado por el tipo de música, pero al menos sí casaqueado, en fin, ya no lo sabré, pero quien quita y me lo vuelva a topar en los tacos o en algún bar, porque de que yo vuelva a ir a Cayalá, está pisado.

Yerimkala en pleno desvergue. Fotografía de Fernando chuy

El Día 2

por Salazar Ochoa

 

Como la miel es a los osos, así sentí la alineación del Festival Barrilete. Se me hizo imprescindible caer y escuchar a algunas de mis bandas favoritas de los últimos tiempos. Atraído también por descubrir nuevos sonidos y ser testigo del performance en vivo de grupos que están en plena transformación.

 

Nunca había aterrizado en Cayalá así que antes de volar barrilete fui a descubrir el paraíso en la tierra de la mara de varas de este país. Casualmente me topé con Rodrigo Polo y a huevos que no desaproveché la oportunidad para sacarnos una foto together.

 

Terminado el brevísimo tour, nos encaminamos con el camarada Chuy para hacer acto de presencia. El truchita de la entrada no nos daba color y cuando estaba por hacérnosla cansada, bendito dios apareció El Pelón de Hot Sugar Mama para lucirse como anfitrión y dejarnos pasar.

Se agradecen los espacios al aire libre para hacer toques. Podés respirar sin que el humo de ningún cigarrillo te distraiga y sentirte más al natural. Cuando entramos estaban echando verga los Orikalcos. Se nota fácil que son músicos habilidosos con sus instrumentos, juntos logran crear una atmósfera digámoslo oscura y amena.

 

Chuy como que no calentaba motores todavía y no le nació salir a disparar su cámara. Decidí que para lubricar el gaznate  y de a poco ir agarrando feelin lo mejor era comprar unas frías y brindar por la música independiente y alternativa.

Cuando sentí, ya estaban los truchines de Yerimkala tirando línea. Una banda difícil de catalogar, pero con la que es fácil identificarse. Además de que cantan algunas rolas en español, me suenan a herederos de la Garra Chapina pero evolucionados. Son mejores músicos que los de antes, son agresivos y sus letras suenan a insatisfacción y crisis de las buenas.

Vástagos Magna. Fotografía de Fernando Chuy

El turno de cargar la procesión llegó para los Vástagos Magna, cuatro raperos que se veían medio fuera de lugar en un festival lleno de bandas que más o menos podés ir conectando una con la otra. Los Uve Eme eran la oveja negra para una audiencia que no supo respetarlos. Corrieron con el factor en contra de que justo durante su intervención, encendieron la piscina con olas que está a un costado del escenario y la atención de la mara se diluyó con las caídas de los intrépidos surfistas.

Sumado a la adversidad, su nave parecía por momentos perder combustible. Eran los vientos fuertes de noviembre, las alergias o quizá la mota, quienes atacaron las vías respiratorias en ese preciso momento de la noche y que por momentos hacían perder confianza a los maestros intergalácticos de la rima que tenían frente a sí a un público desconectado.

Diana se las puede con el saxofón. Fotografía de Fernando Chuy

 

El clavo no son los músicos

Ni los organizadores, ni el lugar, ni los precios. Sospecho que el problema es la audiencia, vos podés reunir a las mejores y más sobresalientes joyas de la escena actual pero hay algo en el ambiente, algo en la comunidad que no termina de cuajar y logre que la mara disfrute cada toque como si fuera el último. Es cierto, algunos pagaron los boletos y estaban sacudiendo la cabeza (eso sí, sin despeinarse)

No sé si sea el miedo a la violencia que azota la ciudad, la pose y guardar las apariencias o el ánimo decaído de un país que una vez más no va al mundial. Pero si toda la mara que estaba allí, chima como se divierte en los toques,  realmente estamos pisados. Una pandemia de malos polvos invadió Guatemala y ya ni a eso se le pone huevos. Hay que coger con ganas, sudar la camisola, gritar en los conciertos.

René y De la Rut. Fotografía de Fernando Chuy

Hablando de unos cubiletes estábamos cuando De la Rut se apoderó del micro. Entraron presumiendo su trofeo de los premios Estela. Desde el principio que los escuchás y si no sos medio maje, notás que son prodigiosos. Tiran una melodía que coquetea con el reggae y hace que su pop suene sabroso. Si le van a abrir a Maroon 5 es por algo. Llevan poco tiempo pero ya tienen rolas dignas para corear a todo pulmón. De la Rut se metió al bolsillo a la mayoría de mara y los que tenían ganas de moverse un poquito más, con ellos lo hicieron. No vayan a ser pendejetes de perderlos nunca de vista.

Los Tiros. Fotografía de Fernando Chuy

Ya bien entrada la noche aparecieron los pistoleros del surf: Los Tiros aburren después de media hora, pero ese sábado fue la excepción, no sé qué se meterían, pero andaban encendidos en todo. Si hubo momento intenso y oportunidad de ponernos agresivos fue con ellos. Fue sin duda el momento álgido del mosh. Tampoco fue que el encanto les durara toda la presentación, pero es de reconocer que si hubo una banda que supiera interactuar con su audiencia durante el festival, esos son ellos. No cantan nada, pero vaya si saben hablar.

Los Tiros II

Me sentí parte de la farándula cuando alguien se me acercó y me dijo: ¿Vos sos el de Chivarreto? Mi memoria a veces se pone culera y no me acuerdo del nombre de este sociólogo ahora, la onda es que paramos hablando de cómo tuvo que sacar de las garras de los evangélicos a sus dos hijas. Buena mierda hablar con el man pero ya había sido mucho así que me le despegué.

Julian, Gabriel y Tto. Fotografía de Fernando Chuy

Quería escuchar al Sargento Pimienta sin distracciones de ningún tipo. Aposté que con ellos la mara se iba a terminar de encender y a dejar a un lado el frío, pero nel. La apatía fue tal que a pesar de que el rock n roll jutiapaneco es contagioso, allí los presentes parecían inmunes.

Una cosa en la que uno casi no piensa pero que cobra importancia durante una presentación es la interacción con la audiencia, la respuesta de ellos le sirve al músico como retroalimentación y si esta, es apagada hace que quien esté sobre el escenario (si no se pone vivo) pierda confianza y power. Eso pasó

Cuando la aguja rebasó la medianoche Chuy y yo ya nos caíamos del sueño. Mi compañero asiático a huevos porque se levanta temprano a bretear y yo porque me había quedado escribiendo hasta la madrugada. Sin embargo, no jalamos hasta escuchar a Hot Sugar Mama. Primero lo hicimos por respeto. HSM son puro carisma y se ganan el corazón de la mara. Y segundo y más malévolamente por morbo. Quería escucharlos sin el ingrediente que los acompañó hasta hace poco.

Los mamas saben de qué pata cojean y para ello se prepararon llevando a un compa de Filoxera si no estoy mal. Sonaron rico pero a huevos, diferente. Jalamos antes de que llegaran a la mitad de su presentación pero por lo que pude apreciar el público siguió igual aunque se arrejuntaron un cachorro más porque el frío pega duro a esa hora en zona 16.

Hot Sugar Mama. Fotografía de Fernando Chuy

 

 

 

 

Autor: Barrancopolis

Medio digital de arte, cultura y entretenimiento.

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