Atrás Hay Relámpagos, una película potencialmente joven

En Atrás Hay Relámpagos, el director Julio Hernández Cordón nos muestra cómo un grupo de jóvenes costarricenses viven una vida admirable. Admirable en el sentido de entender que muchas personas jóvenes de Latinoamérica quisieran tener una vida como la de las protagonistas, sin preocupaciones mayores, siempre experimentando las posibilidades de la volición interna de cada cual.

Los retos en los que se ven envueltos los personajes son particularmente interesantes. Pero en sí, lo que se puede ver de la película es el valor que tiene el ser joven en Costa Rica. Una de las escenas más representativas se lleva a cabo con el grupo de amigos que pasean en la noche encima de sus bicicletas, alumbrando sus caminos con unas luces que llevan puestas encima, como indicando que la luz de sus días deviene de ellos, siendo ellos los que dirigen el camino al que van, sin importar la hora o el clima. Es una película potencialmente joven, glorificadora de la juventud.

Es fácil entender por qué no nos importa algo, pero no es fácil entender por qué debería ser digno de respeto.

Una banda sonora muy precisa hace que en las escenas, el reflejo de este grupo de amigos sea casi equivalente al de un sueño, y este ocurre mientras andan en sus bicicletas. Obviamente, pasear en la noche es una actividad que a cualquier persona le gusta, y de algún modo ese tipo de experiencias solo pueden ser realizadas si hay otras individualidades conscientes de la virtud comunitaria de los otros a quienes han encontrado. Es pues esa escena una de las más remarcables de la película, recomendada especialmente para los nuevos habitantes de cada centro de encuentro social donde se descubre y se destruyen los mismos límites de la consciencia.

Las actrices costarricenses Adriana Álvarez y Natalia Arias protagonizan “Atrás Hay Relámpagos”, la película más recidente de Julio Hernández Cordón.

Al ver Te Prometo Anarquía, Julio Hernández desarrolla una historia en la que los personajes terminan en situaciones sofocantes, atrapándose en los resultados de su valentía y originalidad para subsistir. En Atrás Hay Relámpagos la formula se invierte, pues en la primera parte de la película los personajes ya están prácticamente asfixiados, resaltando la realidad que inevitablemente puede suceder, que está tan a la esquina de la casa de cualquier persona. Es la realidad pues el material a explotar en la primera parte del filme, para que el mismo espectador pueda presenciar cómo esta se vuelve un elemento del que no se puede predecir nada. El asfixio se manifiesta para poner a la atención como objeto de secuestro por el guion y la gran actuación de los personajes. El planteamiento que se hace de si ese tipo de realidad fuese dada, en un jardín lleno de carros es algo que merece especial observación. El brote del miedo repentino, las discusiones acaloradas, las decisiones que no son analizadas, el drama tan latente, la realidad hiperdimensionada. El desarrollo de las consecuencias es tratado con regularidad, es entonces cuando la película toma otro cauce.

El ser joven es la cúspide de la vida humana y mejor si es en las calles de San José, encima de una BMX, con amigos que son talentosos y despreocupados. Así como la misma realidad está tan cerca, así puede alejarse de repente, para estar suspendidos como grupo en un expectante paseo nocturno. Los romances asibles y a la mano, el pasar una noche tan cerca de la naturaleza y su clima. Por supuesto, no puede dejarse a un lado la diferenciación de las personalidades de cada uno, las catástrofes que viven entre ellos y la actitud que cada cual toma con respecto a cierta situación. Es fácil entender por qué no nos importa algo, pero no es fácil entender por qué debería ser digno de respeto.

Con esta película Hernández se sitúa como uno de los representantes actuales del cine, no solo guatemalteco sino centroamericano. El hacer películas en distintos países con actores locales es un trabajo que recalca la dedicación a este arte, y esto sin duda cultivará nuevas propuestas que necesariamente deberán ser observadas en sus próximas muestras fílmicas.

Autor: Raúl Junay

(Guatemala, 1984) Antropólogo, lector de cualquier variedad de libros, cinéfilo y viajero.

Comparte esto en

Danos tu comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *