¡Ay María qué puntería!

Fotografía de Lozano

Los chapines tenemos memoria cuando nos conviene. Parece que cuando nos sentimos aludidos en nuestro racismo preferimos buscar mil y una excusas para evadir nuestra responsabilidad y como decimos comúnmente “mejor nos hacemos los locos”.

La invasión y evangelización española obligaron (a muerte) a los nativos a que cambiasen sus nombres (que eran en sus idiomas) por nombres en castellano y relacionados con personajes bíblicos. Así es como los nombres María y José se vuelven “populares” y desde entonces miles de mujeres nativas terminaron llamándose María.

Por el racismo, a nadie le ha interesado cómo se llama cada mujer indígena y llamar a todas María por lo “común” que se volvió este nombre entre los pueblos se convirtió en una costumbre racista.

¿¡Hay María!? Gritaban en las puertas de nuestras casas en lugar de tocar la puerta.

Como “india María” nombraron a un personaje creado en México donde son más que evidentes los estereotipos racistas contenidos en las actitudes del personaje que se volvió famoso en México, Guatemala y otros países.

Por esto, es claro, que el problema no es el nombre María, sino tu racismo que despersonaliza a las mujeres mayas y que ha encontrado en el término “María” una forma más para descargar ese racismo.

Y mientas más pobres somos las mujeres indígenas más crudo y hostil es el racismo que recibimos. ¿Y si no soy universitaria sino trabajadora de casa particular entonces sí me pueden discriminar?

El racismo ha hecho que las mujeres mayas no tengan oportunidades y las destina a la servidumbre. Es por ello que miles de mujeres mayas hasta hoy se dedican a trabajar en casas y no tienen oportunidad a dedicarse a otra cosa. Esto es un efecto del racismo. Se invisibiliza y se desvaloriza un trabajo tan duro como el que se hace en casa y que se ha asignado a las mujeres.

Mi abuela materna sostuvo su hogar trabajando por años en casas de ladinos y gracias a su trabajo y a su esfuerzo mi madre ya no tuvo como única “opción” el trabajo en casa particular y por ende mi futuro fue distinto. Pero esto no pasa en todos los casos, miles de mujeres trabajan duro y no por ello sus descendientes tienen “mejores” futuros, porque el racismo es estructural o sea que la riqueza de algunos y sus privilegios son en base a la pobreza de muchos, que es justificada porque son indios y por ende, por ello son pobres.

Es difícil asumirnos como racistas y discriminadores. Pero es necesario porque con el racismo perdemos todos, sí ustedes también, quienes ejercen el racismo pierden, porque el racismo les atrofia muchas capacidades, entre ellas la de conocer la historia y dejar a un lado su ignorancia.

Autor: Sandra Xinico Batz

Sandra Xinico Batz (1986, Patzún, Chimaltenango) Antropóloga maya K’aqchikel, engasada con las letras, empecinada por la historia y obstinada en que se escuche nuestra voz, la voz de los pueblos.

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