“Baby boomers”, una generación perdida en Guatemala

Sexta avenida, centro histórico

La Six Avenue a finales del siglo XX. Fotografía de Lino Navas

Recuerdo cuando allá por 1994 íbamos los viernes con mi hermano mayor y otros amigos a un sitio que se llamaba El Concierto de los 60.  Se suponía que en el lugar se escuchaba música de la década de 1960 pues era la moda retro, la de los mayores de cincuenta años, los baby boomers.  Era un chupadero en el edificio El Centro, que hoy en día es un restaurante de almuerzos ejecutivos.  Todo empezaba alrededor de las siete de la noche y terminaba antes de la medianoche. Al salir, en la zona 1 había muy poca gente, es más, dejábamos el carro en la calle pues no había necesidad de usar parqueo.

Un detalle curioso es que este lugar, a pesar de llamarse y evocar la década de 1960 y la música de México y España, aquellas canciones de Enrique Guzmán, Pili y Mili y esa moda sosa y trivial (predecesora de los grupos pop mexicanos); en realidad era un espacio para el rock de grupos en inglés de finales de los sesenta como los Beatles, Black Sabbath, los Rolling Stones, Santana, de los setentas como Led Zeppelin, Eagles y hasta de los ochenta como Iron Maiden, algunas en español románticas del rock argentino o español más nuevo. Los que asiduamente asistíamos, estábamos en un rango de edad de entre los 17 y 30 años.  Se suponía que era para gente mucho mayor, pero al final íbamos nosotros.

Sexta Avenida, centro histórico

La Six Avenue, finales del siglo XX. Fotografía de Lalo Landa

Una noche llegamos en manada

En el grupo iban hasta unos niños que estaban aprendiendo a tocar batería en una iglesia, iba mi hermano manejando el picop, acompañado de sus amigos y algunos amigos míos, éramos más de una docena de personas. Llegamos a unir varias mesas, pedimos picheles de cerveza y para los patojos también (igual yo ya tenía 18 años).  Nos poníamos bien atentos desde que empezaban a afinar los instrumentos, tocaban algunas canciones de rock en español (de Laureano Brizuela, aquella de “Sueños compartidos” …ahí empezaban a llorar los bolos), después ya se ponía mejor en la segunda tanda, empezaba el rock en inglés. Recuerdo que de comer solo nos llevaban unas tostadas de salsa con cada pichel, así que había que comer despacito.

Desde la primera vez que llegamos pedimos Moby Dick de Led Zeppelin, pero nunca la tocaban. Insistíamos, cuando era hora de pedir, todos gritábamos que queríamos esa canción.  Ya teníamos casi un año de ir cada quince días y no había forma de que sonara.  Finalmente, esa noche, con la manada en pleno, allá por las 23:30 horas, cuando ya iban a apagar las bocinas, el guitarrista dijo: ¡Va! Para que dejen de estar chingando, ¡Vamos a tocar esa su mierda…!

Una escena para nunca olvidar

Hubo gritos de júbilo, un par de bolos que ya se habían dormido abrieron los ojos, hasta un señor que barría el corredor del edificio entró a gritar… y empiezan con la rola, bien asentadita, no se confundían, el del bajo le agarró la onda al guitarrista, el de la batería ya estaba algo a verga pero tocaba bien, y de ahí el gran final, el baterista tiró las baquetas al público y cabal, los patojos de la iglesia las agarraron. Una escena para nunca olvidar. Fuimos con mi hermano a repartir a todos a sus casas, íbamos felices porque habían tocado Moby Dick.

Semanas después cerraron el lugar, una noche llegamos y ya no había nada, quedamos pendientes. Tuvimos la noticia de que un par de años después había re abierto, pero ya no en la zona 1 sino en la zona 4, pero allá se suponía que iba a ser para gente más encumbrada, hasta había meseros, pista de baile, siempre con la idea de los sesenta, emulando la película Grease (aquella de John Travolta y Olivia Newton) sin embargo, a pesar de la inversión, la gente no llegó, el público al que iba dirigido no existía en Guatemala y con todo y todo, quebró.

Pero…

¿Por qué la idea de la música y la moda de los sesenta no pegaban en Guatemala?

Si en todas partes del mundo era moda. La generación que nació en los años cuarenta y cincuenta, la de los baby boomers era la que manejaba el poder en ese momento. Pero aquí parecía que no.

Las razones son varias, y es obvio que el contexto guatemalteco de aquellos tiempos era el de la convalecencia después de lo que había pasado en los últimos 30 años:  La guerra había dejado hondas heridas.  El miedo, la desconfianza, una generación de universitarios aniquilada o en el exilio.

Ríos Montt, Kiss.

Fotografía de Jean-Marie Simon. Intervención cortesía de A. Ramírez

La presencia y radicalización de los cultos religiosos castrantes, que impedían ver en un bar-cantina un espacio de sana diversión. Los escasos recursos para salir a divertirse en uno de estos lugares, pues era muy difícil salir en bus, y más si uno se picaba y ya eran las 11:30 de la noche, caminar a la 18 calle era complicado y peligroso. Y por último, el rock contenía un grado de rebeldía y contestación que los regímenes de aquella época no toleraban, en cambio la salsa, el merengue, la cumbia y sus derivados contemporáneos nunca atentaron en contra el orden establecido.

De esto me queda bastante claro que uno de los efectos nefastos de la guerra fue el de quedarnos sin referentes históricos de una generación completa.  Este vacío obviamente se refleja en el escaso desarrollo cultural de las últimas generaciones y además, en la pobreza espiritual y el conservadurismo apolillado que hasta los más jóvenes abanderan en Guatemala.  Movernos de aquí para otro lado va a estar difícil pero no imposible, a menos eso sí, que por alguna razón nos aniquilen a todos los de la generación “X”. Para mientras podemos decir que en Guatemala a los baby boomers NO los dejaron existir; quizá si hubieran existido, bailado, cantado y nos hubieran enseñado, las cosas estarían mucho mejor.

ORPA, conflicto armado

Fotografía de Jean-Marie Simon

 

Autor: Pablo Rangel

(Ciudad de Guatemala, 1975). Su infancia y adolescencia fueron cercanas al gnosticismo, esoterismo y magia. Desde 1997 se formó en las Ciencias Sociales en la USAC, Noruega y FLACSO. Se dedica a la docencia y escribe desde análisis políticos hasta pequeñas historias de terror y medicina natural.

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