BDM la democracia de las gorras planas

Vengo bajando raudo de la capital altense. Acabo de instaurar un nuevo récord personal para recorrer los más de 200 kilómetros que separan el centro del liberalismo radical aniquilado y la capital del cachurequismo victorioso, en algo así como tres horas y segundos. A pesar de mis acrobacias vertiginosas sobre el asfalto, no desentono con mi dual habilidad de llegar temprano o tarde a las citas; en mi vida no hay puntos medios.

Atrás quedaron las callejuelas bañadas en luna plateada, y muy atrás quedaron las poblaciones perdidas entre la bruma, como dice aquella canción: Uno vuelve siempre a los viejos sitios donde amó la vida/ Y entonces comprende como están de ausentes las cosas queridas. La vida y la pasión por vivirla me mantienen en este agudo retorno. Regreso de Xela, una vuelta de calles, pasajes, bares y sábanas en el suelo que me embullen en otro giro de tuerca devolviéndome al templo, que en el eje central de la capitanía general –quizá el primer  círculo de seguridad de la nación centroamericana despedazada– los peludos erigieron para sí, el Rock’ol Vuh.

Esta vez no he vuelto para escuchar las notas disuasorias de las cuerdas de la mano de las y los peludos. Me he encomendado a otra tarea nueva para mí, ir a una batalla de versos y rimas de todos contra todos. Me acompaña Frankie, un compañero de estudios y de lucha que no ha podido borrar su cara de excitación desde que nos encontramos en la Roosevelt, a la altura del Tikal Futura.

Al llegar al lugar prometido, el paisaje está lleno de tenis deportivos, gorras planas, pantalones flojos, chavas con sus skates y Frankie sigue sin disimular  lo más mínimo su cara de éxtasis al pedirme que le tome una foto junto al poeta callejero TV, que me saluda y dice a la asamblea de amigos y prosistas callejeros: “Barrancópolis, este man es el encargado de dejarnos bien o hacernos mierda”. No puede faltar el civismo cachureco, que a bordo de los carros de lujo –muchos con placas oficiales– se erizan y disminuyen la velocidad ante lo que para ellos puede parecer la asamblea general de alguna pandilla. La verdad es que el hip hop es una cultura que trata de florecer en medio de la violencia estructural a la que se ha sometido a los pueblos –Honduras, El Salvador y Guatemala– donde la revolución social fue aplastada o disuadida, con brutos acuerdos de paz y decretos mojigatos que no acabaron con el desarraigo impuesto a las grandes mayorías, desplazadas de la historia oficial. De ahí que esta juventud heredera de la derrota de los barbudos –foquistas–  y demás rosados demócratas, tome otra forma de resistencia: acribillarse con versos y no con balas por ejemplo.

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Fotografía de Gerardo Bonifacio

La gran final nacional y el último filtro 

La Batalla de Maestros (BDM a partir de ahora) reúne a una macoya de poetas que personifican la calle y sus vicisitudes cotidianas. Ya hay en el paredón de fusilamiento de los beats varios finalistas que vienen de medirse en filtros anteriores, entre ellos: Zhekry, Elirick, Kiño, Anseh, Draco, Guetto, Mxrea y Jeferzound, así como los que saldrán del último filtro para tantear bombas rítmicas, entre los que están: ADR, MC García, Gasper, G True, Ilfauno, Drees, Blackie, B Fresh, Beka, Real Káiser y MC Nagüi. Todos en una batalla digna de este templo vuelto hoy coliseo.

Nos desplegamos a la elección del representante guatemalteco de la BDM que irá a tirar barrio contra los freetylers del triángulo norte. Trato de revertir mi cara virginal con el propósito de aparentar profesionalismo y contrastar la risita de asombro que Frankie muestra a la plebe enardecida. El maestro de ceremonias es el chero MOnty Fyah que junto al compa de la puerta —quien nos dejó entrar de grolis al presentar nuestras credenciales— forman el crew Rompiendo El Silencio.  Después DJ Flako me confiaría que son en parte los culpables de la selección del representante de Guatemala que participará en la contienda de noviembre contra el mejor de El Salvador y Honduras para irse a Chile al BDM GOLD que es la competencia a nivel latinoamericano de freestyle, o sea rimas con reglas muy precisas de métrica, tiempo y tema.

Todo retumba en la casa. Se dejó venir la mara gruesa, la masa subalterna del crisol étnico que ha encontrado en el hip hop (HH a partir de aquí) su propia barricada de resistencia. Si existe una ciencia para reventar al enemigo sin violencia y solo con palabras, el HH la está puliendo y volviendo una herramienta de combate en esta batalla cultural. El templo de los peludos se volvió un gueto desbordado de métricas y tiempos que chocan en la cara del contrincante, los brazos se alzan y las palmas hacen la señal del flow que ya no cabe en este pequeño tugurio vuelto solo por hoy un reducto de la cultura callejera.

En el interludio entre una batalla y otra hay una dosis de beatbox patrocinada por Under Cleam, y me provoca pensar en voz alta: “Si todo ese sonido lo hace solo con la boca, las chavas quedarían extasiadas con sus habilidades lingüísticas”, Frankie ríe y la chica de al lado nos mira y ríe como simpatizando con mi tesis.

La cultura del rap y el HH trafica sirios, birras y cajas de vinagre a los interiores cavernarios de este templo, que hoy fue ocupado por la democracia de los gorras planas, reunidos en pleno para escoger a su maestro del estilo libre. El silencio espectral entre la actuación del hardcore rap de los Aliotos Lokos es roturado por el grito de MOnty Fyah: “¿quién quiere ver sangre”, esperando que el público replique con el aire caliente que deja la poesía bien ejecutada y que emana de las cavidades pulmonares.

Las capas medias urbanas y suburbanas, después de las movilizaciones manifiestas en la reacción democrática burguesa del 2015, no han detenido su paso irreverente hacia la marginalidad y esto ha engrosado las filas del ejército rapero.

 

“Poner en alto a Guatemala, que loquera”

TV del crew Poesía Callejera y juez de la BDM Guatemala 2016.

 

En las calles hay otra batalla, Kontra, Zaki Zombie y DJ Fla-K.O. son los encargados de hacer la talacha de la gorra plana, en la que se juntan casi 20 varas y el sirio que yo dispongo a quienes acuden a la convocatoria de esta asamblea. Hay dos ganadores, el que vitorea el público adentro del coliseo y el que repica en las calles verso a verso. Con una pequeña bocina y con el beatbox, los que han ido saliendo del combate oficial se integran a ese círculo que el flow erige como un testamento político de esta masacre entre versistas.

Fui a una verdadera guerra, todavía creo que Frankie no se recupera de este suceso. El combate cultural que Machado y Miguel Hernández soñaron es una realidad en esta batalla desde una finca tropical periférica a la que algunos osan llamar país. Todo esto nos llevó al combate final en donde Zhekry Y Mxrea se reventaron hasta los prejuicios de clase, religión y personalidades. Al finalizar fue Mxrea el más aclamado por esta democracia que se forja en cada línea, en cada sirio que cae muerto al suelo. Como dijera el emcí MOnty Fyah: “El hip hop les va devolver todo lo que ustedes le den al hip hop”.

Después del desalojo de todos del local underground que fue cruzado por la urbanidad total, la asamblea siguió en la calle donde cada uno de los contendientes tuvo la oportunidad de una revancha. La democracia es imperfecta por nuestra misma naturaleza humana, y eso fue demostrado cuando Mxrea atravesaba la calle y casi lo atropella un bólido gubernamental. “Cuídenme cerotes, soy su representante y casi me matan”, replicó Mxrea a la masa. Todos volvieron hacia él, rieron y dieron de nuevo el  paso al estilo libre, como si nada.

 

Autor: Joseph Herrera

Joseph Manuel Herrera (Ciudad de Guatemala, 1993-...): El inútil de su familia, mal logrado intento de historiador más no de maestro y rojo Centroamericano interesado en que todo arda.

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