Bogotá: ciudad de azúcar y plástico

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Zopilote, buitre, aura…. Símbolo internacional del reciclaje desde épocas difíciles de recordar. Foto: Elí Orozco.

Rodando por las calles de Bogotá se encuentra un envase plástico que en algún momento contuvo una “bebida refrescante sabor a lima limón”. Antes de parar en la calle, el polímero verde, en forma de botella, tuvo origen dentro de la ciudad e hizo parte de una cadena capitalista de producción, distribución y consumo. Luego de cumplir su función como contenedor, sin valor de uso o de cambio, la botella pasó a las aceras en forma de basura. Pero la historia no comienza ni termina aquí… Como desecho su valor será recreado en el paisaje del barrio Alaska, un lugar donde conviven las basuras con montañas arenosas, plantas, aguas y personas en medio de las relaciones de poder que históricamente han cualificado los modelos de las ciudades latinoamericanas.

Desde su producción en las fábricas de Fontibón, el objetivo del envase fue el de contener más de un litro de agua con conservantes, azúcares, cafeína y sodio que posteriormente serían consumidos en la ciudad. Quienes trabajan en la planta como quienes distribuyen y consumen el producto terminado certifican que el envase esté limpio y la etiqueta sea idéntica a la que estandariza la marca globalmente.

Niña ejerciendo el necesario derecho al reciclaje de polímeros.

“De las calles al arte”. Foto: S. Paipilla

 

Después de ser adquirido por un precio justo, el envase plástico no importa; las personas solo compran su contenido. Mientras la botella se convierte en un desecho, cuya función ignoran gran parte de los consumidores capitalinos, una bebida “refrescante” entra a sus cuerpos para proporcionar el doble de azúcares que dice la etiqueta y la efímera sensación de juventud que publicita la compañía a nivel global. Finalmente empieza el libre albedrío del envase, pasando de contenedor de bebidas a basura ordinaria en las calles de Bogotá.
Pateado, asoleado y mojado, el envase ya no encuentra uso alguno, perdió su prestigio para convertirse en vestimenta de antiecológicas esquinas de concreto. Como basura a poca gente le interesa, sus meses dentro del mercado terminaron en incontables años de muerte lenta junto a postes, arroyos, montañas y pastizales dentro del ecosistema de la capital colombiana.
Aunque cientos de estas botellas recorren todos los días las calles de la ciudad, este envase color verde limón es recolectado por las manos de Isneda, una habitante y recicladora del barrio Alaska, quien acopia el material en su casa para luego venderlo en uno de los centros de reciclado de su localidad, Usme. El barrio y la casa de Isneda se encuentran en la cima de la cuchilla del Gavilán, una montaña de la cordillera de Los Andes que ha construido la ciudad desde sus márgenes. Al lado del parque Entre Nubes, las ladrilleras Helios, Alemana y Prisma, y cerca al botadero de basuras “Doña Juana” de Bogotá, la botella se ve rodeada por las piedras y la arena que por medio siglo han construido los muros de la capital colombiana, y por un cúmulo de basura formado por treinta años de consumo imparable de la urbe.
En Alaska, las huellas sobre el envase recuerdan su paso como contenedor y desecho, mientras que su ubicación le imprime un nuevo fin, construir el paisaje del barrio en las manos de decenas de personas, quienes han manipulado la basura como un material que circula por una ciudad que ignora su desaparición.
Como plástico puede transformarse en hilo para volver a ser nuevamente envase, o puede dividirse y conservar su forma para servir de embudo y jarrón, o rellenarse y convertirse en un ladrillo especial, incorporándose a la revolucionaria arquitectura que caracteriza al paisaje de la localidad. Junto a llantas de colores, la botella se sentirá acogida por un modelo de ciudad dividido entre el sur de las basuras y sus diseños reutilizables y un norte de infraestructuras modernistas.

Los monopolios transnacionales de producción de mercancías son ecocidas por naturaleza, pero al final de la cadena de consumiciones nadie sabe para quién trabaja…

Autor: Stephany Paipilla Fernandez

Stephany Paipilla Fernández (Bogotá, 1992-…): Antropóloga y chef colombiana interesada en la autonomía de las comunidades campesinas. Ha trabajado con comunidades urbanas y rurales por la defensa del territorio, la soberanía alimentaria y la construcción de economías no monetarizadas.

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