Bohemian Rhapsody, una película para disfrutar, sin buscarle tres pies al gato

Bohemian Rhapsody, la película biográfica del cantante británico Freddie Mercury y el grupo de rock Queen se estrenó recientemente en salas de cine.

Al final se disipan las dudas y, como se temía, sobre el hombro de la producción estuvieron las siempre vigilantes miradas de Roger Taylor y Brian May, velando para que la flama de Queen permanezca encendida o, al menos, como ellos quieren que sea recordada la banda (haciéndose de la vista gorda de algunos detalles importantes), sacando siempre a relucir el lado más luminoso y políticamente correcto de las situaciones y dejando las cuestiones más polémicas un tanto veladas o bastante diluidas.

Aunque la cinta cumple de forma sobresaliente la mayoría de aspectos técnicos y artísticos, dista mucho de ser una obra maestra del cine, más bien parece una propuesta que quiere llegar a la mayor cantidad de gente posible sin tomar muchos riesgos, (y ha funcionado la estrategia, en su primera semana de exhibición se calcula que ha recaudado más de 141 millones de dólares en taquilla).  Si bien hubiera sido chocante que se abordara como una película “escandalosa” para venderla de esta forma, se fueron mucho al otro lado, dejando un filme complaciente, que apela a la emotividad.

Gwilym Lee como Brian May, Rami Malek como Freddie Mercury y Ben Hardy como Roger Taylor en una de las escenas de “Bohemian Rhapsody”.

Algunas impresiciones deliberadas

En la película se permitieron algunas imprecisiones deliberadas para contar la historia, las cuales en mayor o menor grado afectan la verosimilitud del filme, que va entre el documento y la ficción, esto dependerá como lo tome el espectador; por ejemplo, en la cinta se ve a Freddie Mercury presentándose como un perfecto desconocido ante la banda justo cuando su cantante acaba de dejarles, en realidad era amigo de los demás integrantes de la agrupación desde su etapa anterior como Smile, iniciando con el antiguo vocalista y bajista Tim Staffell, quien era su compañero de estudios en el Ealing Art College, quien al unirse a Humpy Bong en 1970 deja el camino libre para la entrada de Mercury y posteriormente de John Deacon. Incluso, según se documenta, Mercury y Roger Taylor vendían ropa de segunda mano en un puesto del Kensington Market de Londres.

También se usa, como una posible excusa para no presentarse en el concierto Live Aid, que la banda había estado separada por el primer trabajo solista de Freddie Mercury (“Mr. Bad Guy”, 1985), cuando realmente Queen se encontraba finalizando la gira de presentación del disco “The Works”, que inició en el Forest National de Bruselas, Bélgica, el 24 de agosto de 1984 y concluyó el 15 de mayo de 1985, en el Castle Hall de Osaka, Japón, tan sólo un par de meses antes del concierto benéfico Live Aid, que se llevó a cabo el 13 de julio de 1985. Otro hecho forzado para fines dramáticos fue la notificación del padecimiento de Mercury, justo antes de ese mismo concierto, cuando el diagnóstico no llegó sino hasta 1987.

Las dilaciones no siempre son causadas por el esmero

No se entienda mal, la película es buena, se disfruta mucho si uno se diluye en la butaca y se deja llevar, tal vez el problema es la gran expectativa que se ha ido generando desde hace aproximadamente 10 años, cuando se echó a andar la idea, complicándose más la cosa por ser una película sobre Queen, una de las vacas sagradas del rock, y se hace difícil quedar bien con lo que cada uno de sus fanáticos esperaría ver. Hay que comprender que las dilaciones no siempre son causadas por el esmero, (que lo diga Axl Rose con el eternamente esperado Chinesse Democracy, que terminó siendo un fiasco).  Muchas veces las tardanzas son causadas por complicaciones e inconvenientes, como en este caso, por ejemplo, el cambio de la dirección de Bryan Singer a Dexter Fletcher en la recta final del rodaje, o del actor del personaje central de Sacha Baron Cohen, con quien se había trabajado inicialmente durante tres años, por Rami Malek, que al final sería una decisión realmente atinada.

El actor de origen egipcio Rami Malek interpreta a Freddie Mercury en “Bohemian Rhapsody”.

Lo mejor de la cinta 

La parte visual es preciosa, también la ambientación y el vestuario cuidados al mínimo detalle, trabajando de la mano con el archivista de Queen, Greg Brooks, para dar la mayor fidelidad posible y, por supuesto, la labor de Rami Malek, quien, sin tener mucho parecido con Freddie Mercury, se mete tanto en la piel del mítico frontman tanzano que (a pesar de la prótesis dental) termina convenciéndonos con cada uno de sus gestos, sobre todo en el escenario. El actor de origen egipcio incluso recibió entrenamiento vocal, aunque las regrabaciones necesarias de las partes de Mercury se hicieron con el imitador canadiense Marc Martel.

La selección del resto del reparto también es sobresaliente, iniciando con los músicos; Gwilym Lee (Bryan May), Joseph Mazzello, (John Deacon) y Ben Hardy, (Roger Taylor), quienes se ven calcados a los originales, aunque en esta historia únicamente sirven para aderezar y no se profundiza demasiado en sus personajes.  Un rol más relevante es el de Mary Austin, eterno amor espiritual de Mercury, interpretado de manera más que solvente por Lucy Boynton, mientras hay otras actuaciones que quedan únicamente en lo anecdótico como ver a un irreconocible Mike Myers en el papel de Ray Foster, ejecutivo de la discográfica EMI.

Mención especial a la parte final de la cinta, donde se reproduce casi íntegro el set de Queen en el concierto Live Aid, (en una edición especial de la película se presentará en su totalidad) para darle un colofón épico, la postal para la posteridad de una banda triunfante sobre el Wembley Stadium, en su máximo esplendor, más allá de los últimos años de un Mercury menguante y los experimentos más o menos afortunados de Queen (ya sin Deacon) con Paul Rodgers y más recientemente con Adam Lambert…

Autor: Alejandro Ramírez

Alejandro Ramírez (Guatemala, 1977) Melómano, aficionado a los trazos, las imágenes, las letras y la palabra. Eventual juntaletras, photoshopero, conductor radial, entre otras cuestiones igualmente inútiles.

Comparte esto en

Danos tu comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *