Chicago, verdades a medias mentiras totales

Fotografía de Rosauro Carmín

Hace casi ya 100 años desde que esta obra homónima publicada en 1924 por la periodista Maurine Dallas Watkins, pusiera a temblar el orden moral de una ciudad. Brillante por su libertinaje ante la corrupción y su desinhibido cinismo ante la justicia en una sociedad donde ser un criminal era paralelo a ser una estrella.

Si les suena familiar los invito a leer esta nota, pero antes hagamos un resumen histórico del musical Chicago.

John Kander, Fred Ebb y Bob Fosse, magnates del talento de Broadway en los años sesenta lograron hacer esta adaptación y cuando la pusieron en escena, logró ser el musical con más presentaciones ininterrumpidas en Broadway.

Una de mis más admiradas cantantes es Ute Lemper, a quién tuve la oportunidad de conocer en persona (y si no me creen tengo pruebas). Ella fue un modelo de persecución escénica y vocal en los años noventa cuando logró una de las mas apreciadas interpretaciones de Vilma Kelly, uno de los personajes más importantes de este gran musical, junto a Ruthie Henshall. Llevar este temperamento a escena no es un juego, pero aún más complicado es traducir lo desconocido en algo real; Chicago en Guatemala cumple vocalmente, musicalmente, y escénicamente, de esto individualmente quiero hablar.

En escena Lucia Montepeque, Leslie Maldonado y Erick Frías, hacen un trabajo aterrizado, que si es cierto el esfuerzo escénico es extremadamente exigente, sin embargo ofrece esa libertad artística. Aplaudo la entrega que le ponen para regalarle al público de Guatemala en el Teatro Lux gratos momentos. Vocalmente el trabajo fue exigente y majestuoso. Rosse Aguilar (directora vocal) logró poner la coloración exacta a cada personaje y sobre todo la intención que bien va acompañada del talento actoral de cada uno de los personajes. Musicalmente no podría poner un “pero”, la dirección musical de Víctor Arriaza y los músicos que componen la banda (Jacobo Nitsch, Fernando Martín, Esteban Rodas, José Miguel Villagran, y Rosse Aguilar), más el trabajo coral de Isabel Alarcón y Cristina Castillo, fue tan auténtico y lleno de calidad sonora. Individualmente admiro a cada uno de ellos. Escuchar en vivo canciones como All the Jazz,My Own best friend, son para mí particularmente emocionantes.

Construir la crítica es algo primordial para el crecimiento, y no hablo del crecimiento de cada actor, sino de la construcción del poderío teatral que existe en Guatemala. Soy un espectador más que comparte con los lectores los lados paralelos de lo que mis ojos ven y mis oídos escuchan.

El público desea tener en sus ojos y oídos no sólo un musical de Broadway, sino sentir la admiración de cada uno de los guatemaltecos que son capaces de recrear con talento propio este tipo de espectáculos, igual o mejor a lo que lo hacen en el extranjero, sentir el orgullo de creer en su propia gente.

No quiero aguar la fiesta sin antes agradecer como espectador el esfuerzo de las productoras Patricia Rosenberg y Karina Flores por llevar a uno de los teatros más importantes de la ciudad esta producción.

Pero no todo lo que brilla es oro. Qué agradable ver estos espectáculos, pero lo que me apetece es hablar de lo que en un futuro nos debería importar como países. Chicago está lleno de grandes temas, grandes actores han interpretado sus personajes haciéndolos propios en cada una de sus temporadas, pero hay que recordar que esta obra es una crítica al sistema corrupto de los países que disfrazan carencias y las traducen en glamour, esa es la médula de dicha obra. Me encantaría escuchar del público que asistió durante esas 15 funciones, acerca del reflejo social que nos deja este musical, en el momento exacto donde la corrupción y un demagogo con sombrero de bombín se manifiestan en este país al estilo de Chicago, es decir: entre más grande es el atraco más glamuroso el acto. Esta producción nos debería dar ese reflejo. Yo sé que los espectáculos son eso, sólo espectáculos, pero podríamos arrancar del temperamento y los sentimientos de cada escena para redescubrir que la escena social no esta apegada a la consciencia actual.

Quiero ser exacto en mis palabras… “Verdades a medias, mentiras totales”. El espectáculo social político nos mantiene al borde de las discusiones por establecer una racionalidad que proviene de un gran engaño. Chicago es precisamente eso, cada instante esta lleno de trampas, un engaño disfraza a otro y así hasta que el mago se cansa de sacar los ases y el espectáculo cambia de actores.

Desearía que la próxima vez la gente vea cómo a través de esta puesta musical se pueden manifestar sentimientos sociales y haga un pequeño análisis de lo que ocurre en Guatemala. Reitero: agradezco a cada uno de los colaboradores, actores músicos, tramoyeros y la gente de producción por llevar al público esta faena musical muy bien lograda.

Autor: Mario Méndez

Soy diseñador, publicista, músico productor convencido, tallerista. Cada nota es un gesto diferente en el universo, puede crear siempre nuevos universos, incluso la felicidad por momentos. Nacido en la Ciudad de México en julio de 1976. "No hay lugar sino encuentras tu lugar".

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