¿Coger o transgredir?

Este nuevo segmento de Barrancópolis se titula Las bagradas de Estragos o Vamos a ponerle Yorch al baby

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El aquelarre o El gran cabrón (1820 – 1823), de Francisco de Goya. Óleo sobre revestimiento mural trasladado a lienzo, 140,5 x 435,7 cm.

Barrancópolis me pidió que escribiera sobre sexualidad. Me prometí no hablar de posiciones del kamasutra, falsos orgasmos, bares swingers, las orgías de Sade u otros temas que se podrían encontrar en Cultura Colectiva.

Mi primer intento fue la historia de una niña que era violada por su padre, pensé que sería un cuento con una especie de denuncia, donde los pobladores ocultarían la verdad y crearían mitos satánicos sobre lo que realmente pasaba con la pequeña. Así varias veces.

Hasta hace un mes pensaba que mi sexualidad era abierta y libre. Hice una búsqueda en mi cerebro y descubrí que el significado que tenía archivado era bastante limitado. No me faltaron las ganas de ponerme a investigar.

Michael Foucault dice que actualmente es muy fácil mantener el discurso sobre la represión del sexo. Existen factores históricos y políticos  que coinciden con el desarrollo del capitalismo. El sexo está condenado a la inexistencia, a la prohibición, a la represión. Hablar de él es un acto político, de transgresión deliberada, como lo nombra. Pero no es de sexo la columna, es de sexualidad.

¿Qué es la sexualidad? en lo que a mi concierne es imposible definirla en singular. Me atrevo a decir, sin ser especialista, que existen las sexualidades. Diferentes maneras de vivirlas. Los factores biológicos, sociales, culturales, religiosos e incluso políticos se empeñan en imponernos significados. De la misma manera en que se empeñan en nombrarnos hombre o mujer desde el nacimiento. O integrarnos desde chicos a los clubes religiosos.

Creo que es imposible hablar de las sexualidades sin tomar en cuenta que como especie estamos en constante evolución física, psicológica e intelectual. Es irresponsable encasillar las sexualidades únicamente en sus funciones reproductivas. De la misma manera encasillarlas solamente en el placer y el goce.

Existe una autora que se llamaba Beatriz Preciado, ella que ahora es él, y que actualmente se nombra Paul B. Preciado en su libro Testo Yonqui analiza cómo las estructuras de poder determinan con violencia la vivencia de nuestros cuerpos y en consecuencia el papel que desempeñamos.

Varias veces he escuchado decir a los conservadores que nosotras las mujeres tenemos la responsabilidad de preservar la especie. Por lógica también la responsabilidad de controlar su reproducción. De ahí que nosotras seamos las que debemos introducir hormonas en nuestros cuerpos, o cobre en nuestras vaginas. La religión absuelve a los hombres de las responsabilidades reproductivas y los autoriza a decirnos a nosotras cómo vivir nuestros cuerpos, cuándo, cómo y dónde reproducirnos. El sistema de salud nos dice cómo parir, cómo alimentar a nuestra progenie, cuándo meter el bisturí y despojar nuestros órganos reproductivos.

La sociedad de consumo nos impone ser transgresores, coger bajo efecto de drogas, tener treinta o trecientos amantes con tal de que sean desechables, que el amor libre aquí y allá, pero ni siquiera sabemos conjugar el verbo coger. ¿Transgredir?  Transgredir es preguntarle a una enfermera si existe un método anticonceptivo para hombres, ir cada seis meses a hacerse pruebas de VIH, hablar sobre bisexualidad con tus padres, respetar las decisiones del otro y sobre todo saber cuando decir SÍ y cuando decir NO.

Esta columna no pretende imponer ideas. Es un espacio para entablar el diálogo, para difundir las opiniones de quienes la leen. Un espacio de denuncia. Esta columna es mensual y no busca ser solo mía sino de todas y todos. Y por el amor del santo niño de Atocha… ¡usen condón!

Autor: Andrea Estrada

Andrea Estrada (1991-...) Vivo en el sur de la Ciudad de México, muy cerca del Estadio Azteca. El odio a mis vecinos es recíproco. No soy sexóloga, tengo varias carreras universitarias inconclusas. Todo el tiempo tomo fotografías y sufro de estreñimiento.

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