El largo camino para recuperar la AEU apenas empieza

– I PARTE –

Elecciones: otro paso más

Fotografía de Lozano

Diecisiete años de ausencia

Para la Universidad de San Carlos de Guatemala, el movimiento estudiantil es una cuestión de gobernabilidad interna. Este presenta al menos tres formas: la de las asociaciones estudiantiles, la de las representaciones estudiantiles y la de agrupaciones coyunturales/espontáneas que exigen reivindicaciones específicas. La mayor o menor organicidad de estas tres formas es una disputa permanente dentro de cada unidad académica y dentro del conjunto de la Universidad y enfrenta directamente a estudiantes y autoridades, en todos los niveles.

Las asociaciones estudiantiles son la máxima forma de organización del estudiantado porque representan proyectos políticos colectivos más o menos permanentes, que a través de acciones de hecho y de derecho se plantean la defensa general de los intereses de sus asociados. Las representaciones estudiantiles, en cambio, pueden proceder de liderazgos individuales que emergen periódicamente y que obligatoriamente tienen que asumir puestos universitarios adscritos a la lógica burocrática de la USAC, por lo que única y exclusivamente pueden hacer lo que la ley les manda.

Por lo anterior, y porque constitucional y legalmente es imposible prescindir de representantes estudiantiles individuales (una Facultad no puede quedarse mucho tiempo sin los dos vocales estudiantes, por ejemplo, aunque estén de adorno), la cooptación de asociaciones estudiantiles débiles y mediocres y la neutralización/desmembramiento de las organizaciones fuertes, independientes y combativas, es prioridad de subsistencia para decanos y rectores. “Mejor si no existen, pero sí existen, que sean funcionales al señor decano o su pretendiente sucesor”, es la consigna.

Así se explica, pues, porque los rectores Efraín Medina, Estuardo Gálvez y Carlos Alvarado Cerezo han logrado convivir en perfecta armonía con Jorge Mario García (Guiligan) y su aparato criminal, el cual se conforma durante la década de los 90 del siglo pasado y perdura hasta la fecha, con los actuales Comisión Transitoria y Comité de Huelga de Dolores. Dicho concubinato bien puede llamarse “pacto de gobernabilidad”.

Dicha sinfonía orquestada entre la agonizante, pero no muerta, estructura delincuencial que tiene secuestrada la AEU y la no menos mezquina que gobierna la Universidad desde el edificio de Rectoría, conlleva obligaciones recíprocas entre ambos bandos:

  • Por un lado, Rectoría los reconoce legalmente para que puedan tomar posesión de los espacios físicos de AEU y de espacios formales en donde esta tiene asiento (como la comisión responsable de regular el costo del transporte público en la Ciudad de Guatemala), les da recursos económicos (más de medio millón de quetzales durante los últimos cinco años), les permite extorsionar a vendedores y estudiantes a través de la Huelga de Dolores y del cobro de parqueos, omite denunciar penalmente todos los delitos que cometen dentro del Campus Universitario y hasta los protege, etc.
  • Por otro lado, la AEU boicotea reivindicaciones estudiantiles, no fiscaliza los robos de la administración, intimida a decanos y estudiantes no alineados, no cuestiona las decisiones políticas del Consejo Superior Universitario alrededor de la política nacional y sobre todo desarticula mediante la violencia a las asociaciones o grupos espontáneos que cuestionan a la autoridad.

Estos 17 años, pues, han sido de ausencia de la AEU en el ámbito del movimiento estudiantil; sin embargo, este ha persistido y ahora busca nuevamente institucionalidad.

El largo camino de la recuperación de la AEU

Contrario a lo que cree el público desprevenido, el proceso de recuperación de la AEU no inició y no es derivado de las movilizaciones ciudadanas de 2015. Viene de antes y de muy distintas vías, por lo que más que un “mágico renacer” es resultado de la lucha histórica de cientos de estudiantes que por casi dos décadas han confrontado a quienes la han corrompido por casi veinte años.

En primer lugar, hay que decir que el “pacto de gobernabilidad”, del que se habló, implicó el enroscamiento de un grupúsculo que ha sido repudiado por la comunidad universitaria. Siempre ha habido fuertes críticos y los roces violentos individuales entre estudiantes y AEU han sido constantes. Prueba de ello es que hace muchos años dejaron de existir representaciones estudiantiles legítimas de la mayoría de asociaciones, alrededor del denominado Consejo Consultivo, y no ha habido siquiera intentos de asambleas generales de asociados. Otra evidencia de este aislamiento es que desde hace más de tres lustros, los cuadros de “Guilligan” empezaron a caminar armados dentro del Campus Universitario, a plena luz del día y bajo la aprobación de la seguridad interna, y a contratar sicarios que operan dentro de las instalaciones y en las periferias, en las ventas de cervezas y licor.

En segundo lugar, porque durante lo que va del siglo XXI, aunque en forma tímida y desarticulada, las funciones que a la AEU le corresponden, han sido asumidas por agrupaciones, asociaciones facultativas o movimientos emergentes (como “Estudiantes Por la Autonomía” –EPA–), todos ellos prescindiendo de la AEU y, antes bien, advirtiéndola como un factor de peligro. Y a pesar de dicho peligro, las acciones, valiente aunque no siempre exitosamente, se han realizado, minándose poco a poco el miedo.

En tercer lugar, porque al desconocimiento de la “Comisión Transitoria” empezó formalmente hace al menos 10 años, con el desconocimiento de hecho del “Honorable Comité de Huelga de Todos los Dolores”, al impedírsele que se entrometiera en asuntos concretos de distintas unidades académicas y que fue adquiriendo mayor alcance con el surgimiento de la “Huelga Alternativa”. Esta última siempre fue pequeña en número de participantes, pero significó un posicionamiento político claro al desconocer a los secuaces de Jorge Mario García. Durante los últimos años, de desconocer al “Honorable”, edificios enteros como Historia/Trabajo Social y Medicina pasaron a expulsarlos, a pesar de que fueron golpeados y que hubo disparos de arma de fuego, con la participación unánime del estudiantado.

Es en este amplio, complejo y difuso marco que el movimiento estudiantil empezó a encontrar un camino, perdiendo el miedo y recuperando la esperanza de retomar la AEU. Las generaciones que en ello participaron fueron múltiples y desde hace dos años tantos esfuerzos cuajaron en el conjunto de jóvenes estudiantes que conforman el Consejo Electoral Estudiantil Universitario (CEEU) e integrantes de tres de los grupos que participaron en las recientes elecciones.

Fotografía de Lozano

 

Autor: Juan Pablo Muñoz Elías

Estudiante. Platicador. Bohemio. Amigo. Humano al fin.

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