Con los cuernos en alto: el rock y el metal en Guatemala Parte V

Del Estado, el rock, el metal y otros demonios

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Anteriormente comenté sobre las famosas “cacerías” entre estudiantes de establecimientos educativos públicos y privados. En esta parte me referiré a algunos de los conciertos con los que me inicié. Mi primer concierto de metal fue cuando el gobierno de Vinicio Cerezo decidió organizar los festivales en la Plaza de la Constitución. Uno de los hijos del presidente era fanático del rock y la entonces primera dama, Raquel Blandón, que había crecido con el gusto por el rock´n´roll, tuvieron la idea de traer bandas foráneas para amenizar dichas actividades.

Eran conciertos gratuitos donde se presentaron desde estrellas del rock pop como Alaska y Dinarama y un poco más duras como La torre de Argentina, hasta bandas de Hard Rock cristiano como White Cross y Xalt, de Estados Unidos y de heavy metal como Luzbel y Argus de México. Por Guatemala aparecía Guerreros del Metal, con su thrash-hard metal y unas letras bastante retadoras para la época, como la canción “El antisocial”, incluida en su primer LP, Guerreros del Metal.

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Fotografía de Jorge E. Rodas

Fue Luzbel, en 1988, si mal no recuerdo, la primera banda de metal internacional que pude apreciar en concierto. Hasta la fecha conservo la grabación del evento que uno de los asistentes, astuto y pensando en un recuerdo para la posteridad, grabó en cassette desde antes que diera inicio el toque. En la grabación, hoy digitalizada, se escucha al presentador oficial, muy al estilo de los locutores que anunciaban los golpes de Estado y con un desconocimiento total de la música rock y metal, puesto que presentaba al grupo como una de los conjuntos musicales de la “nueva ola”, expresión utilizada en décadas anteriores y casi descontinuada en la de 1980.

Después de Luzbel y White Cross, vino la primera banda extranjera con un sonido thrash metal: Vengeance Rising. También cristiana. Se presentó en el Teatro al Aire Libre del Centro Cultural Miguel Ángel Asturias, el 21 de marzo de 1992. El público, la mayoría oscilando entre los quince y los veinte años, y del cual el ochenta por ciento posiblemente no simpatizábamos con las variantes protestantes del cristianismo, asistió a ver a un grupo californiano que era poderoso en su música pero que, cuando el vocalista, Roger Martínez, cada dos canciones se detenía a predicar la palabra de Dios, al principio la multitud aplaudía y gritaba eufórica, luego, después de buen rato de concierto le insultaba verbalmente y con señas, exigiendo que se dedicaran a tocar y a cantar, no a predicar.

Este fue el evento que abrió el camino para que otras bandas foráneas de metal se presentaran en los escasos recintos disponibles para nuestras celebraciones, como sería Cenotaph, de México, en el desaparecido Teatro Olimpia, cerca del mercado La Palmita, en zona 5; C.S.S.O, de Japón, posiblemente en 1996, y D.A.B. de Francia, en 1998, en lo que fue Rock On Café, sobre la 4ta Av., entre 13 y 14 calles de la zona 1.

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Fotografía de Jorge E. Rodas

Y, ¿de dónde venimos y hacia dónde vamos?

Luego de algunos conciertos y acumular información de las bandas, músicos y subgéneros a través de entrevistas, comencé a preguntarme ¿de dónde había surgido todo este movimiento?, ¿por qué nos reuníamos y qué le antecedía?, ¿hubo otras personas como nosotros en el pasado? De ser así, ¿quiénes fueron?, ¿dónde estaban?,  ¿qué relación había entre ellos y nosotros, si es que la había?

En 1993 ingresé a estudiar a la Escuela de Ciencias de la Comunicación de la Universidad de San Carlos de Guatemala. Con un grupo de compañeros de clase, debíamos presentar un informe de investigación de un tema que nos interesara. El docente del curso de Metodología de la Investigación Social I, Guillermo Monroy, vio con buenos ojos nuestra propuesta titulada Problemas socioeconómicos de las bandas de rock pesado de la ciudad capital.

Con muchas ganas y aprendiendo lo básico de las herramientas teóricas y metodológicas de investigación, nos aventuramos a indagar sobre este fenómeno contracultural. Por mi asistencia a los toques me era fácil tener acceso a músicos, radio y eventos, con lo cual nos adentramos a buscar bibliografía, realizar entrevistas e intentar explicar un fenómeno que no había sido abordado desde lo académico.

Era el año de 1994 y contacté a César Borrayo quien, como mencioné líneas atrás, era conocedor de todo este entorno y proveedor de música para Revolución Rock y a varios amigos del “rollo”. En marzo de ese año fui a su casa y fue como entrar a otra dimensión. Su discoteca era la más amplia que había visto en mi vida. Discos de vinilo, cassettes y algunos discos compactos que comenzaban a ser comunes en la salas de los hogares guatemaltecos.

Después de responder a todas mis inquietudes de investigación, la tarde se nos fue conversando sobre bandas, estilos, músicos, influencias y, claro, escuchar música. Fue entonces cuando comenzaron a salir en el diálogo los antecedentes de quienes en Guatemala, habían forjado la senda del rock y quienes habían sentado las bases para lo que sería el metal.

Continuará…

Autor: Mario Castañeda

Mario Castañeda (Guatemala, 1973) Catedrático universitario. Estudió historia, comunicación y literatura. Gusta del cine, libros y música.

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