Con los cuernos en alto: el rock y el metal en Guatemala Parte VI

¿Quiénes forjaron la senda del rock en Guatemala?

 

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Concierto de rock en la Plaza Berlín, década de 1970. Fotografía de Larry de León.

En la última entrega conversamos sobre cómo el gobierno de Vinicio Cerezo promovió, mediante los festivales anuales, la presencia de grupos de rock y metal en Guatemala, tanto nacionales como foráneos. También en cómo llegué a conocer lo que había antes de los grupos con los que inicié mi camino por el metal. En esta parte nos centraremos, brevemente, en ese viaje al pasado, a las raíces del rock y del metal en Guatemala.

Escuchar a César Borrayo hablar sobre Caballo Loco, Apple Pie, Pastel de Fresa, S.O.S, Plástico Pesado, Abraxas y Cuerpo y Alma, entre muchos otros grupos, me aclaraba algunas dudas pero dejaba más interrogantes que no se quedarían entre los signos de interrogación. Me explicaba que los grupos de rock de finales de la década de 1960 y la década de 1970, tuvieron ventajas y desventajas para dejar constancia de su hacer cultural y contracultural. De cómo las disqueras no les permitían grabar canciones propias porque, comercialmente, no era conveniente que en una radio sonara una banda de rock nacional con composiciones originales. Por ello era que, al grabar, hacían versiones de bandas famosas como Cream, The Damnation of Adam Blessing o Grand Funk, entre otras.

Fotografía extraída de la publicación de carácter juvenil Revista La Semana dirigida por Jorge Palmieri.

Fotografía extraída de la publicación de carácter juvenil Revista La Semana dirigida por Jorge Palmieri.

Los conciertos también servían para que la “mara” se reuniera a disfrutar de las versiones en vivo de los grupos más reconocidos como Black Sabbath, entre una infinita lista. Fumar mariguana, tener sexo libre, disfrutar de los postulados hippies de paz y amor bajo efecto de todas las drogas habidas, reapropiarse de la identidad indígena mediante el uso de atuendos originarios, no bañarse seguido, caminar flácido y desafiar la estética del varón de pelo corto con el cabello largo y pantalones acampanados, fueron elementos de ese momento en que la música permitía un respiro a la situación política y social que atravesaba el país, sobre todo durante el gobierno de Carlos Arana Osorio.

Con el tiempo comprendí que el movimiento de esa temporalidad correspondía a la segunda fase en la evolución de los grupos de rock´n´roll y pasaría a llamarse simplemente rock.

Todo comenzó cuando, en el segundo lustro de la década de 1950, las radios juveniles empezaron a dar un giro en su programación musical. El final de la Segunda Guerra Mundial había permitido que en la reconfiguración del orden internacional, Estados Unidos asumiera un rol determinante en el mundo. La polarización con la ex Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS), había distanciado la relación entre pueblos de otras latitudes con la región latinoamericana.

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Nótese al miembro de “la polaca” en medio de la multitud.

Casi todos los elementos culturales que se consumían provenían de Estados Unidos y de México, especialmente el cine y la música. En enero de 1957, en Prensa Libre, se da el anuncio preventivo del cual tenemos registro como el más antiguo en relación a cómo ingresó el rock´n´roll a nuestro país. Correspondía a llamar la atención durante varios días sobre la presentación de la película Al compás del reloj, la cual permitiría a la juventud de aquel entonces, el primer contacto audiovisual con los grupos y las melodías de la nueva música moderna. Si bien las radios ya programaban el novedoso estilo juvenil, el cual había cambiado las relaciones entre familias y el consumo cultural en el norte de América, aquí entraba con ciertas dificultades por el carácter conservador de la sociedad guatemalteca.

Sin embargo, esa primera oleada de cultura juvenil desembocó en que los grupos de rock´n´roll que comenzaban a presentarse en eventos públicos y en las fiestas privadas denominadas “repasos”, fueran menos irreverentes y muy condescendientes con las normas de convivencia social. No había consumo de mariguana ni licor. Por ejemplo, en un festival para conmemorar el primer aniversario de la columna “Puerta abierta para la juventud”, en el diario El Gráfico, en 1965, organizado por el redactor de dicha columna, Mario David García[1], en el cine Tikal, sobre la 6ta. Av., y 14 calle de la zona 1, los grupos musicales que se presentaron iban acompañados de sus padres y madres. Las señoritas, muy bien protegidas por sus hermanos y padres, preservaban las “buenas costumbres” junto a los jóvenes músicos, donde consumían hamburguesas y bebidas gaseosas. Nada más.

 

Esta primera etapa del rock guatemalteco estuvo fuertemente influenciada por la música de The Beatles, Paul Anka y todos aquellos artistas que mostraban una cara amigable y que no eran potenciales rebeldes que buscaran desestabilizar los valores y el sistema. A pesar de ello, los cuatro de Liverpool,  solamente por tener el pelo largo, fueron víctimas de acusaciones severas pero también reconocidos y aceptados por la industria por las ganancias que generaban y el inevitable impacto en la juventud.

En Guatemala, este momento, que va de 1959 cuando surge el primer grupo de rock´n´roll denominado Black Cats, hasta el año de 1965, cuando ya existían grupos como Los Holiday´s, Los Reyes del Ritmo, Los Beatniks, Los Terrícolas, Los Marauders, Los Picapiedras, Los Traviesos, Los Yakis, Los Locos del Ritmo, donde cantó Anabella Portilla, la primera mujer de quien se tiene dato registrado de presencia femenina en grupos de rock´n´roll,  La Unidad 5 y Los Castells, entre otros, fue el rostro amable de este sonido juvenil. Fue el bocado edulcorado que no pensaba en sublevarse y que se veía distante de los alzamientos del 13 de noviembre de 1960 y las jornadas de marzo y abril de 1962, por lo tanto, digerirlo no fue difícil para discjokeys como Charlie de León, Roberto Rodas, Jaime Paniagua, Carlos Gamboa y Otto Fernando Soberanis; o bien, para promotores de festivales y productores en estudios de grabación como Willie Maldonado; programas de radio como los transmitidos en la estación 9.80, y de televisión con el programa “Ritmos de juventud” a cargo de Danilo Sanchinelli por Canal 7, y, claro, para padres y madres de familia.

La segunda etapa del rock guatemalteco, precisamente comienza con la ruptura en el sonido por parte de los grupos. Algunos integrantes empiezan a tocar canciones de bandas más rockeras, se amplía el consumo de drogas y se forja una nueva identidad distanciada de los denominados “fresas” o “cuadrados”, que eran, sobre todo, hombres jóvenes que se distinguían por llevar el cabello corto, vestidos formalmente, buscar un trabajo y escalar hacia una mejor posición social; mientras, los rockeros, los de la “onda”, los “grifos”, los “pesados”, si bien tenían ciertas ocupaciones en un contexto donde las diferenciaciones sociales no estaban tan marcadas, no aspiraban a ser el modelo de joven que la sociedad esperaba.

Tanto bandas como público, reunidos en lugares como Futillos Herrera, El Escorpión y los festivales al estilo hippie de la Plaza Berlín el 1 de noviembre de 1970, y el de la “Lámpara de Acuario”, en mayo de 1974, en una finca ubicada en San Juan Sacatepéquez, no solo eran contrarios a lo establecido en cuanto a la concepción de familia sino transgredían mediante otras sensibilidades el concepto de arte.

 

 

 

[1] Conocido por sus vínculos ideológicos y políticos con la extrema derecha nacional y participante en actos políticos controvertidos, desde cuatro décadas atrás hasta el año 2015 (cuando fue candidato a la presidencia por el Partido Patriota) como el caso Rosenberg.

 

 

Autor: Mario Castañeda

Mario Castañeda (Guatemala, 1973) Catedrático universitario. Estudió historia, comunicación y literatura. Gusta del cine, libros y música.

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