Con los cuernos en alto: el rock y el metal en Guatemala Parte VII y final

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Aparece en tercer lugar de izquierda a derecha, Maco Luna acompañado de la forrmación de Cuerpo y alma en 2015. Fotografía de Gustavo García Solares

En la entrega anterior comentaba sobre cómo descubrí los inicios del rock y los antecedentes del metal en Guatemala. En esta parte final me centraré en compartir lo que estos inicios nos dejaron y lo que, pienso, nos toca de aquí en adelante.

También sobresalieron personajes como Rony de León, vocalista y líder del grupo S.O.S., quien fue asesinado en 1995 en la puerta de su casa. Quedó en la memoria de esa generación su carisma, su calidad como artista y la búsqueda permanente de la paz. De hecho, según versión de su hermano, Larry de León, cuando S.O.S., grabó un 45 rpm, lo hizo con una de las canciones emblemáticas de la época: “Medalla” (Badge) de Cream, banda conformada por Ginger Baker, Eric Clapton y Jack Bruce, y que para esta canción participaron como músicos invitados Felix Pappalardi y George Harrison.

 

Según Larry, Rony recibió una llamada para un año nuevo, por la noche. Al contestar el teléfono la hermana, no entendió qué le querían decir, solamente comprendió que preguntaban por Rony. Ella le llamó y él se dirigió a atender. Cuál sería la sorpresa que quien le llamaba era el mismo Eric Clapton para felicitarle por la versión que había hecho S.O.S., de su canción. Le dijo que era la mejor que había escuchado hasta el momento y que se sentía agradecido por ello. La responsabilidad de tal llamada fue de Willie Maldonado, quien era un personaje dedicado al mundo de la música, como atrás apunté, y lograba que varias agrupaciones guatemaltecas dejaran en una placa discográfica, las versiones de las canciones que estaban de moda. Por su oficio y contactos, envió una copia a la disquera donde grabó Cream, quienes le hicieron llegar a Clapton la misma. Muchos afirman que es solamente una leyenda urbana. Larry sostiene que fue real y que él presenció el suceso.

Rony, como otros, dejaron una huella importante. Tal es el caso de Marco Tulio Quiñonez, conocido como “Cracker”, fundador y vocalista de Caballo Loco y que falleció este año. Si bien esta banda ofreció recitales en institutos públicos y fue de las más reconocidas en el ámbito rockero, no fue de las que dejaran un registro fonográfico propio sino de versiones.

Fue un grupo que se distinguió por la calidad de sus músicos y por el carisma y profesionalismo de “Cracker”. Los famosos “fusiles” o versiones de canciones de grupos extranjeros, dieron al público asistente a sus conciertos, un deleite particular. También ha quedado constancia de esta época en las novelas de Jorge Godínez, Rockstalgia y Rockfilia.

Era el sentido de pertenencia al barrio, a la gente que buscaba en la cultura una vía que daba un respiro ante todo lo que la sociedad imponía. De la misma manera, Cuerpo y Alma, cuyo único integrante original que queda es Marco Antonio Luna, quien creció en familia de músicos y continua con el grupo hasta la fecha, fue, quizá, y esto lo afirmo sin duda alguna, el pilar principal donde dio origen a lo que sería el Heavy Metal en Guatemala. La banda que lo definió, fue Guerreros del Metal, pero la base, ese primer ladrillo, desde mi interpretación, lo puso Cuerpo y Alma.

A diferencia de los demás grupos, Cuerpo y Alma, después de “fusilarse” canciones de otras agrupaciones foráneas en sus comienzos, decidió crear algo propio, con un componente identitario de nuestro país. Son-rock fue la denominación que le dio a la fusión entre los tiempos musicales del rock y los tiempos del son. Un aporte a la música importante no solo por reivindicar aspectos sonoros de la  cultura indígena sino por la originalidad para su época. Fue una de las pocas bandas que hizo canciones propias, como “Mara” y “Mariguana”. Según Maco Luna, en su novela Cuerpo y Alma, donde relata las aventuras del grupo, la letra de las rolas dice:

“Mara”

 

Hola mara, hola mara

hola mara, cómo estás?

A los festivales llegas

como quieres, para estar así.

 

Unos cantan, otros oyen,

alguien grita ¡Apurate pues!

los que bailan, los que viajan

los que espían para informar.

 

Hola mara, hola mara…

 

Esta canción es para ti

Porque tú eres mi inspiración

esta canción es para ti

porque tu eres mi inspiración.

 

Yo te siento y te comprendo

yo te siento y te comprendo

me pregunto si te gusta,

con tus manos lo demuestras,

con los días crecerás.

 

“Mariguana”

A la montaña

anda y consíguela,

A la montaña

Ve y consíguela.

Linda es muy verde

verde es muy linda,

pero es más linda,

cuando está seca.

Es así, es así.

 

Ya van todos caminando

al salir el sol.

Juntos todos llegarán

hasta donde esté…

 

Todos tienen ya papel

Que deben trabajar.

así me llega

Te llega así… a ti.

Ahora ya todos sentados

se pasan la pipa que hace reír,

hay una nube de humo

que toma su vuelo para no volver.

Así me llega,

Te llega así…

Tienes los ojos muy rojos,

tu boca está seca, pero eres feliz.

Tienes la dicha de hacer que tu mente,

entre en un mundo mejor.

Así me llega

Te llega así.

 

 

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Raúl Maquín, guitarrista de Caballo loco durante el más reciente concierto de la banda en el Centro Histórico, agosto 2016. Fotografía de Elí Orozco

De lo viejo, lo nuevo y esa nece(si)dad de tener los cuernos en alto

Cuerpo y Alma recientemente grabó por primera vez, un compacto, a raíz de una iniciativa de César Borrayo por el interés de dejar constancia auditiva de las primeras canciones y otras actuales. En la producción participamos varios metaleros que aportamos distintos conocimientos para el diseño del disco, un escrito que explica el sentido de la recuperación de la música compuesta por el grupo hace poco más de cuarenta años, además de colaborar con el dinero que sirvió para el pago del estudio de grabación, la postproducción y presentación del disco. Es aquí donde confluyó ese vínculo de mi persona con Borrayo y que casi terminó de darme las respuestas a aquellas inquietudes suscitadas a principios de la década de 1990. Especialmente, cuando uno escucha la música de “Mara”, la cual tiene toda la densidad que Black Sabbath heredó como fundadores del Heavy Metal mediante su guitarrista, Tony Iommi.

El rock y el metal guatemaltecos también adolecen de las contradicciones que como sociedad somos, pero, sin duda, han sido propuestas permanentes que han sobrevivido a las modas de la industria musical. Hoy el rock comercial tiene presencia masiva aunque sin mostrar una unificación de sus hacedores como gremio. Lo mismo pasa con el metal. Pero, sea como sea, es lo que tenemos, heredamos y dejaremos a otras generaciones a través de nuestro efímero paso por el mundo. A muchos rockeros/metaleros no les interesa en el presente conocer esta parte de nuestra historia cultural. Lo ven como “nostalgia” o simplemente que no se ha evolucionado. ¡Claro que se ha evolucionado! Pero, si uno va a cualquier país con un desarrollo considerable de su música, se dará cuenta que hay un vínculo con lo que le dio origen y otras ramas del arte. Nadie deja de escuchar a Black Sabbath ni a las bandas pioneras de su género favorito. Ese distanciamiento generacional a veces casi caprichoso, propio de la posmodernidad, solo remite a vivir el presente negando nuestro pasado cultural y cayendo en la trampa de autoadularse bajo el supuesto de renegar de lo “viejo”. Si los “viejos” cometimos errores y dejamos una escena débil, dividida y distanciada de las generaciones más jóvenes, la mara más chava no debe caer en lo mismo y cambiar juntos las ondas. Para eso sirve la historia.

La cantidad de subgéneros, el avance de la tecnología y la dinámica económica y cultural del país que siempre condiciona la producción, comercialización y consumo del arte, han profundizado las diferencias entre bandas y públicos.

Los altibajos son constantes en estos quince años y medio del siglo XXI. Las diferencias intergeneracionales siguen como eslabones rotos que no terminan de unificar proyectos colectivos y menos de nación.

Nadie sabe el futuro de esta movida, solamente la certeza de que si no trabajamos juntos por reconocernos en el pasado cultural del país con sus logros y limitaciones para crear en el presente cosas importantes, sin cometer los mismos errores como en otras épocas, los avances serán cortos. Mientras, nos toca seguir en la ruta con los cuernos en alto. Tenemos que hacer memoria desde el hoy.

Hasta aquí estas reflexiones. Sí, es cierto, faltó mucho qué apuntar, pero será más adelante cuando algo más se escriba sobre este tema. Mi mayor deseo es que más personas aporten a ello. Darle sentido a esa memoria colectiva y no dejar que el presente nos consuma desde su inmediatez. Un pueblo que tiene memoria no repite errores.

Autor: Mario Castañeda

Mario Castañeda (Guatemala, 1973) Catedrático universitario. Estudió historia, comunicación y literatura. Gusta del cine, libros y música.

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