¿Con quién habla Oliver..?

Fotografía de Javier Herrera

¿Será que se va quedar mucho tiempo? Así puedo jugar con sus carritos le dije a mi mamá; ella arrugó la frente y me dijo que no le tocara sus juguetes a mi nuevo hermano.

El sábado mientras mis papás viajaban fuera de la ciudad, visité la casa donde crecí, no en la que nací, pero si en la que tengo la mayoría de mis recuerdos; Tatiana me dijo que era raro verme en aquella colonia, y aprovechando nuestro encuentro me comentó sobre Oliver: Pobrecito tu hermano vos, ahí anda hablando solo por todos lados, ¿y  la mamá vos? ¿y tú papá? No le ponen atención; él no es cabal.

Mi mamá me enseñó que si uno desea algo en la vida hay que darle con ganas y si eso está lejos hay que correr y si está bajo la tierra hay que escarbar y si está en lo  alto hay que saltar y si aún saltando no llegás entonces hay que buscar una vara y bajarlo a pijasos, pero que lo que uno desea hay que pelearlo, sudarlo y cuidarlo.

Mi mamá le aguantó de todo a mi viejo: infidelidades, ofensas, mentiras, malos ratos, pero aún con todo y eso no fue capaz de abandonarlo y hoy tiene el goce de gritar a los cuatro vientos, que es feliz al lado del hombre del que se enamoró y que aún ama.

Oliver es una buena persona, la Nilsie dice que desespera pero en realidad Oliver no está en nuestra frecuencia, él se encuentra en otro compás, en uno más lento-más armónico, menos complejo y mucho más simple. Él no se complica la vida, no se preocupa por dónde dormir, dónde comer o qué vestir, él vive la vida como si fuera a cepillarse los dientes. A aquél le gusta la cerveza barata, el merengue noventero y las mujeres con nalgas grandes y pechos pequeños, cuando tiene dinero no duda en comprarse un nuevo reloj, un radio con auriculares o una película pirata de acción.

Las mujeres deben de ser buscadas, a mí tu papá me buscó, me enamoró y me juró que me quería para siempre y yo le creí y le voy a creer hasta la muerte y si volviera a nacer me volviera a enamorar de él. Mi mamá es una persona fuerte, a ella le encantan los programas de noticias, otros, tipo el show de Cristina, las escenas de parejas bailando y la música en vivo de Los Galos o Los Ángeles Negros, La generación dos mil y las nalgas de Chayanne.

A medida que me daba cuenta que las cosas no eran iguales para nosotros los menores de la familia, entendí que mi hermano no percibía la realidad de la misma forma que los demás miembros de nuestra manada, algunos lo tildan de “loco”, otros de haragán, pero en lo personal creo que es un ser especial, con muchos problemas qué tratar, con más de treinta años de edad, y un corazón del tamaño de un sistema solar.

Fotografía de Javier Herrera

Después de una ronda de tragos bien servidos en una vulnerable cantina de Puerto Barrios, mi abuelo Javier Herrera se dirigió  a registrar a mi madre con el nombre que observó en uno de los barcos que recién llegaba al muelle “Dely”, para mi mamá los padres son lo mas importante que puede tener una persona y  no precisamente tienen que ser los biológicos, quizá nadie en este mundo le tenga tanta paciencia a Oliver como mi mamá a pesar de no haberlo parido pero con el pasar del tiempo hay un lazo que ha crecido, y le permite entender ciertas situaciones.

Cuando vi por primera vez hablar a Oliver solo, traté de imitarlo, pero no pude, no me gustó contestarme las preguntas que yo mismo formulé así que un día le pregunté con quien hablaba. Aquél me contestó, que con nadie, que hablaba solo, que pensaba algo y se lo preguntaba a sí mismo y que él mismo se lo contestaba y que estaba consciente que eso no era normal, pero que no le preocupaba.

Dely pelea diariamente por cualquier desacierto que tenga Oliver: si no se baña, apesta, que si se baña deja la bañera sucia, que si no se acuesta temprano, que si llegó tomado, que no se calla, que desespera , que no la deja en paz contándole cosas que hace en todo el día,  que se termina todo el fresco, que se hace tres huevos y no come tortilla, que le pregunta que hizo ella, que si hay comida, que si mi papá está enojado que si ya comió el gato.

Una tarde encontré a mi mamá y a Oliver sentados en la sala viendo televisión, tomando café y comiendo pan tostado. Ambos muy atentos al programa. Ese día entendí que Oliver cuenta con Dely para comer para convivir y para pretender ser, entendí que mi mamá esta al pendiente de él y que se echó al hombro al hijo que un día llevo mi papá a casa y que ya nunca más se fue.

Hay personas que están tristes porque no pudieron ver a su banda favorita por tercera vez esta año, algunas se deprimen porque el carro que poseen es demasiado viejo para su círculo social, otros que se sienten solos teniendo una gran familia, y algunos porque no se les dio el trabajo que deseaban, cuando me topo con esas personas, pienso en Oliver y con quien habla. Me relajo y trato de imitar su compás, trato de meterme en su frecuencia y oscilar por ahí, de arriba hacia abajo, sin parar, después recuerdo a mi mamá y vuelvo a saltar, me vuelvo a enamorar y a luchar, pelear y aguantar y en ocasiones, también me dan ganas de bailar.

Autor: Javier Herrera

(Guatemala, 1987) Camino por ahí observando hacía todos lados, menos mi camino, por eso me pierdo.

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