Del sexo al AlBORoTO

Eran mis abriles de un par de años atrás, me encontraba cumpliendo un sueño en El Gran Caimán, una isla caribeña con una sociedad bastante antagónica a la nuestra.

En aquel entonces obtuve una beca universitaria y cursaba el sexto semestre de la carrera. La convivencia en las becas es algo muy especial, un edificio donde comparten ellos y ellas. En una esquina un grupo de jóvenes platicando, por el pasillo pasan ellas con sus cuerpos esculturales, de todo tipo, para todos los gustos, era imposible no voltear a verlas. Mientras tanto en otro lado del edificio estremecían la mesa 4 muchachos, y algunas veces muchachas, las fichas de dominó, acompañados siempre por el clandestino etílico amigo del juego, no faltaban aquellos que en su tiempo libre veías sin camisa luciéndose en el ejercicio, llamando la atención de las féminas. Y finalmente los más estudiosos y estudiosas en la biblioteca o en sus cuartos devorando los libros.

Pero lo peculiar de todo esto es que al tener esta convivencia con latinoamericanos, me fui dando cuenta que la sexualidad es algo tan común, incluso en casa. Este tema tan satanizado en la sociedad guatemalteca patriarcal con su salsa religiosa, hace sentir en los y las jóvenes un sentimiento de culpabilidad a la hora de tener expresiones eróticas, siendo algo tan natural y tan normal en esta etapa de desórdenes hormonales. Luego de pasarme 8 años en ese cálido y hospitalario país, donde hizo transición mi adolescencia alocada hacia el adulto “maduro y responsable” (bueno, eso es lo que cree la sociedad), al regresar y reencontrarme con mi antigua e inexplorada vida en Guatemala, noté lo delicado del tema. Muchos y muchas por miedo a sus padres y al qué dirán, deben satisfacer una necesidad fisiológica en moteles de paso (maquilas de embarazos no deseados y fachadas para lavar dinero), todo un negocio a expensas de la sexualidad, ¿Qué sería de aquellos y aquellas sin estos oasis sexuales?

Sin embargo todo placer sin responsabilidad trae consecuencias, algo así como cuando te tomás unos litros y regresás a casa manejando, a muchos se les revienta el hilo del barrilete antes de llegar. Tener sexo, hacer el amor, chimar, echar un polvo, volar huevo, follar, fornicar, como quieran llamarlo, sin tener una idea de lo que puede suceder ante la irresponsabilidad de no protegerse en una aventura, puede desembocar en perjuicios a la salud, sobre todo para la salud de las mujeres.

Traer a un patojo al mundo no es algo precisamente “bendecido” cuando no se planifica, y ahí están esas jóvenes que publican “ser madre joven es ser una guerrera”. Ahora vemos a esas patojonas precoces madres solteras que no pasan de las dos décadas de existencia publicando en el feisbuc que son guerreras o que se sienten bendecidas, y allí van muchos solícitos a apoyarles con un su laic y regalando bendiciones, sin darse cuenta que estos casos son el reflejo de un problema social grave al que no se le ven intenciones serias de resolver.

Una niña o adolescente que aún no termina de desarrollar su cuerpo y que no es capaz de tomar decisiones por sí sola, ¿Será capaz de cuidar a un bebé igual que una mujer de 25 a 30 años?

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Fotografía de Linda Forsell de la serie “Children having Children“.

A todo esto me vienen una serie de cuestionamientos, ¿Y si realmente tuviéramos acceso a la educación sexual?, lo cual es un derecho y está legislado, ¿Y si el sistema de salud se impone ante la “moral religiosa” y se lograra legalizar el aborto?, porque entiendo que según los derechos sexuales y reproductivos de la mujer, estos consideran que la mujer es libre de escoger con quién quiere tener progenie, cuándo los quiere y cómo los quiere tener.

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Fotografía de Linda Forsell

La Iglesia y los grupos “pro” familia vienen y se llenan la boca con: -El aborto es el asesinato de un ser humano. Un feto es un ser viviente que merece vivir. Los hijos son un regalo de Dios (Salmos 127:5), y haré una pausa acá, ¿acaso ese feto es capaz de sobrevivir fuera del vientre de la madre? Solo pensemos, si esa mujer no tiene los medios suficientes para alimentarse adecuadamente durante el embarazo, y por carencia de vitamina B12 y ácido fólico, trae al mundo un ser con malformaciones congénitas, ¿sigue siendo esta situación una bendición para la familia? Estas citas bíblicas puestas en un contexto a conveniencia quizá hagan referencia al aborto y convenzan a los incautos, pero ¿qué pasa con aquellas mujeres que no profesan en su vida religión alguna? ¿Por qué imponerles “leyes” religiosas, si no son creyentes de dios?

Aquí es donde vuelvo a recordar esos calurosos abriles míos, donde mi vida sexual era mucho más activa que ahora, tenía novia en la universidad y cada día que pasaba la veía con los pechos más grandes y solo pensaba en lo hermosa que se estaba poniendo hasta que llegó la pregunta que a todo adolescente le pone los pelos de punta, y el pene no se apunta: “no me ha bajado hace 20 días, ¿Estaré embarazada?”, por mi cabeza volaban todo tipo de expresiones, pero gracias a que mantuve la calma dejé escapar un suave “yo te apoyo en la decisión que tomés”, claro tenía un par de amígdalas gonadales que no me dejaban tragar, aquella chava empezó a decirme, “tú eres extranjero, no sé si te vas a quedar. Yo no he terminado mi carrera (le faltaban 2 años todavía), creo que no es el momento para tenerlo, aún tengo planes para mi vida y pues debemos tener más cuidado para la próxima porque si vuelve a suceder no me lo saco”. Confieso que cuando me dijo eso aquellos dos volvieron a su lugar y suspiré por dentro. No volvió a suceder, imaginen el por qué.

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Fotografía de Linda Forsell

Si esto me hubiese ocurrido en Guatemala, seguramente me habrían obligado a casarme, o estaría más que pisado viendo cómo resolver el pan nuestro de cada día, no sé si hubiera terminado la carrera, menos mal estaba en Cuba, donde sí se respetan los derechos sexuales y reproductivos de las mujeres, donde el Estado garantiza que esos embarazos no planificados lleguen a su término, porque ellas tienen derecho de decidir sobre su cuerpo y su sexualidad, y lo hacen de manera institucional para prevenir las complicaciones que un aborto puede desarrollar. Dichas medidas gubernamentales trajeron a la isla una notable reducción de la mortalidad materna, así como una notable reducción en la incidencia de malformaciones congénitas.

Sigo cuestionándome, si las iglesias y los grupos “pro” familia siempre hacen un escándalo infernal con el tema del aborto, ¿qué pasa con las niñas víctimas de abuso sexual?, muchas callan que han sido abusadas por miedo, incluso porque la mayoría de las veces ni siquiera les creen, por culpa de la cultura misógina machista en la que vivimos. ¿Acaso esa criatura mal concebida es un regalo de Yisus el loquillo? ¿Y qué hay del incesto, esos y esas bebés son regalos de dios?

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Fotografía de Linda Forsell

Así pues muchas chavas pierden la vida practicándose abortos en lugares clandestinos e insalubres, porque no conocen las consecuencias, por desinformación o simplemente porque la sociedad y el sistema siguen haciéndose las bestias y dándoles la espalda al punto de que somos cómplices de que nuestra mortalidad materna alcance cifras de locura.

Quiero dejar un dato sobre la mesa, según un informe del Centro de Investigaciones Pew, publicado hace unos meses por El Universal (Un periódico de México, güey), 58 países permiten la interrupción legal del embarazo sin restricciones, otros 82 países lo permiten bajo la justificación de preservar la vida de la mujer, así como su salud física y mental, también en casos de incesto y problemas socioeconómicos. 47 naciones solo permiten el aborto si peligra la vida de la mujer. Y tan solo 6 países no lo permiten bajo ninguna circunstancia.

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Fotografía de Linda Forsell

Con esto no quiero decir que hagamos abortos en paleta para resolver el problema de los embarazos no deseados, pero sí viene a mi mente ¿Quién o quiénes se benefician cuando el aborto es ilegal? ¿Por qué no vemos hacia nuestra realidad y llegamos a un consenso definitivo que vaya en pro de las mujeres?

No se trata del aborto, se trata de ver cómo podemos hacer una sociedad más justa y darles a las mujeres de este país las mejores oportunidades para su salud sexual y reproductiva.

¡Salú!

Autor: Estuardo Piedra Santa

Estuardo Piedra Santa (Bergonia Town, Guatemala 1987) Q'anil de nacimiento, curandero de profesión, amante de lo exótico y de la pluriculturalidad. Con deseos de avanzar en esta selva y cultivar muchas semillas. Mente abierta y dispuesta al coloquio, al debate, a la conversación pero no a la discusión sin sentido.

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