El amor en los tiempos del netcenter

Fotografía de Fernando Chuy

Ella, hija de facho, no por ser de noble cuna descendiente de alcaldes de sangre azul y rabiosos, no, más bien de esos nuevos ricos, de esos que hacen obras con el gobierno de turno, padre que pasó de “pelado” a “don vergas” con eso de las facturas, pero la nena no lo supo solo paso de colegito de colonia a colegio de bien sin darse cuenta.

Él: hijo de chairo, de aquellos que es 011 desde que el congreso es congreso y que ha subido en la escala social, aunque su corazón siempre late al ritmo de: Aquí se queda la clara, la entrañable transparencia, de tu querida presencia, comandante Che Guevara… llevó a sus hijos a Cuba a rendir tributo al Che y a Fidel con la plata de los bonos extra y porque el sindicato siempre tiene un capital que se puede usar para esos fines.

Ambos padres han educado a sus hijos en esa lucha de clases que se llama Guatemala, aunque quizá ambos progenitores chamusquearon en los campos de La Florida cuando eran güiros, haciendo mierda el unico par de zapatos que tenían. (Pero, chairo y facho, ¿qué es eso? Palabras que adoptamos de los mexicanos y acá las usamos para tirarnos mierda en las redes).

Ella sube fotos a Instagram, ¿el lugar? ¡Dónde más! si no es Cayalá, conciertos, comidas, fotos con los perros pura raza, del carro que papi regaló salido de la agencia, para ir a la universidad. Él es mas de Facebook, postea videos de puro regueton, siempre incluye a Rene Pérez, no lo entiende, pero él está en la lucha, el papá le heredó el Toyota del siglo pasado pero que todavía sigue vergón.

Cuando ella nació, el papá tenía un nombre en mente, la madre nunca lo supo, era el nombre de su gran amor imposible, una del Barón Rojo. A él la revolución le puso el nombre del secretario general del partido comunista de la Unión Soviética, ese tipo del mapa en la mera ñola.

Ambos nacieron negados para la educación, pero, vamos, es Guatemala, ambos se conocieron en esa universidad donde van a ser abogados en 5 años una vez las cuotas esten al día.

Fue amor instantáneo, en la fiesta de bienvenida del 2017.

Lo que vino después sus padres no lo saben, los enroló un catedrático. “El Lic.” necesita gente para un trabajo donde van a poder pulir sus conocimientos de derecho y política, nada difícil y al alcance de sus manos, tienen que defender a El Indefendible. Los tórtolos no lo saben, pero ambos tienen el mismo trabajo, es un secreto que deben de cuidar con sus propias vidas, son los espías millenials, son la nueva guerra fría en el trópico; perfiles falsos.

Ella tiene que tirar mierda a los académicos, a los intelectuales y a todo aquél que luche por una causa de tinte comunitario en beneficio de los pueblos, Él tiene que darles lo suyo a esos que salen en TV hablando mal del presidente, a los que tienen alegatos en las redes en contra del ungido y a todos aquellos que aseguran que es un imbécil. Hay ocasiones en que ambos (sin llegar a imaginarlo, trabajan codo a codo) atacando a todos esos que usan el rojo, a esos que no se acaban, esos de la hoz y el martillo, los malditos rojos que se quieren quedar con el país y hacerlo una, dos, tres ¡Vietnam!

Los dos ganan sus sueldos mínimos que El Lic. les paga puntual y con eso celebraron anoche el día del cariño. Ella está dispuesta a todo, el trabajo le ayudó a juntar la plata para poder ponerse más culo, le daban pena esas nalgas de aspirina, fue discreta, solo un poco, que el papá no se diera cuenta. Él dio un “gavetazo” en dólares, su viejo los guarda para su viaje a Venezuela, no se va a dar cuenta, cuando sale de putas siempre gasta sin contar y son billetes que mamá no cuenta porque si no le pegan.

Ambos, producto nacional, el 14 se fue sin condón, la verdadera prueba de amor sera en mayo, Tatiana y Mijail. Amor del bueno.

Autor: Rudy Aldana

(Guatemala, 1973) Varios oficios, muchas más necesidades internas, pocos apegos y ganas de dejar marca.

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