El deporte de atropellar vidas (recordación autobiográfica)

Ingenuamente pensamos que en un país con sobreabundancia de cristianos las cosas podrían ser diferentes. El caso de Jabes Emanuel Meda es ejemplo emblemático (tanto como el de Ríos Montt, Bush y demás asesinos cristianos infelizmente célebres) para demostrar la disonancia entre los principios morales más reconocidos del cristianismo y las verdaderas actitudes de la grey ante la vida real.

Cuando yo tenía más o menos dos años de edad, mi papá sufrió un accidente en el DeFectuoso (ahora Ciudad de México), tierra donde en ese momento la familia vivía su exilio político.[1] No fue cualquier accidente, porque no todos los accidentes te parten en dos la columna y terminas andando en silla de ruedas de por vida, a pesar de los augurios de cierta gente de fe que te alienta a rezar mucho y con todas tus fuerzas para volver a caminar. De repente eso es más efectivo que una operación con células madre.

En realidad escribo esto porque encuentro similitud entre el homicidio de Brenda Domínguez y el conato del de mi padre. No es un tema que me resulte cómodo ventilar y más bien nunca pensé que escribiría opinología al respecto, pero la coyuntura es pródiga en ejemplos que te hacen pensar: esto es casi como si me hubiera pasado a mí.

En ambos casos, el responsable es alguien cotidianamente identificado con el apelativo de “hijo de puta” o el equivalente eufemístico correspondiente: hijo de mal semen, imbécil, facho, fundador por el terrorismo, retrógrado etc. Lo que da miedo es pensar cuántos hijos de puta de ese calibre hay sueltos en las calles. Sin duda un montón. O sea, la masa ignara en las redes sociales que antepuso la libertad de locomoción (violada sin mayores consecuencias durante Semana Santa) al derecho a la vida. No se puede pensar que todas estas gentes andan por la calle con sed homicida, pero es de esperar que si una de ellas atropella a alguien por accidente, se dé a la fuga.

Por sí mismo embestir a un transeúnte revela una actitud fascista muy popular: el ejercicio anárquico del poder;[2] ir por la calle y matar a falta de otro entretenimiento, seguir el rumbo aprisa, impune, cantando.

Es la misma relación de poder que se observa entre el peatón y el automovilista sádico en un día lluvioso. La lluvia te agacha la mirada para que veas tus zapatos empapados en los charcos, mientras buscas arrinconarte en las paredes porque sabes —no es la primera vez— que hay sujetos que aceleran con tal de empapar a los peatones en las aceras. Debe haber un término psiquiátrico para designar a las personas que eyaculan cada vez que se sienten pequeños dioses frente al volante.

Nadie extrañe que quienes bañan a los peatones por puro placer, serían igualmente capaces de matarlos a la menor oportunidad.

Bienaventurados los ateos pues de ellos es el reino de las utopías

El año pasado un amigo cercano murió atropellado. La autopsia reveló un atropellamiento múltiple. Esto significa que después de la primera embestida los vehículos detrás siguieron pasando encima, sin guardar la delicadeza de esquivar al ser humano que yacía a mitad del asfalto. O eso, o la contingencia de un camión de seis ejes.

Ingenuamente pensamos que en un país con sobreabundancia de cristianos las cosas podrían ser diferentes. El caso de Jabes Emanuel Meda es ejemplo emblemático (tanto como el de Ríos Montt, Bush y demás asesinos cristianos infelizmente célebres) para demostrar la disonancia entre los principios morales más reconocidos del cristianismo y las verdaderas actitudes de la grey ante la vida real. Los creyentes se somatan el pecho en las procesiones, van a misa o al culto los domingos y supongo que más de una vez en sus vidas han recitado algún versículo similar:

¡Ay de vosotros, escribas y fariseos, hipócritas!, porque pagáis el diezmo de la menta, del eneldo y del comino, y habéis descuidado los preceptos de más peso de la ley: la justicia, la misericordia y la fidelidad; y éstas son las cosas que debíais haber hecho, sin descuidar aquéllas. (Mateo 23:23)

Algunos cristianos como Jabes Emanuel, un buen día deciden que la libertad de locomoción merece un héroe que la garantice cueste lo que cueste (malaya durante el Desfile G&T). Otros, los más fanáticos y con horarios de trabajo más flexibles, siguen educando a sus hijos con castigos físicos, seguramente justificándolos con algún pasaje del Antiguo Testamento, en pleno siglo XXI. Y por supuesto, el tipo de cristianos en vías de extinción que sigue efectivamente las enseñanzas de Cristo: poner la otra mejilla, mostrar misericordia, repartir el pan, aborrecer la riqueza y a los ricos.

Sin duda ser cristiano no es cosa fácil cuando La Biblia manifiesta posturas tan diversas y contradictorias entre sí, pero  el “no matarás” no debería pasar de moda para la grey cuando por ejemplo se le ocurre pensar que la pena de muerte es la solución a todos los males. El Papa Francisco tiene razón en dejar a los feligreses el claro alertivo[3] de que es mejor ser ateo y buena persona que cristiano e hipócrita.

Siempre está la posibilidad de que Jabes Emanuel sea una curiosa excepción y su papá, el pastor evangélico de la iglesia Puertas del cielo, sea de hecho un pan de dios, ministro incorruptible de la salvación de las almas terrenas, nada que ver en absoluto con Cash Luna y otros traficantes de la fe señalados por la justicia. Pero como no todos los guatemaltecos somos idiotas, conviene decir que esto es poco probable.

A la luz de los hechos, la comunidad cristiana mínimamente debería replantearse el rol de su religión dentro de la sociedad.  A pesar de que hay una mayoría abrumadora de cristianos guatemaltecos, parece que estos no hacen mayor diferencia en este infierno de país heredado por el intervencionismo yanqui desde 1954 a la fecha.

El tema no pasa por la creencia en la existencia de dios, pues todos tenemos derecho a creer que los mayas fueron abducidos por extraterrestres, si tal es nuestra convicción. Los seres humanos, sin excepción, creen en más de una patraña que estabiliza o desmejora su psique y conviven con ella de por vida, incluso bajo las formas más alegres. No todas las patrañas son acompañadas de la misma enjundia y tampoco todas tienen las mismas consecuencias a nivel sociológico. Cierta gente cree cantar bien y otra en la Guerra Santa. Yo por ejemplo soy hipocondríaco, o sea que creo en la existencia de enfermedades inexistentes… Y así hasta el infinito.

El problema sustancial es que el llamado opio de los pueblos, además de dar esperanzas nada comprobables de una vida más bonita después de la muerte, es una excusa perversa para que la cristiandad (et al.) hipócrita de la que habla el Papa Francisco, haga de esta vida terrenal un paraíso colectivo de injusticia y miseria.

La religión en Guatemala alcanza niveles casi teocráticos. ¡Cómo olvidar que muchos de los votantes de Yimi le votaron precisamente porque el outsider apelaba al sentimental sortilegio del cristianismo! Eso en un Estado laico sería un crimen, pero this is Guatemala y la constitución de la república invoca el nombre de Dios (el dios cristiano, huelga decir) desde el principio. Nada nuevo bajo el sol en este arcaico Estado imposmodernizable.

Dios es bueno, y según la imagen y semejanza de quien, parapléjico

No soy una persona particularmente agradable. Se podría decir que mucha gente que me ama, me odia por igual. Soy tan oxímoron como usar las palabras “linda” y “Guatemala” en la misma frase. Estoy seguro que tiene que ver la crudeza casi primitiva y díscola en mis maneras de decir las cosas. Siempre escribo como si después tocara ser pasado por las armas. Soy el mártir de mi propia consciencia a falta de algo mejor que hacer. Mi humor tiene la virtud de afrontar las desgracias propias y ajenas con el ánimo alegre de los cínicos (pero sin exagerar); esto como un acto de ventilación psiquiátrica.

El homicidio en grado de tentativa de Brenda Domínguez me hizo tener una reflexión autorreferencial en torno a los posibles traumas que mi psique ha naturalizado e ignorado con tal de autorregular y sobrellevar la contingencia de no poder recordar a mi padre bajo la forma bípeda de la gente “normal”.  Al bípedo no lo conozco sino por su imagen en algunas fotos extrañísimas.

Tan naturalizada es esa condición que haciendo cuentas, es la primera vez que menciono la situación de mi papá con un tono con el que parezco autocompadecerme. Lo natural, lo lógico (reflexiono en el momento en que escribo esto) es que las personas que son conscientes de su diferencia procuren que la gente ignore lo más posible la misma, como toda vez que menciono la silla de ruedas y espero que el interlocutor no conteste “¡ála, qué mala onda!” o haga alguna mueca de lástima inútil. Como bien repite un amigo sabio cada vez que hay ocasión: la lástima es un sentimiento contrarrevolucionario.

Sintetizando. Tal vez yo fuera diferente, un poco menos realista un poco más, quién sabe. Tal vez no hiciera tantos comentarios cáusticos. Tal vez mi sentido del humor fuera menos locuaz. Tal vez —como dijeron mis papás alguna vez— no hubiese sido un niño miedoso de no ser por. Tal vez el vértigo no me impediría tirarme de la plataforma de 2mts a la piscina. Tal vez no buscara excusas para aprender a conducir y quizá no tendría que justificar estos defectos aquí, pero lo cierto es que me tocó el dado de la paraplejia paternal y eso no es malo ni bueno, pero cuando te enteras de que Jabes Meda mató a Brenda Domínguez por manifestarse en busca de una educación de calidad, piensas “esto me recuerda a…” e inmediatamente “¿cómo sería el mundo si mi papa no hubiese manifestado su derecho a cruzar la calle?” o “¿será que ese desconocido logra descansar en paz a partir de entonces?”.

Preguntas sin respuesta sumadas a los continuos hechos desalentadores del clima sociocultural contemporáneo, te hacen concluir que el planeta —o por lo menos el país— necesita es un suicidio en masa y el repoblamiento de otra especie benigna. Algo así como cuando Dios dijo que toda su creación hasta entonces era una bazofia y lo mejor era matar a todos, sólo que sin ningún dios magnánimamente cruel que nos haga el favor.

Afortunadamente el segundo nombre de Jabes —Emanuel— significa “Dios está con nosotros”; si fuese Luzbel estaríamos hablando de un especialista en cámaras de gas o algo por el estilo. Además de estar con nosotros, es bueno, según declaró sonriente el joven Jabes. Dejando de lado la ironía, considero que este tipo declaraciones son una clara advertencia a las personas más o menos sensibles en este país para sacar fuerza de donde no la hay y unirse para que la juventud no siga sufriendo semejantes atropellos.

No crean; aun sin ser derecha a veces me dan ganas de aprender a conducir con tal de atropellar algunos diputados o miembros del CACIF, pero no se debe olvidar que esa es la manera de los fascistas de resolver las cosas y ellos no son nuestros maestros.

Fotografía expropiada a un medio digital conservador

[1] Nacer en el exilio es como ver la luz por primera vez en aguas internacionales, dentro de un barco que tarda años en encallar en un arrecife a falta del puerto original del que zarpó; terminé sintiendo que mis raíces son todos los lugares por donde voy de paso (exceptuando Xela).

[2] Como en mi artículo anterior, vuelvo a citar esta categoría pasoliniana, tan actual, tan cierta que da miedo.

[3] Término recién descubierto por María del Carmen Aceña, ilustre figura de la política guatemalteca de nuestros  tiempos.

Autor: Camilo Villatoro

(1991-…) Escritor de ficciones y sátiras, esteta, nápiro y humorista iconoclasta. Nacido en México pero de identidad guatemalteca. Según un primo borracho que lo quiere mucho, “la persona guatemalteca más inteligente de todos los tiempos, pasados, presentes y futuros” —cosa no muy difícil de lograr. Pese a esta espectacular ventaja evolutiva, su intelecto es inversamente proporcional a su modestia; el único problema es hacerlo creíble.

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8 Comments

  1. Artículo colérico y mal informado. El Papa Francisco no dijo eso que el cita. Por lo tanto el artículo es apoyado en chismes de redes sociales que no fueron comprobados y que se vuelven verdades por la repetición.

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  2. Gracias por éste artículo, me hacía falta leer una opinión centrada y no lo atávico de opiniones sesgadas que tanto abundan.

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  3. Me parece más un desahogo de tu alma a un Trauma infantil que una opinión centrada de todo lo que pasó, el sarcasmo de tus letras es mínima mente más agridulce que tu ironía.. Pero si Jabes Si es un hijo de puta, criado por un imbécil eso sin duda

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    • Estaba a punto de tomar en cuenta eso de que no formo una “opinión centrada de todo lo que pasó”, pero volví a leer su comentario y no creo que tener en cuenta la existencia del “alma” forme parte de una opinión muy centrada que digamos (lo que sea que “centrada” y “alma” signifiquen). Es una lástima no poder satisfacer su sed intelectual. Saludos.

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