El día que mataron a Oliverio

Fotografías de archivo histórico de Oliverio Castañeda de León

Fotografías de Mauro Calanchina. Hilando La Memoria.

Por Rafael Gutiérrez

El día que mataron a Oliverio Castañeda yo paseaba por el Centro por primera vez tras años de vivir en México. Yo, apenas un muchacho. Solo sabía del mar caribeño, de langostas, hoteles, mujeres de paso y un arduo, amelcochado y precario aprendizaje de idiomas.

Trabajo duro, cabrón, áspero, agotador para un estudiante aburguesado que había abandonado la comodidad familiar. Y placer, mucho placer, los fines de semana. El Infierno y el Edén cabalgando juntos en mi carne y mi espíritu. Y una inmensidad de mar rodeándome día y noche.

Había decidido saber qué era eso del autoconocimiento, la templanza, la sabiduría, la meditación lo más urgentemente posible. Lobsan Rampa, el Dalai Lama, Hermann Hesse, Carlos Castañeda y otros autores empujando mis rutas, mis itinerarios existenciales. Solo dos cosas pudieron, por esos años, alterar mi estado de alarma: los inmensísimos tiburones y las trifulcas pendencieras verdaderamente sangrientas e inacabables de obreros procedentes de toda la república mexicana.

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“Ellos pueden matar a nuestros dirigentes, pero mientras haya pueblo, habrá revolución” Oliverio Castañeda de León

Bueno, ese día caminaba por el parque central y de pronto oí gritos, muchedumbres corriendo atropelladamente, gentes subiendo a buses a pocos metros de un entarimado de madera. De pronto vi venir corriendo a un policía, gordo y sudoroso, con un bastón en la mano en dirección a mi osamenta. Corrí, y me siguió. Salté entonces las gradas del Portal del Comercio. Y el gordo hijodeputa todavía ahí.

No sabía, la verdad, lo qué ocurría. Solo seguía escuchando: “Mataron a Oliverio”. “Mataron a Oliverio”. Cuando crucé hacia la sexta avenida fue cuando vi un cuerpo acribillado, sangrando, tumbado en un piso de baldosas, acaso sin vida, o respirando todavía, un muchacho apenas. Fue apenas un fogonazo de visión, pero ese cuerpo, ahí, desangrándose permanece hasta hoy alojado en mi memoria.

No sé qué hacía yo ahí y no supe tampoco porque, hasta ahora, lo recuerdo tan vivamente. “Mataron a Oliverio”. “Mataron a Oliverio”. Poco tiempo después el cielo guatemalteco se adensaría de gruesos goterones de sangre. Entonces supe que no había retornado a Guatemala sino a Comala.

 

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Oliverio Castañeda de León (12 de octubre de 1955 – 20 de octubre de 1978).

Autor: Rafael Gutiérrez

Rafael Gutiérrez (Guatemala 1958) Escritor, editor, poeta y ensayista. Trabaja desde hace tiempo por la promoción de la lectura y las nuevas voces en el ámbito de la poesía. Actualmente, dirige la revista de la Universidad de San Carlos de Guatemala y continúa sin pausa su creación poética.

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