Somos el país de los dinosaurios

 

Ilustración de Daniel Morales

Augusto Monterroso tenía razón, somos el país de los dinosaurios, él que vivió pocos años en Guatemala, tuvo la cualidad de resumir en 7 palabras la historia de este hoyo profundo y oscuro.

Estos lagartos gigantes y prehistóricos yacen, comen, se reproducen y no mueren, nunca mueren, entre comer y reproducirse, tienen tiempo para aparecer en videos dominicales declarando non grato a Iván Velásquez o se esconden en sus reservas naturales también llamados cuarteles, congreso, tribunales o palacio de gobierno donde otros reptiles viven una vida plácida alejados del ajetreado mundo, haciendo negocios y de vez en cuando devorando gente incómoda.

Ya se sabe que los dinosaurios son una especie distinta a nosotros los humanos, y aunque en Guatemala, los identificamos y hasta algunas personas les tienen cariño, son seres violentos y sanguinarios, convivimos con ellos, los creemos domesticados y en cuanto se les pide un poco de urbanidad y convivencia, mueven su gran cola y derriban lo que se les pone a su paso, que Foppa un día, que Lucrecia Hernández otro, no se dan cuenta y cuando sienten, aplastaron reformas constitucionales o límites al derecho de antejuicio.

Los guatemaltecos somos seres complejos, aquí hay una subespecie humana clase mediera que nació homo sapiens sapiens pero que anhela convertirse en un vertebrado de sangre fría, es decir, involucionamos. Somos el único lugar en el planeta tierra donde nuestra esencia racional se animaliza y no, no nos convertimos en nobles e inteligentes perros o en pacíficos pececitos de colores, no, en un proceso complejo y paradójico amanecemos con la piel escamosa, húmeda y viviendo el Cretácico. Somos unos majestuosos dinosaurios, fuera de lugar eso sí, pero como se divierten viéndonos a lo lejos las personas civilizadas, somos el zoológico del mundo, su diversión particular. Somos Jurasic Park.

Fotografía de Fernando Chuy

Autor: Carlos Ovalle

(Pamplona, España, 1968) Estoy aquí por decisión propia aunque últimamente me arrepiento. Llevo muchos años en Guatemala, pero con una distancia suficiente para ver las cosas desde lejos.

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