El músico más cabrón que ha parido esta puta ciudad

El maestro Orellana y el crew de los realizadores solitarios

 

1. “Intro” (ambulancias por todos lados)

2. “Culeradas de Guatebala” (Valses malditos) A. Córdova S.

Guatemala es un país maldito, un país con gente mierda, sí, gente mierda como Jabes Meda y todos esos imbéciles que parecen sus clones, esos que también atropellan a la gente desde sus mentes, esos que repiten y repiten como loros pero que no analizan ni verga, gente mierda como la exministra de educación María del Carmen Aceña, gente mierda como la mierda de Jimmy Morales y su hijo, gente mierda como Anahí Keller, mierda de gente.

3. “Las imágenes de la música” (Ramajes) A. Córdova S.

La música tiene imágenes, con los ojos cerrados se pueden ver. No podía empezar a escribir sobre el maestro Joaquín Orellana, sin antes escuchar y ver danzar 45 veces por minuto mi vinilo, ahí está con su traje color negro, adornado con 15 canciones llenas de cuerdas y marimbas imaginarias, como un niño con los brazos abiertos, dando vueltas y vueltas, sacando melodías, pidiendo atención, buscando un lugar para enmudecer el ruido.

4. “Marimboso texto confundido” (Vals con los pies torcidos) A. Córdova S.

Siento que no puedo con este texto, me trae recuerdos de esa vez primera que nos pidieron en la escuela de cine que escribiéramos un guion, me quedé como la cuarta canción del disco Life With The Lions, de John Lennon, así en silencio, solo cerré los ojos, los cierro otra vez.

5. “Lustrado Sonoro” (Guitarrita improvisada) A. Córdova S.

Esa vez lo vi sentado en la banqueta cerca del parque San Sebastián, le estaban lustrando los zapatos, el útil sonoro en la mano de aquel niño con nombre desconocido, hacía música con el zapato brilloso, el cepillo también es parte de la orquesta urbana.

6. “Caminando sobre el prisma” (Zapatos danzantes) A. Córdova S.

Ahí anda en las calles con sus lentes negros, dirigiendo sus pasos al ritmo de Guatemala (nuestra canción violenta). Hace unos meses le tomé una foto; decidí ir a buscarlo para entregársela. Al llegar a la oficina del Teatro Nacional Miguel Ángel Asturias me dijeron que no estaba. La señorita Andrea Dardón se ofrece para darle personalmente mi obsequio en blanco y negro. También me invita a ir buscarlo de nuevo, acepto la propuesta y nos dirigimos rumbo al teatro de cámara, marco su número y me dice que está yendo hacia su taller, volteo y ahí venía caminando.

Los ramajes de los árboles jacarandosos le dan la bienvenida, como una procesión, El Maestro camina sobre una alfombra color lila. Avanzamos sobre un arco iris que parecía salido del prisma del Lado oscuro de la luna; nos lleva de nuevo a la oficina, le hago entrega del momento petrificado que traje en un marco, se ríe, me dice que es una foto extravagante, que le recuerda a esas fotos que le tomaban a Dalí (puedo morir en paz). Luego de escuchar sus juegos de palabras y su sentido del humor —y claro— de admirar por un momento más la belleza de la señorita Dardón, le pido que me firme el libro que la señorita Vania Vargas me regaló (“El Violín Danzante De Huis Armadel”). Se sienta, saca de su maletín negro un lapicero y yo saco mi cámara, me despido y salgo más inspirado de lo acostumbrado.

7. “Ícaro culero” (textuchos mixeados, amistoso parte 1) A. Córdova/P. Orozco

Esa vez teníamos la esperanza de ganar un premio por nuestro trabajo audiovisual con Pepe, la clausura del festival de cine era en la Antigua Guatemala, queríamos que nos dieran jalón, en esa famosa página de feisbuc pero no conseguimos ni mierda. Pepe me dijo que nos juntáramos en la Roosevelt, conmigo iba Gerardo Galicia, más conocido en los bajos mundos como el Fla-K.O. Ahí estábamos esperando que llegaran por nosotros, mientras el Flaco devoraba un choripán, me dice que viera para en frente y ahí estaba el maestro Orellana esperando la camioneta.

“La caprichosa” —ese tatuaje tenía arriba de sus ojos de vidrio el monstruo rojo— siguió su camino, casi rozando las cuerdas despeinadas de la frágil vida del maestro. Adriana y Paulina (dos chicas sonrientes y hermosas) llegan junto a Pepe en un carrito verde, se estacionan y en coro todos le ofrecemos jalón al maestro Orellana. No recuerdo lo que hablamos, pero todos nos reíamos de las ocurrencias del máster, le dije a Pepe que el mejor premio de ese día fue haber compartido con el genio de la música, no ganamos nada en el festival de cine por cierto.

Y bueno, sobre la vez del festival(ucho) que es una ventana importante para todos los cineastas de este país culero, en donde el fóquin monopolio tiene acaparados los medios de comunicación y ya sabemos esta canción…

El festival lo hacen como que es tarea de básicos (hecho mierda) sin ganas, aburrido, irrespetuoso, no hay buenas proyecciones, no hay información, pero bueno… ese es otro tema. Ese día nos enteramos que estábamos en la “Selección oficial de mejor corto de animación”, y con el Ameno medio incrédulos con el festival (como siempre, ya sabíamos que no íbamos a ganar), como la vez en que me seleccionaron a mejor actor y sabíamos que no iba a ganar, entonces antes de ir a la premiación nos tomamos un pulmón de guaro y nos pusimos borrachos, estando ahí, efectivamente no gané pero sin saber lo ya sabido al Ameno lo querían sacar del museo donde estaba siendo la clausura. Lo iban a sacar porque aquél quería orinar una pieza histórica maya, una pieza que habían rescatado de no sé dónde y era más cara que su propia vida, Ameno realmente quería orinarla.

Al final lo convencí que no lo hiciera y siguió insultando al mundo. La fiesta estuvo en todo, amanecimos emparrandados en una casa de la zona 14, viendo como aterrizaban y despegaban aviones junto a otro montón de locos y locas ebrias. Pero bueno, quedamos de ir al festival y le hable por feisbuc a Adriana, me dijo que me daba jalón, le comenté que venían dos cuates y que si podíamos pasar por ellos, todo bien dijo ella. Una semana antes habíamos ido a la Antigua en mi carro, esta vez ella nos llevaba en el suyo, iba con una su amiga muy bonita, cuando me subí al carro me dije, ¡púchicas que bonitas!

Salimos de la zona 11 y nos fuimos por una calle hecha un caos, estábamos un poco desesperados, pero creo que ese tiempo fue el adecuado para que coincidiéramos con el máster Orellana, pasamos por Ameno y el Flaco, ahí por donde está el chupadero El Caimán, y cuando veo de lejos, el Ameno estaba con el máster, les dije a las chavas que ahí estaban mis cuates y que estaban con Joaquín Orellana, pararon, se hizo otro caos vial pero no nos importó, nada estaba planificado, el máster iba a su casa, llevaba un menú de las hamburguesas del rey en la mano, Ameno estaba tomándole una foto, le preguntamos que si quería jalón, ya que todos estábamos de acuerdo, nos acurrucamos en el sillón de atrás, el Ameno en las piernas del Flaco y el máster a mi lado. Orellana empezó a decir una cantidad de cosas que nos hicieron cagarnos de la risa, nos tomamos un par de fotos. Fue el momento más divertido del día, las chicas iban muy felices con su presencia y nosotros también, creo que él sabe encantar a las personas con lo que dice, hace y piensa…

Lo dejamos al final de la Roosevelt y nos agradeció el jalón.

 

8. “Etapas Maléficas” (Colaboraciones parte 2) A. Córdova/S. Ramírez/P. Orozco

“Entro en depresión” dice la mara, y es que hay una etapa de cada año que me gusta hibernar, no saber de nadie, desconectarme de toda mierda que le haga daño a mi paz mental, casi siempre es para drogarme de música, licas, ver porno, masturbarme como loco, llorar e ir a cazar imágenes, luego vuelvo como si nada.

Me encontraba en una de esas etapas cuando fue el concierto de Joaquín Orellana, para ser más exactos el miércoles 31 de agosto del 2016, siempre que pienso en eso me pongo triste y enojado, fue una gran cagada, así como fue una gran cagada no haber ido a ver a Roger Waters a México. Bueno, que me cuentan que el Sergio Ramírez dirigió la grabación del concierto, pues hace una semana le hablé y le dije que antes de atreverme a escribir sobre el máster, necesitaba ver ese concierto, buena onda aquel me invita a su casa, llego a la hora acordada, entro, subo las gradas y jalo la puerta. Sergio estaba con el Tico hablando sobre la fotografía de una película centroamericana (yo shuteando). Ramírez me ofrece un chocolate granada rojo y prepara la tele y el DVD, me dice que no le ponga mucho volumen (maldito), bueno, le pongo play al control y empieza esa belleza; ver los útiles sonoros en vivo fue increíble, Julio Santos, el director del concierto, se hacía un queso. Los sonidos se sienten como salidos de una película que todavía no he visto. Al final la gente aplaude y entra a cuadro el maestro, ahí estaba con su sonrisa y una camisa roja.

Si hubiera visto ese concierto en casa, hubiera soltado una lagrimita rebelde. Ahora solo puedo imaginar a Edgar Varèse, Frank Zappa y el maestro Joaquín Orellana juntos en concierto, malditas fantasías musicales.

Tengo la suerte de conocer al maestro Orellana desde 2010 cuando le fuimos a mostrar nuestra película de ficción Distancia para ver si nos apoyaba con la música. En su estudio me pareció haber descubierto un universo paralelo, un caos tremendamente armonioso. De esa cuenta, pudimos contar con fragmentos de su pieza Sacratávica para nuestra película. A partir de esa fecha, creo que ya perdí la cuenta del número de veces que le he dicho a Joaquín Orellana que quiero hacer un documental sobre él y su obra.

El año pasado, gracias a la iniciativa de Stefan Benchoam y Alejandro Torún, me acerqué de nuevo al maestro con una misión: grabar un concierto suyo. De más está decir que el presupuesto para hacerlo era CERO. Sí, como suelen aparecer las casillas en los presupuestos de las actividades culturales en este país y el audiovisual es el más claro ejemplo de ello. Sin embargo, la obra de Orellana además de excepcional por su genio creativo genera un espíritu de solidaridad entre aquellos que logran conocerla. ¿Será acaso que muchos seguimos creyendo en utopías? Y así, de a poco fueron apareciendo las cámaras, los trípodes, las ópticas, los micrófonos, la grabadora de sonido y sobre todo los amigos. Esos que se apuntaron a grabar varios ensayos, tanto de la orquesta como del coro.

El día del concierto, llegamos desde muy temprano a buscar los mejores lugares para ubicar las cámaras y tener así suficientes ángulos de este espectáculo. Quince minutos antes de empezar el espectáculo, ¡ZAS! que llegan y nos quitan dos de los lugares clave que habíamos escogido: el palco del presidente y del vicepresidente. Por más que esgrimimos razones para quedarnos, ellos dijeron que no, que la SAAS no permitía que se ocuparan esos lugares aun si los asientos estuvieran vacíos. Ni modo, tocó improvisar, y tan rápido como pudimos reubicarmos para empezar a registrar un toque majestuoso. Una a una, las cuatro piezas fueron interpretadas, el público lo disfrutó y agradeció con sendos aplausos y varias ovaciones.

Al final, la gente salió de la sala consciente que había presenciado algo único, tal vez irrepetible. Nosotros, nos quedamos un rato más para recoger los equipos. Uno a uno, los amigos que habían hecho de camarógrafos se  me acercaban para agradecerme la oportunidad de haber trabajado en el registro de esta obra de arte. El broche de oro para este capítulo lo puso la botella de ron añejo y la plática que junto a Julio Serrano —cómplice como pocos puede uno encontrar en la vida— pudimos compartir junto a Joaquín Orellana. De qué hablamos y el estado en que los implicados salimos de El Granada, me lo reservo para otra ocasión. Ahhh y por si estaban con el pendiente, ni el presidente ni el vicepresidente llegaron ese día al concierto.

Recuerdo que estuve grabando partes del documental que Sergio Ramírez está cocinando actualmente, las numerosas ocasiones en que Sergio no podía asistir, nos pedía al Guayo y a mí que le hiciéramos huevos, ya que el Ameno estaba en una de sus crisis de no querer nada ni a nadie, la cagó por mula. Siempre le digo que se perdió ese gran trip que significaron los ensayos del concierto, pero él responde diciendo “me pela”, pero puta muchades, el primer día que llegué, la verdad, para mí fue como estar en medio del nivel musical de Pink Floyd, algo así como el Umagumma sonaba eso. Unos sonidos que salían de las voces de los coristas que jamás había escuchado y seguramente ellas tampoco lo habían experimentado.

Ameno tiene un poco de razón cuando dice que ningún músico entiende a Orellana, por lo menos no al 100%, todos esos sonidos son creación de él, salen de su cabeza. Durante los ensayos, el máster escuchaba y le decía a Julio Santos, el director, qué estaba bien y qué no según sus oídos. Eran sus escritos, su experiencia, su música, ¿cómo no iba saber?, si él sabía cómo debía sonar, corregían juntos, tienen un oído de lujo y yo sin entender, solo disfrutaba del espectáculo.

9. “Tertulia” (cantos por el whisky) A. Córdova S.

Con la señorita Pamelita Flores y el Pepe Orozco empezamos a documentar una tertulia entre Joaquín Orellana y el Tecolote Ramírez Amaya, empezamos grabando en el taller de Orellana y paramos en casa del Teco. Cada quien en lo suyo.

Ellos iban recordando las bienales, los festivales y los conciertos. Ese día rolaron las botellas, no tomé porque recién me había dado una parálisis facial, el Teco me preguntaba a cada rato que por qué no me reía mientras el maestro me contaba que en una ida al dentista, le tocaron un nervio y también tuvo una pequeña parálisis.

El máster Teco y sus chistes turbios, el maestro Orellana con sus chistes marimbosos, en cada mano había un vaso de whisky, en cada sorbo una historia y mientras el sol se alistaba para dormir, el Teco hacia un retrato de Orellana, lo repitió varias veces, todos eran increíbles. El sonido estaba a cargo de una chica panameña, Alejandra García Peña, ahí estaba ella riéndose, de nuestra forma de grabar, de las ocurrencias de los másters.

El Teco ya le estaba echando el ojo a la panameña. Ella aprovechó la situación y salió con un dibujo, todo el crew estaba celoso, solo a ella le dieron regalo. Ya bien a verga todos, con baterías de cámara descargadas y sin memoria en las tarjetas, el Teco lanza un regaño ¡Se perdieron las llaves de mi carro serotes y las tenemos que encontrar!, todos buscando esas sus mierdas, bajo bosquejos, entre los libros (aprovechando siempre para shutear), hasta que aparecieron una hora y media después de empezada la búsqueda, por fin podíamos irnos, nos metimos al carro, y llevamos al maestro Orellana a la zona 1.

10. “Sesión de fotos” (melodías de la mesa 6) A. Córdova S.

Le cuento al Jonathan Salazar que Joaquín Orellana me había llamado, emocionado le digo que aceptó una sesión de fotos que le propuse. Salazar me dice que le quiere hacer una entrevista, quedamos de vernos en El Granada. Antes de ir a la cita me comí dos shucos y el Miguel Salay me invitó a tres chelas. Cuando llegamos al Granada, ahí estaba puntual, sentado frente al número 6, su mochila sobre la mesa. Entre tanta cosa que quería sacarle el Jonathan al maestro, nos tomamos una botellita de ron (12 años), yo tomaba fotos como tragos de mi vaso, nos sirvieron unas boquitas algo culeras, nos restringieron las servilletas, y yo me cagaba de la risa de las cosas que el maestro contaba, también no entendí algunas de sus palabras, hubiera querido tener Google para buscarlas, creo que pregunté dos cosas, las respuestas fueron satisfactorias. Ya medio abejas, le dije al máster que quería tomarle las fotitas que habíamos quedado, mientras Jonathan pagaba la cuenta, empezamos con la sesión, ahí en la calle. Luego nos subimos al carro de Salazar, el teléfono del maestro no paraba de sonar, llegamos a Miraflores, nos dijo que alguien lo esperaba allí y se bajó.

11. Bonus track (track te hacen las nalgas)

Frase del Giacomo Buonafina, aquél me dio clases de sonido. Siempre quise ser sonidista pero no me dio la shola. Hablar de música con el Jake es la onda, siempre te cuenta cosas de los músicos, cuando supe que él estaba detrás de la producción del vinilo de Joaquín Orellana “Ramajes”, me dio mucha alegría y le escribí para que me rolara uno, me dijo que en la Fundación Paiz lo tenían. Llamé a Itziar Sagone y sin tanta paja me dijo que fuera a la Fundación. Cuando llegué, Claudia Navas me atendió, se portó muy buena onda, platícanos un rato y me entrego mi vinilo, así como que fuera mi cumpleaños salí con un regalo. Muy agradecido con las señoritas y la fundación. ¡Buena onda!

12. Bonus Track 2

El otro día le llamé al maestro y entre tantas cosas que se pueden discutir con él, paramos hablando de Lennon y McCartney, me dice que Lennon iba más allá de las melodías, que buscaba más que música y que McCartney era un maestro de las melodías. Una de las canciones favoritas del máster es A Day In The Life, estoy casi seguro que le gusta por la sección orquestal.

¡Tengo ampollas en mis dedos!

Autor: Ameno Córdova

Me llamo Amenhotep, pero está de la gran puta decir mi nombre por eso me dicen Ameno. Ando tomando fotos porque no tengo nada que hacer en esta vida más que expresar lo que veo, nunca me gustó estudiar y no me importa lo que piensen de mí y ya.

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