El Spinetta de Guatemala en su versión Jacaltenango

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Fotografía de Fernando Chuy

Este texto tenía que haber salido hace ya rato pero como agarré furia por eso de las fiestas patrias y se me atravesaron varios litros en el camino, me atrasé. Pero como diría un gran filósofo al que me agrada siempre citar: “no hay que llegar primero sino hay que saber llegar” y como ya es usual, la mara se majeó y no cayó. La sala estaba no vacía pero casi, una verdadera injusticia.

Mal día ese miércoles 14 de septiembre donde la mayoría de la mara debió andar cumpliendo con su deber cívico de acarrear la antorcha de arriba para abajo. Les digo sin exageraciones: ¡La cagaron! Se perdieron el mejor toque del mes. Debo añadir: no hubo sororidad ovípara, las demás aves raras solo dios sabe dónde andaban.

No les voy a mentir, llegué tarde pero había llegado temprano, la cuestión es que cuando subí al segundo nivel del Lux me dijeron que el toque iba a empezar tipo 19:15 y como todavía faltaban cinco minutos para las 19 horas decidí salir a abastecerme de algún brebaje mágico. En el camino me topé con un par de desfiles sobre la sexta, ese fervor patrio me dio hambre, luego me encontré con Chuy y jalamos donde Checha para refrescar la garganta. Pedimos unos camarones empanizados y unas micheladas. No voy a mentir, los camarones estaban buenos pero son muy caros para mis bolsillos proletarios.

Al terminar salimos apresurados y subimos la 11 calle… a entrar íbamos cuando vi un escarabajo que me pareció familiar. A bordo -confirmé- iban dos tripulantes conocidos y pensé: “Un ahuevón no le hace daño a nadie”, así que me acerqué por atrás -rogándole a Zeus que la puerta no tuviera seguro- y somaté el vidrio con la intención de administrar el acto terrorista en varias dosis mientras encomendaba mi espíritu para que la plebe del lugar no pensara que se trataba de un verdadero nápiro o alimaña parecida y me ultimaran a balazos o me convirtiese en víctima de un apoteósico linchamiento consuetudinario.

Bendito Zeus,  Quimy no le había puesto seguro a su puerta y la abrí sin dificultades para intentar arrebatarle cualquier cosa, ella se asustó un poquito y Nelton ni lento ni perezoso intentó acertarme un golpe, la situación no pasó a mayores y nos despedimos de ellos afectuosamente.

Un par de minutos después estábamos dentro de la sala de conciertos y le pregunté a uno de los espectadores cuántas rolas llevaba ya la banda. “Esta es la segunda” me dijo, así que me acomodé con tranquilidad a disfrutar de la Cabro que había metido de contrabando. Mientras Chuy y Elí comenzaron a disparar sus máquinas.

tony

Fotografía de Elí Orozco

El concierto transcurrió sin contratiempos. Lo que más me gustó quizá sea que la música de Tony suena como en el disco que tengo. Tony, aunque lo parece, no es tan pretencioso como otros truchitas que conozco. “Tiene un aire como de Fito Páez”, me dijo una Flor Venenosa por ahí, pero definitivamente no es un imitador, guarda su propio estilo y sus riffs prenden al rockerillo malvado que llevo dentro.

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Delgado se hizo acompañar de Fernando Mérida y su acordeón para interpretar “Algo pendiente”. Fotografía de Fernando Chuy

Los músicos que lo acompañaron no desentonaron en lo más mínimo. Se nota que lo aprecian y los huevos que le hicieron son el mejor regalo que las 35 gentes que estábamos presentes nos llevamos ese día a casa. Tony es versátil y le vuela verga fácilmente a Viernes o Bohemia según mi humilde criterio (no sé por qué putas la MAJEStuosa muchedumbre sigue empecinada con esas bandas). Aquí nadie evolucionó, aquí todos enruquecieron prematuramente.

Este muchacho es el Spinetta  de Guatemala en su versión Jacaltenango, así que háganme caso de una vez por todas: la próxima vez que haya toque de Delgado caigan sin pensarlo. Es una orden.

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Fotografía de Elí Orozco

Ya me dio hueva así que los dejo con un material cortesía de Rock Chapín para que lo videen junto a sus drugos predilectos.

Autor: Barrancopolis

Medio digital de arte, cultura y entretenimiento.

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