“Para trabajar en periodismo se tiene que tener razones de peso” Gervasio Sánchez

Gervasio Sánchez Fernández es un periodista y fotógrafo español que ha dado cobertura a la mayor parte de los conflictos armados de América Latina, la antigua Yugoslavia y Oriente Medio.

Gervasio Sánchez. Fotografía de Raquel Abulaila

 

Gervasio ha ganado el Premio Ortega y Gasset de Periodismo y el Premio Nacional de Fotografía de España. Vino a Guatemala (en donde ya ha estado antes) como invitado especial de la 21a. Bienal de Arte Paiz, para desarrollar un taller en el Centro Cultural de España en Guatemala; La dignidad es lo que importa, al cual asistí.

Durante el taller nos compartió varias anécdotas personales, la que más me impacto fue que había pasado 17 veranos de su vida trabajando como camarero para poder financiar sus viajes como fotoperiodista. Hoy en día es un ícono en el mundo del fotoperiodismo y un referente para los que trabajamos a favor de los derechos humanos.

Usted nunca estudió fotografía. Quisiera que me contara ¿cómo llegó a ser fotoperiodista? y, además, por qué tomar este camino: fotoperiodista de guerra y conflictos armados.

No hice nunca jamás un curso de fotografía y empecé tarde, porque yo tenía 20 años cuando tuve mi primera cámara fotográfica. Además la compré yo, con mis ahorros… Hoy día te encuentras jóvenes con 16, 17, 18 años que hacen muy buenas fotografías. En mi caso, estudié periodismo en la Universidad Autónoma de Barcelona, en la Facultad de Ciencias de la Información, durante cinco años, y no sé ni revelar, a pesar de que buena parte de mi trabajo la he hecho con película convencional. Recuerdo que el primer viaje que hice fue a Turquía y Grecia. Con 20 años, me llevé una cámara para fotografiar lo que veía, para luego enseñarles a mis amigos, familiares. Al fin y al cabo lo importante era mostrar a todos lo que había visto. Así empecé a tomar fotografías. Después acabé yendo a lugares conflictivos. Cometí, evidentemente, muchos errores. Aprendí mucho viendo a fotógrafos profesionales trabajar o pidiéndoles consejos para que me ayudasen a entender cómo fotografiar una situación u otra.

Fotografía de Gervasio Sánchez.

Al inicio, como periodista, usted sólo escribía…

Sí. Lo he hecho toda mi vida y lo sigo haciendo, trabajando como freelancer. Si no escribía no sobrevivía entonces. Y aún menos ahora. Pero, claro, llegó un momento en que mis fotografías ya empezaron a ser un poco más resolutivas y podía hacer dos trabajos a la vez: fotografiar, y hacer textos, en tiempos en los que normalmente el texto lo hacía uno y las fotos otro.

En qué momento decide que, además de fotografiar, lo quiere hacer en contextos de violencia. ¿Por qué arriesgar su vida?

 Yo empecé la universidad tarde, porque entre el bachillerato y la universidad hice dos años de servicio militar. Entré con 20 años a la universidad y mis amigos en aquella época me dicen que yo era el único que tenía claro que quería hacer conflictos armados, porque había leído mucho sobre conflictos armados, porque quería ir al lugar donde pasaban las cosas. Quería ver con mis propios ojos, si lo que contaban los periódicos era verdad o estaba adulterado, y porque siempre he creído en que si quieres conocer algo, mejor hacerlo por tu propio pie a que alguien te lo cuente. Durante la universidad hice algunos viajecitos. Por ejemplo, en el viaje a Turquía me cogió el golpe de Estado[1]. En el viaje a Israel estuve cuando los israelíes invadieron el sur de Líbano, en el 82, y hubieron unas matanzas muy gordas de palestinos.

 

¿Tuvo la oportunidad de hacer fotografías en ese entonces?

La verdad es era muy inocente y no tenía ni siquiera los contactos, ni las acreditaciones necesarias para poder llegar a los sitios. Al final todo quedó en un viaje más iniciático que de resultados periodísticos. Les tengo cariño porque son los viajes en los que aprendí a manejarme en un mundo tan complejo, pero tampoco tengo algún resultado que valga la pena. Si algún día tengo que mostrar las peores fotos de mi vida, seguro muestro ésas.

 

Fotografía de Gervasio Sánchez.

 

Hablemos de Guatemala. ¿Tiene alguna anécdota de la primera vez que vino?

La primera vez que vine a Guatemala fue en 1984, el 17 de octubre. Entré por la Mesilla, desde México, entre la Mesilla y Huehuetenango. Nos pararon unas diez veces diferentes grupos armados gubernamentales: estaban los PAC, estaban los kaibiles, la policía fronteriza y soldados regulares…

 

la guerra es una sucesión de historias inconclusas y no acaba cuando se firman los acuerdos de paz”. Gervasio

 

 ¿Y la guerrilla?

No, en ese momento no había en la carretera. Cuando llegué a la capital, después de una jornada larga de viaje, me instalé en un hotelito de aquí, que se llamaba “Chalet Suizo”. Era un sitio barato y algo seguro. Al día siguiente me levanté muy cansado, escuché un tumulto en la recepción, saqué la cabeza por la reja y había un cadáver decapitado en la calle. En esos tiempos los paramilitares mataban por las noches, repartían los cadáveres, y por las mañanas aparecían tirados en el centro de la ciudad. Fue mi primera experiencia en Guatemala. Luego conocí a personas vinculadas a los derechos humanos, a familiares de los desaparecidos del GAM, que de hecho se acababa de formar, en junio del 84, y yo estuve aquí en octubre de ese año. Tenían cuatro meses de haberse formado y ellos mismos me aconsejaron que tuviera cuidado. De hecho, decidí no trabajar en Guatemala e irme a El Salvador a cubrir la guerra civil, y luego a Nicaragua, que era bastante más seguro, porque aquí estaban las cosas muy mal.

 

¿Cómo hace un fotoperiodista para sobrevivir en contextos de guerra?

Intentaba siempre mantener un perfil bajo…

 

¿Usaba acreditaciones o algún tipo de identificación?

Aquí no me ayudaba mucho. Recuerdo que en El Salvador había un comité de prensa de las fuerzas armadas que te daba las acreditaciones, y era un cariz importante que te permitía ir a los sitios. Aquí, la verdad, me aconsejaron que no me acreditara para evitar que supieran que yo era periodista y que algo me pasara. El país estaba muy complicado: matanzas permanentes y muchos cadáveres en las calles.

 

Fotografía de Gervasio Sánchez.

 

Cuando vino a Guatemala ¿cuánto tiempo llevaba haciendo periodismo?

Bueno, hacía unos meses que me había licenciado en periodismo. Prácticamente tenía cuatro meses de haber dejado de ser estudiante. Guatemala fue mi primer viaje importante iniciático como periodista. Era un viaje de tres meses por Centroamérica.

 

En su experiencia por distintos países, ¿qué tienen en común los conflictos armados, además de lo obvio: el dolor, desapariciones, heridos, muertes brutales y demás?

Lo común de las guerras es que son el mayor fracaso de una sociedad, ya que entran en el círculo vicioso de la guerra y la violencia, y se necesitan décadas para salir de ella. La guerra no se acaba cuando dice Wikipedia. No se acaba cuando se firma la paz. La guerra se acaba cuando las consecuencias se superan. Decir que la guerra en Guatemala se acabó en el 96, o la de El Salvador en el 92, es falsedad. La gente sigue sufriendo las consecuencias de unos acuerdos de paz que no tuvieron en cuenta la posguerra, que no son capaces de buscar soluciones a problemas gravísimos que vienen de antes y continuaron después de los conflictos, desde hace unos 50 años.

 

Sus fotografías son hermosas pero trágicas. Esto pareciera una contradicción muy grande, pero esas imágenes, al estar tan bien contadas, puede que permitan sensibilizar a muchas personas. ¿Hay belleza en la tragedia?

A ver. En la guerra, en la violencia y en la tragedia, también hay momentos de mucha ternura. A los seres humanos que les toca vivir el impacto de la guerra no siempre están bajo la línea de fuego, siendo bombardeados o huyendo. También ocurren cosas bellas: la gente se casa, tiene hijos, se ríe, llora, se lo pasa bien, celebra cumpleaños, se ama. Hay derecho al amor. Hay muchas cosas que ocurren, aunque sea en condiciones tan trágicas, y evidentemente un buen fotógrafo, un buen periodista, tiene que intentar no centrarse solamente en lo más evidente, que son las imágenes de muerte, heridos y la violencia; sino recuperar esos momentos en que los seres humanos han sido duramente golpeados pero se comportan con gran dignidad.

 

Sé que a usted le gusta regresar a los lugares luego de los conflictos. ¿Cuál fue su percepción de Guatemala?

He venido muchas veces a Guatemala. Entre el año 84 y el 92. Estuve en la campaña electoral de Serrano contra Arzú, estuve en lo del Mitch, estuve haciendo un reportaje sobre niños de la calle, colaborando en un proyecto que se llamaba “Casa Dignidad”, o algo parecido, que se dedicaban a sacar niños y niñas de la calle. Niñas que con 12 años se prostituían. Hice reportajes en Chiapas con guatemaltecos refugiados, y también con guatemaltecos desplazados del interior de Guatemala. O sea que he hecho muchas historias y he viajado por todo el país. Me gusta mucho Guatemala. Por desgracia el color que a veces se promociona en la publicidad turística no tiene en cuenta que, detrás de eso, se ha vivido mucho dolor, y que el país se merece una visita en profundidad.

 

Fotografía de Gervasio Sánchez.

 

 ¿Por qué pareciera que existe una tendencia silenciar las guerras?

Porque se quiere evitar conocer las causas de los conflictos. La gente no se mata porque sí. Se matan porque hay intereses y estos intereses están dirigidos por estructuras que ni siquiera son nacionales. En plena Guerra Fría, Ignacio Ellacuría, un jesuita famoso, decía: “Estados Unidos y la Unión Soviética ponen las armas. Y los salvadoreños y guatemaltecos los muertos.” Se silencia los conflictos porque dan a conocer lo que ocurre, como ahora en Guatemala con los conflictos de tierra, hidroeléctricas y las mineras. Se silencia a la población de la capital porque los medios de comunicación importantes están controlados por los que forman los acuerdos con esas empresas. ¿Y ellos a qué se dedican? a sacar el mayor beneficio de esos recursos, muchas veces poniendo en peligro la vida de los ciudadanos locales, y muchas otras esquilmando los recursos para otros países, desde tierras que deben pertenecer por derecho ancestral a sus pobladores.

Quizá estos abusos de poder y las nuevas formas de saquear los recursos son modalidades de continuidad de aquel conflicto.

 

¿Cómo ve usted el estado del periodismo actual en relación a estas formas de violencia en nuestro país?

En Guatemala por ser periodista te pueden matar, de hecho matan. Estuve aquí en enero y febrero, y el día antes de marcharme mataron a dos periodistas, encontrados en un cañaveral asesinados y con las manos atadas detrás. Dos jóvenes periodistas que fueron asesinados vilmente. Las amenazas de muerte en este país son muy fuertes y, al final, los que amenazan consiguen lo que quieren: que nadie cuente lo que está pasando, la verdad sobre los poderes fácticos. Los blancos, algunos ladinos, e incluso indígenas que dirigen este país, se dedican a esquilmar y a enriquecerse, no a velar por el desarrollo de este país.

 

Fotografía de Gervasio Sánchez.

 

Hace unos días retuvieron a una joven periodista…

Sí, una muchacha periodista guatemalteca retenida por unos guardias de una hidroeléctrica. Esto es habitual si te atreves a meterte en una zona donde hay intereses en conflicto. Guardias privados que se dan el lujo de amenazar y amedrentar una periodista y, bueno, el gobierno de Guatemala tenía que intervenir automáticamente y liberarla y juzgar a los que hicieron esto…

 

 Sería distinto si el periodista fuera extranjero…

Sí, se lo pensarían dos veces antes de hacerme algo. Primero porque soy un periodista extranjero y, segundo, porque soy conocidísimo y si me pasara algo aquí, seguramente tendría grandísimas repercusiones. Matar periodistas locales es muy cómodo, es como matar activistas. Te sale barato porque nadie te conoce, y a veces tienen nombres difíciles de pronunciar y al día siguiente se olvidan. Salvo cuando hacen algo como  lo que hicieron con Berta Cáceres en Honduras. Hoy día los que ordenaron matarla no la matarían, porque saben que muerta les ha costado más cara que viva. El impacto mediático. De hecho, desde que la mataron, el número de homicidios a activistas ha descendido. Las amenazas siguen siendo muy fuertes, pero se la piensan dos veces.

 

Fotografía de Gervasio Sánchez.

 

Es importante matizar las dos caras del mundo de la comunicación. Tanto el periodismo que se la juega y apuesta por la denuncia, como su contraparte, los medios formales, es decir, las empresas televisivas y diarios populares que están plagados de información inútil o incompleta, que transpiran una especie de narcisismo fotográfico. ¿Cuál es la diferencia entre ese narcisismo fotográfico y el trabajo de un fotoperiodista?

En el mundo actual hay mucha gente que cree que lo importante son los premios que tú tienes, que tu imagen pública sea rápidamente reconocible. Gente incluso que piensa que lo importante es lo que le pasa a ellos mismos. Esta gente está errando desde mi punto de vista. Lo importante como fotoperiodista es documentar lo que ocurre y comunicar las historias de la gente que no tiene voz. Incluso entre los artistas hay quienes están más preocupados por la venta de la obra que por el impacto emocional o el referente social que pueda tener. Hay demasiado narcicismo como tú dices, ombliguismo como yo digo, y mucha gente que no entiende que hay profesiones en que la responsabilidad te obliga a hacer cauto. El periodista es alguien muy básico. Yo digo siempre que el periodismo es tan importante para la sociedad como la educación y la sanidad. Una sociedad sin buena educación o sanidad, como la guatemalteca, está totalmente condenada al fracaso. Una sociedad sin buen periodismo, como la guatemalteca o la española, está totalmente condenada a la manipulación. Por eso es tan importante que las personas que ejercen el periodismo sean conscientes de su trabajo. Tú no puedes decir, trabajando en un medio, que si me meto con la empresa tal me quedo sin trabajo. ¡Pues elige otra profesión! Tú como periodista no puedes justificar las mentiras o la corrupción. No voy a criticar a ningún compañero porque trabaje en un medio formal y evite jugarse su puesto laboral, porque cada uno conoce su propia economía en casa. Pero cuando uno decide ser periodista debe saber que el periodismo no es para acostarse con el poder político y económico. El periodismo es para vigilar las contradicciones del poder. Para mostrar con claridad la cara oculta el poder político y económico. El periodista debe ser un ente que mejore la calidad informativa o cultural de una sociedad. No es para perjudicarla más.

  

  

Gervasio Sánchez nació en Córdoba, España, el 29 de agosto de 1959. Lleva más de 30 años dedicándose al periodismo y a la fotografía.

 

 

[1]    Se refiere al tercer golpe estado producido en la historia de Turquía, en 1980, el cual terminó en la instauración de un régimen militar que se mantuvo hasta 1983.

Autor: Andina Ayala

(Guatemala, 1989) Practicante de la introspección como uno de los caminos hacia una convivencia real e integra con los otros, creyente de la ironía como herramienta pedagógica, hedonista, aprendiz de madre full time, politóloga empírica, muy muy empírica y antropóloga de formación en la USAC.

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