Era el punk o visitar al puto psicólogo

Punk

La muchachada punk. Fotografía de Elí Orozco

La vida universitaria es a mi parecer la época más determinante de nuestra existencia, donde conocés a todo tipo de personas con cada idea y cada locura. Fue aquí cuando me topé con un amigo, que aparte de coincidir en vergueras y chingaderas, lo consideraría un melómano incorregible que me ayudó a expandir mi gusto por la música incitadora a la violencia.

El punk resultó ser uno de esos géneros que me impactó emocional y mentalmente, con este cuate conocí a Sudor de Huevos, una banda de street punk con letras demoledoras y un sonido tan crust que dan ganas de reventar a vergazos a alguien, como punto de partida solo escuché unas cuantas rolas que me pasaron en una USB. Ya hace casi dos años asistí a mi primer toque punk, a uno de los tantos y famosos Stage Punk, serie de conciertos en la cual se han presentado una amplia variedad de bandas de la escena emergente punk que poco a poco fui conociendo al ir cayendo a los toques, creo que no hay nada más de ahuevo que conocer una banda en vivo sin saber ni haber escuchado nada de ellos antes. Recuerdo que ese Stage Punk tenía algo peculiar, se presentaba Antibanda, una agrupación proveniente de Uruguay. Esa noche se rolaron buenos vergazos en el pit y un cerote ‘’x’’ se ganó una botella de tequila que le roló a toda la banda (incluyéndome).

Conforme fueron pasando los toques

Siempre se sumaba una que otra banda nueva, hubo una noche en la que hasta se dejó caer una comitiva de cheros punketos (verga de locos los cerotes) pero de ahuevo, creo que ese fue mi segundo toque de punk. Se armó un gran talegueo. Paralelamente a la adrenalina, descubrí aquí un espacio para mí, como talvez muchos de estos chavos y chavas, un espacio en el cual aprendí a dejar mis enojos y mis frustraciones, aprendí a tirarme verga con extraños, pero sin la intención de dañar alguien por puro gusto sino que esto se me presentó como un sitio de violencia colectiva y recíproca, muchos jóvenes antisistema, con looks y playeras únicas que te trasmiten ese menaje de inconformidad por las injusticias de la vida que muchos hemos vivido pero que tristemente nos han enseñado a normalizar y reprimir.

El mundo del punk es otro

Aquí no importa nada más que tirar la danza como loco al igual que los golpes, conforme fui llegando a los toques había bandita que ya me identificaba y con la que hablaba, para no ir tan lejos, a finales del año pasado me fui de colado al Quetzaltecla en Santa Ana, este viaje fue otro nivel, con decirles que esa noche me dieron verga como 6 cerotes a lo skinhead, estuvo bien. Situaciones de adrenalina que valen la pena vivir aunque te hagan verga, allí tuve la oportunidad de viajar con Sudor de Huevos, Dezerebradoz, Los Nadie, Invasión 89 entre otros que ya no recuerdo, en fin un viaje para no olvidar. En ese tour fui bautizado como ‘’Hippie’’ (supongo era por la chaqueta de Todos Santos, Huehuetenango que mi abuelita –Big Mama- me regaló para mi cumpleaños). Decidí llevármela a El Salvador y la usé en el talegueo, quizá por eso y por ser el único de pelo largo.

Dejando por un lado la historia anterior, ahora haré énfasis: la presencia femenina en los toques. Observar a las chavas al tú a tú con los chavos y ver que los pits se volvían cada vez más inclusivos, verlas acertar vergasos a la mara, es más, este fin de semana se llevó a cabo un Stage Punk en el Centro, llegué tipo nueve y había mucha gente, pareciera que cada vez que hay más presencia. Se presentaron Unión Stricken, Los Nadie, Trastorno, Sudor de Huevos, Hawaians Cobra Kai, Xska Chop y Warning. Si quieren imaginarse cómo estuvo el toque, con esto creo que les puedo decir todo: Tengo un severo dolor en una costilla, talvez me la fisuré y me peló la verga. Como siempre, el toque estuvo la mera verga y de una anunciaron que para septiembre se presenta en el país The Casualties (Estados Unidos).

Ya terminando con mi aventura de noches violentas y uno que otro estupefaciente, llegué a la conclusión que este espacio es como mi escape, es la burbuja donde existe esa libertad de expresión que no he encontrado en otro sitio y no precisamente por las palabras sino por la naturalidad del lenguaje corporal y las trasgresiones que se trasmiten y que liberan mis ansiedades, mi desesperación de los días malditos y sobre todo volver a un estado de relajación y satisfacción de saber que todo aquello que odio queda en un sitio (al menos por un momento) y donde con el tiempo vuelva a ver a las mismas personas o a otras pero igual a seguir fluyendo con ese sonido tan incitador al desorden y la despreocupación, en donde mi única pena es no caer y hacerme verga.

Los invito a caerse a los toques, apoyar la escena, el costo de la entrada rara vez supera los 15 o 20 quetzales y les aseguro que les va a gustar ver con sus propios ojos el desorden humano que somos, donde no existe discriminación o exclusión alguna.

¡Oi! ¡Oi! ¡Oi!

Que el punk salve a Dios y mate a la reina.

Autor: Rodrigo Nájera

Comparte esto en

Danos tu comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *