Es de majes celebrar la firma de la paz

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Fotografía de Fernando Chuy

Siempre me ha causado conflicto ese dogma de la iglesia en el que le piden a sus feligreses que se arrepientan de sus pecados, me parece una salida muy fácil. Sería más conveniente que le enseñaran  a su gente a asumir las consecuencias de sus actos, de esa manera tendríamos un mundo sin gente arrepentida y más consecuente.

El 29 de diciembre de 1996 se firmó la paz en Guatemala, ya pasaron 20 años desde ese significativo acontecimiento, hasta parece que fue ayer el día en que Álvaro Arzú gritaba a toda voz frente al Palacio Nacional “!PUEBLO DE GUATEMALA, LA PAZ HA SIDO FIRMADA!”,  es irónico pensar que ese mismo man ahora es nuestro alcalde y a veces se atreve a dar ideas tipo “Les voy a dar palos y chalecos de La Muni para sacar a los vendedores ambulantes a morongazos”. Estamos hablando del mismo tipo  que tiene la Sexta Avenida llena de policías armados, listos para la batalla.

Sin embargo, hace 20 años cuando se firmaron los 12 acuerdos que prometían restablecer al país y sacarlo de su zona de guerra para dignificar la vida y hacer prevalecer la justicia social, nada en realidad sucedió así. ¿Pero qué esperábamos?, ¿Se le podrá enseñar a un perro  que ha sido entrenado toda su vida para ser agresivo y atacar al enemigo otras formas menos violentas para interactuar?

En Guatemala sucede algo similar, el Acuerdo 5 sobre Identidad y Derechos de los Pueblos Indígenas, inicia de esta manera: “Para superar la discriminación histórica…” lo que me causa conflicto es el “superar” pues en lugar de superar la discriminación histórica; se debería asumir ésta, desde aquellos que se encuentran en el poder. El primer paso es conocer la historia y reconocer que aquellos que estuvieron y están en el poder poseen actitudes racistas y discriminadoras que generan acciones y discursos de desigualdad hacia la población.

En su más específico significado, la paz, según discursos onegeros es: “Hablar de igualdad de oportunidades para todas las personas; de respeto de los derechos y libertades; de solidaridad y cooperación entre todas las personas para crear un mundo de bienestar compartido y justicia social.”

Más allá de los avances que los Acuerdos de Paz trajeron, es necesario un cambio de fondo y no de forma, el lenguaje del guatemalteco está plagado de acciones racistas y peyorativas del tipo “indios”, “choleros” y “shumos”, vocablos eminentemente discriminatorios. La primera acción debería ser el reconocer este fenómeno “cotidiano” para enfrentarlo y cambiar esta realidad. Reconozcamos también que nuestro presidente tiene y tuvo infinidad de acciones racistas como en su mediocre programa de televisión y que muchos de los diputados y demás burócratas desgraciados también las tienen.

No podemos asumir  una cultura de paz por un ridículo cartel que la Municipalidad puso en las pasarelas con el texto de “Las guerras son inútiles” La paz no es la ausencia de guerra, la paz es construir un sentido de camaradería unos con otros.

No puede haber paz si no hay justicia.

No puede haber paz si aun existen desaparecidos.

No puede haber paz si limitan la libertad de expresión,

No puede haber paz si las transnacionales usurpan y destruyen territorio nacional.

No puede haber paz si hay racismo.

No puede haber paz si hay soldados armados por todos lados.

No puede haber paz con un alcalde racista.

No puede haber paz con una clase media viviendo en una burbuja.

No puede haber paz con criterios cerrados.

No puede haber paz sin diálogo.

La paz no es una alegoría poética de un niño vestido de blanco, a ese niño lo mataron  durante el conflicto y ahora le quieren poner una manta blanca y esperar que nadie llore el cadáver.

Autor: Maya Juracán

Pretenciosa de nacimiento, Historiadora por profesión, Gestora cultural por necesidad y en bici de Hello Kitty por la zona 1.

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