Femicidios de ayer y hoy

Tiempo atrás, todos hablaban del próximo performance de Regina José Galindo, todos se preguntaban sobre qué o cómo sería, algunos hasta lo criticaban prematuramente. En lo personal, nunca había escuchado nada sobre ella o de lo que hacía.

“Presencia” de Regina José Galindo. Fotografía de Ameno Córdova

Regina busca con el performance Presencia, reivindicar a las mujeres que han sufrido el femicidio en Guatemala, de una manera —para mí— bastante curiosa, usando los vestidos de las víctimas.

Presencia arrancó el lunes 6 de marzo desde el mediodía hasta las dos de la tarde, en marco del Día Internacional de la Mujer. Luego ya nadie comentó acerca de la artista, ni había más publicaciones del evento que se estaba llevando a cabo esa semana. Me intrigó un poco y quise ir a ver —como buena curiosa que he sido siempre—pero se me dificultó por la temporada de parciales y lecturas cargadas que tenía en la universidad, así que lo seguí postergando. Había gran cantidad de conversatorios y demás actividades organizadas por la comunidad feminista a las que quería asistir e involucrarme.

Ameno Córdova es una de las personas que me han motivado a encontrarme a mí misma (además de ser un gran amigo). Él estaba documentando el proceso, le hablé el miércoles para saber cómo había estado y él inmediatamente me sugiere que vaya a ver a Regina, que el performance era interesante y conmovedor.

Fotografía de Ameno Córdova

Mientras nuestra conversación tenía lugar, seguía la noticia de las (hasta ese entonces) 18 niñas fallecidas en un incendio en el “Hogar Seguro” Virgen de la Asunción. La tragedia me conmocionó tanto que no lo podía creer, todos los noticieros y medios digitales hacían circular información, todos la habían visto y la reacción de mis compañeros no pasaba más allá de decir “¡Qué tristeza!”, “¡Ay!, pobrecitas” y algunos se atrevían a decir  “…se amotinaron porque querían escapar, pero nadie dice que eran delincuentes”. No podía creer esos comentarios tan insensibles. Sé que no soy la persona más sensible del mundo pero estos comentarios sólo me causaban náusea y malestar, pensaba en esas niñas como las víctimas de una atrocidad.

Las versiones eran varias, unos decían que eran delincuentes, otros que ellas mismas decidieron prenderse fuego, que entre ellas se cometían los abusos, etc. Meses antes, dos juezas habían ordenado que se cerrara el “hogar”, pues las denuncias sobre los abusos seguían. Las órdenes nunca se cumplieron, pero ¿por qué? ¿Acaso es gracia causarles daño a los niños y jóvenes? ¿Quién tiene corazón para que eso se siga cometiendo?

La cifra de niñas muertas iba incrementándose a medida que pasaban las horas, las redes sociales estaban inundadas, la indignación crecía cada vez más. Los diversos puntos de vista aparecían: unos exigiendo justicia y por otro lado seguía mostrándose la apatía e indiferencia de muchos guatemaltecos con argumentos como “así ha sido siempre”, “verán que las protestas y manifestaciones no logran nada”, “son otras muertes, nada más”.

Yo no podía dejar de pensar en cómo se violentaron los derechos de las niñas, cómo su status económico, su educación, su situación con la ley, pero sobre todo su género habían sido motivo para vulnerarlas, para tratarlas y “desecharlas” tan inhumanamente.

El plantón frente a casa presidencial del día siguiente (jueves) fue bastante fuerte para mí, muchas mujeres gritaban exigiendo justicia y el esclarecimiento sobre dicho crimen de Estado. Las velas, los llantos y las lágrimas opacaban el ruido de las cámaras de los fotógrafos de los medios. Por momentos habían silencios, silencios dolorosos, el ambiente era tenso y triste. Nadie quería estar así, nadie quería gritar por una situación como esta, nadie quería que este fuera el motivo por el que los guatemaltecos saliéramos a las calles otra vez. Hasta ese momento nadie sabía el nombre de las niñas, únicamente gritábamos el número de víctimas seguido por un sonoro ¡JUSTICIA!

Llegó el viernes y lo sucedido era el tema de conversación en las clases de la U. Muchos compañeros aún mostraban su indiferencia con comentarios como los que mencioné antes, nadie quería involucrarse. No los culpo, ellos son el resultado del sistema en el que vivimos. A mediodía, las calles de zona 1 estaban más solitarias de lo usual, la Plaza de la Constitución estaba llena de velas de la noche anterior, la calle de la Casa Presidencial aún tenía algunos carteles, las siluetas de niñas de papel pintadas en el piso y restos de cera de candelas.

Fotografía de Ameno Córdova

El camino se me hacía cada vez más largo. Entro a la Casa de la Memoria (lugar que acogió la presentación de Regina ese día), y la encuentro de pie con un vestido de tonalidad infantil, tomo una hoja donde se menciona el nombre de la dueña del vestido y su historia. Se trata de Dora Alicia Secaira Medrano (Dorita), una niña de 13 años con síndrome de down que vivía con sus padres, doña Olivia y don David, en una humilde vivienda en Palencia. Un día un grupo de hombres y mujeres irrumpieron con violencia en la vivienda. Mientras madre e hija estaban solas, fueron golpeadas fuertemente y violadas, para luego asesinarlas. Los criminales tenían como objetivo robar las pocas pertenencias y los animalitos de crianza que tenían en el patio de su casa. Creyeron muerta a doña Olivia y para deshacerse del cadáver decidieron ir a tirarlo a un barranco, ella sobrevivió, a Dorita la dejaron en la casa y le prendieron fuego con cuatro galones de gasolina, ella murió carbonizada. Doña Olivia sobrevivió, reconoció a los agresores (que eran sus vecinos) y estos fueron condenados a 50 años de prisión.

La historia me conmovió; ver a Regina con ese vestido, de pie, frente a nosotros, me hizo quebrar en llanto. No podía evitar imaginarme ver a una niña inocente frente a nosotros, con mucho futuro por delante, que ya no pudo jugar, reír, cantar, bailar. Esa niña estaba llorando en el cuerpo de la artista, mostrando su dolor, su inocencia, su espíritu infantil y alegre, como la recuerda su madre. El dolor, los gritos, los forcejeos que la niña hizo al momento de luchar por su vida caían en cada lágrima que brotaban de los ojos de Regina. Los asistentes la observábamos y llorábamos, era una historia desgarradora. Veíamos a la niña de pie frente a nosotros, llorando y lo único que podíamos hacer era abrazarla para consolarla, tratar de disminuir su dolor, secar sus lágrimas, besarle la frente pues,  ella solo necesitaba amor.

Dos horas pasaron lentamente y nosotros no podíamos evitar sentirnos impotentes y por momentos desahogados. Así como Regina interpreta a Dorita, también interpreta a más mujeres, amigas, madres de familia, compañeras, hermanas; así se siente el dolor de las víctimas cada vez que usa sus vestidos, así llora, así abraza. La energía es distinta con cada una de ellas, como si aún estuvieran con nosotras. Al finalizar el performance veo que Regina tiene un momento a solas para sanar, se limpia las lágrimas, se cambia y vuelve a ser ella misma. La admiré. Ella me hizo ser un poco más perceptiva, más sensible y como ella dijo antes, a “ponerme en el vestido de las otras”.

Fotografía de Ameno Córdova

Cuando me retiré con Ameno, las preguntas empezaron a invadir mi mente, era prácticamente una pregunta por cada 5 pasos que daba. ¿Y si las hubiésemos escuchado cuando denunciaban los abusos? ¿Y si no existiera tanta indiferencia? ¿Por qué fueron únicamente niñas? ¿Por qué querían silenciarlas? ¿Por qué ya no se le dio seguimiento a sus casos? ¿Quiénes son los responsables? ¿Por qué se considera al Estado como responsable? ¿Es necesaria tanta pérdida de vidas? ¿De verdad es necesario que esto pase para que nos demos cuenta que el país está en crisis?

Así como pasó con las mujeres del performance, así como pasó con las niñas y adolescentes del “Hogar seguro” Virgen de la Asunción, así sucede cada día con muchas otras mujeres, así ha sido desde hace mucho tiempo, se les ha callado como medida de represión, se les ha vulnerado, violado, asesinado, descuartizado, quemado, enterrado. Se nos ha callado y sólo con este tipo de catástrofes se hace evidente.  ¿Qué vamos a hacer ahora? ¿O vamos a dejar seguir dejando la sangre  correr?

Autor: Ivonne Monterroso

Ivonne Monterroso. (Guatemala 1994 - ...) Morena de ojos grandes, melómana, "tía cosa" por las noches, cantante de ducha, inquieta por naturaleza, astral nebulosa, soñadora y amante de todo.

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