Guatemala: clasificación R

Todos hemos visto más de alguna vez esa escena.  El aire está tan cargado de polvo que se siente como una lija garganta abajo y directo a los pulmones. El sol pega tan duro que las cosas pierden sus colores y todo es de un blanco que lastima. Hay dos cuerpos encontrándose en medio del desierto y no se tocan. Un par de segundos se sienten como la eternidad mientras el pulso nos revienta en los oídos. Cuando empieza la balacera ya no hay forma de saber quién pudo alcanzar el arma de primero.

Casi todos crecimos con uno de esos escenarios presente en el imaginario. El de un duelo tomando lugar en un pueblo de frontera donde no hay leyes y el más vivo está a un día de ser un cuerpo sobre el suelo.  Y si nacimos en uno de estos rincones saqueados e intervenidos por siglos muy probablemente lo hayamos vivido también.

Puede haber sido de cerca camino al trabajo cuando esquivamos la cinta amarilla que enmarca un cadáver, puede haber sido en la vida interrumpida de uno de los nuestros, puede haber sido en el miedo con que alguien le encomienda a un dios vengativo nuestra vida antes de salir de casa. Lo que asusta verdaderamente del caos es lo conveniente que se vuelve no encontrarle explicaciones. Todo horror tiene sus reglas.

Es apenas mitad de la semana y ya se siente como nos arrastramos entre la mierda buscando un segundo de respiro. Hace un tiempo tenía entre las manos (metafóricamente obvio porque la oferta literaria en este país es por demás escasa y conservadora) un libro llamado Capitalismo Gore.  La autora había regresado a Tijuana, su tierra natal, después de haberse ido un tiempo. En el camino entre el aeropuerto y su casa había caído del vehículo que manejaba frente ella algo muy particular: un torso humano. Bienvenido a Tijuana.

Y bueno, la cosa va así: hace ya tiempo que se abandonó la esperanza que poquito a poco las dinámicas violentas y oscuras de los territorios de frontera comenzaran a normalizarse. Sayak (la autora) afirma que las sociedades fronterizas han sido de hecho una especie de precedente, de predicción si se quiere, sobre la forma que en que se irían estructurando nuestras comunidades bajo la voracidad del capitalismo globalizado.

Se quiera o no, la violencia es gentilicio, transversal a todas las generaciones de este país. Fosas comunes, pueblos arrasados, granadas, balaceras en hospitales, niños muertos de hambre, niñas calcinadas en la hoguera,  guardias armados hasta los dientes custodiando objetos sin pulso, siempre sin pulso: cuerpos sobre el suelo. Bienvenido a Guatemala.

Hay algo que está claro: hasta nos han tomado las ideas por asalto. No nos engañemos, la USAC es predicción de lo que viene. La autonomía por la que muchos vivieron y murieron ha caído en manos del crimen organizado, convirtiendo el campus en un agujero negro, un paso libre para el tráfico de armas, de drogas, de influencias, de gente (si, trata de gente)

Se jala un primer hilo. Sale un grupo de encapuchados organizando fiestas desproporcionadas y recorriendo el campus con armas de fuego. Se jala otro. Salen empleados de seguridad privada custodiando  borracheras. Se jala otro. Sale un grupo de matones que resguardan un imperio a base de usurpar un puesto político que alguna vez estuvo no a la vanguardia, sino sobre todo a un lado,  compañero de las luchas de este país. Se jala otro. Salen sus jefes, allá arriba en un edificio patrimonio clase A y sus conexiones con el colegio de abogados, las elecciones a decano, a magistrados. Se jala otro. Mierda entre la mierda, telarañas de posguerra.

Y en medio de este pueblo de fronteras, esta comunidad que ya no quiere al narco de la cuadra, se reunió hoy  más de un centenar de jóvenes para exigir que se devele no solo a los matones, sino a quien dan las órdenes. A quien le es rentable la violencia.

Tienen nombre y apellido. Frecuentemente sus víctimas no.

Fotografía de Lozano

Continuará…

Autor: Andrea Morales

Andrea Morales. Nacida en México en 1993 y criada en Guatemala en medio del exilio de los que regresan. Guionista, poeta y estudiante de Antropología.

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