Guatemala, dos años de prosperidad ininterrumpida

A las orillas de un viejo

yo vi se sentaba un río

afilando su caballo

dándole agua a su cuchillo.

Peregoyo y su Combo Vacaná – El mundo al revés

Es un martes fechado 12 de septiembre del año 2017. Amanece en ciudad de Guatemala, uno de los países más prósperos de la región y del continente. Sin mayor novedad, aunque con el moderado tráfico acostumbrado, pobladores de los lujosos complejos habitacionales ubicados en la periferia del área metropolitana se disponen a iniciar una nueva jornada laboral en los centros de trabajo de la apacible ciudad capital. Lejos quedaron aquellos días en que un viaje en automóvil desde los anillos suburbanos hacia la capital representaba horas de tedio para impacientes conductores atrapados en la “hora pico”, síntoma superado del pasado tercermundista del país.

Las condiciones de vida han cambiado vertiginosamente en Guatemala desde la toma del ejecutivo por parte del presidente Jimmy Morales, nombrado en su momento la persona guatemalteca viva más inteligente. Honor nada despreciable tomando en cuenta que al menos dentro de las élites económicas del país ha existido una tradición memorable de ciudadanos criados para sobresalir en distintas ramas del conocimiento occidental y al paso,  conducir el futuro del país.

El último ejemplo del linaje aristócrata a cargo del ejecutivo tuvo ocasión durante el mandato de Óscar Berger; personaje no muy agradable a la vista, petizo y tartajo, pero desbordado de elocuencia. Sus discursos solían deslumbrar a las cámaras noticiosas y a un pueblo que, en medio de la humildad más paciente, siempre ha privilegiado las virtudes trascendentes a las meras apariencias y accidentes de la naturaleza.

Sorprendía entonces que un personaje salido de las capas medias lograra destacar a pesar del prolífico semillero de aristócratas dispuestos a tomar las riendas del país toda vez que el clamor democrático lo demandase. Dato curioso y casi desconocido es que el presidente Morales fracasó en el universo de la comedia, por razones completo ajenas al talento. Lo que se dice de los profetas en sus tierras, aplica bien; acaso el público guatemalteco no reunía las condiciones culturales y psíquicas para entender la propuesta de humor transgresor del comediante. Tras varios intentos de llevar a la pantalla chica un programa de refinado humor iconoclasta, desistió para dedicarse de lleno a la política, actividad a la que se consagra hoy día para fortuna de sus conciudadanos y, huelga decir, de la humanidad.

La razón por la que Jimmy Morales fue recién nominado en dos categorías al premio Nobel, es simple. Su gobierno es la prueba fehaciente (cuando el mundo empezaba a creer lo contrario) de que el neoliberal es el único sistema económico capaz de salvar a la humanidad de la constante crisis  que engendra la macroeconomía especulativa, siempre y cuando un estricto régimen anticorrupción se aplique en todas las instituciones del Estado. «Friedman (Nobel de economía, 1976) tenía razón, pero hacía falta un personaje del talante de este simpático guatemalteco para hacer realidad la quimera del neoliberalismo”, ha comentado Slavoj Zizek, el principal de los teóricos neoliberales contemporáneos, acerca del presidente centroamericano.

Por otro lado, las intenciones del mandatario de contrarrestar el clima de violencia y polarización heredado del conflicto armado sufrido en el país en la segunda mitad del siglo XX, se manifestaron desde el primer momento al congregar en su partido a varios representantes de la nueva política nacional, defensores de un discurso tolerante en términos políticos y libres de responsabilidades históricas ligadas a crímenes de guerra.

Líder indiscutible de esta alianza sui generis, Jimmy Morales, pasará a la historia como “El Ungido”, apodo popular del cual ha renegado, aduciendo estar en contra de toda muestra de culto a la personalidad y de exaltaciones religiosas que atenten contra el mandato constitucional del Estado laico.

No extraña que su capacidad política al cimentar un clima de paz, modelo para el resto de países de la región, derivaran en una serie de reconocimientos internacionales e influyeran en la decisión reciente de las Naciones Unidas de retirar el apoyo de la Cicig (Comisión internacional contra la impunidad en Guatemala) del país centroamericano.

La Cicig fue concebida como un proyecto piloto de Naciones Unidas a utilizarse en países donde la impunidad, el crimen organizado y demás poderes ocultos impidieran el ejercicio democrático que debe imperar en toda nación que se precie. «A la larga, la Cicig sería una entidad de carácter temporal aliada del Estado guatemalteco que fundiría los cimientos de una nación soberana e independiente, objetivo primordial de las Naciones Unidas toda vez que interviene directamente en la política de Estados en crisis como el nuestro», comentaba Mario Roberto Morales, uno de los analistas a favor del experimento de Naciones Unidas en Guatemala.

Claro está que funciones de la Cicig no tienen sentido y son un gasto innecesario de recursos en la Guatemala de Jimmy Morales, cuya popularidad es insólita, gracias a la prosperidad y paz que ha garantizado para su país.

El pasado 6 de marzo, distintos sectores de la sociedad civil giraron un cheque por Q50,000.00 a nombre del presidente, acusando un bono social por su extraordinario desempeño. Situación ridícula en cualquier parte del mundo, sólo explicable por el desborde económico que atraviesa el país en los últimos tiempos y que se ha visto acelerado durante el presente año. Como era previsible, el mandatario rechazó el cheque redirigiéndolo al gasto público en materia de cultura, rubro que nunca está demás engordar.

Este martes transcurre con plena tranquilidad como cualquier otro.  Los viajantes que entran por Mixco hacia la ciudad capital pueden observar una manta publicitaria que reza «Es un don ser guatemalteco». Sonríen orgullosos y confiados: sus plegarias fueron escuchadas.

Autor: Camilo Villatoro

(1991-…) Escritor de ficciones y sátiras, esteta, nápiro y humorista iconoclasta. Nacido en México pero de identidad guatemalteca. Según un primo borracho que lo quiere mucho, “la persona guatemalteca más inteligente de todos los tiempos, pasados, presentes y futuros” —cosa no muy difícil de lograr. Pese a esta espectacular ventaja evolutiva, su intelecto es inversamente proporcional a su modestia; el único problema es hacerlo creíble.

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