¡Hueco!

Por René Franco

Un hueco es un hoyo, algo que está vacío. Nunca he entendido la relación entre un hoyo y el término ‘hueco’, común para referirse a los homosexuales en Guatemala; me molesta este término y me molesta más, que haya llegado a tal nivel de normalización en la sociedad guatemalteca, que -incluso- sea usado para bromear a lo interno de círculos de amigos en donde hay homosexuales (activistas de la diversidad sexual incluidos).

Varios siglos de investigación científica sobre (homo)sexualidad, señalan que la misma es genética, se trae al momento de nacer y no es algo que se pueda elegir, lo que sí se puede elegir es asumirla ante sí y ante la sociedad de forma abierta y plena. El 17 de mayo de 1990, la OMS expulsa de su listado de enfermedades mentales a la homosexualidad, para conmemorar esta fecha, se organizó la actividad “Necesitamos más besos” en la Plaza de la Constitución, que entre otras cosas buscaba evidenciar la necesidad de recuperar espacios públicos por parte de la población diversa sexual, las redes sociales se inundaron de comentarios positivos a este respecto (está demás decir que también de comentarios llenos de falacias censurando la actividad, basados -en esencia- en prejuicios morales y/o religiosos).

Es difícil destruir prejuicios, sobre todo cuando desde las religiones y el Estado, se siguen reproduciendo. Las relaciones diversas tampoco escapan de reproducir machismo y patriarcado, pareciera que se trae en las venas, no importando orientación sexual o identidad de género. Guatemala y sus males, dentro de esos ‘males’ el patriarcado, machismo, misoginia, heteronormatividad y LGTBIfobia.

A gay couple kisses during the Gay Pride Parade in Guatemala City, on June 27, 2015. AFP PHOTO/Johan ORDONEZJOHAN ORDONEZ/AFP/Getty Images ** OUTS - ELSENT, FPG - OUTS * NM, PH, VA if sourced by CT, LA or MoD **

Fotografía de Johan Ordóñez

Activismo

Hasta hace algunos años, el activismo de la diversidad sexual estaba circunscrito a temas de salud sexual y reproductiva, no obstante -en buena medida- por la presión de la cooperación internacional, el activismo ha transitado a temas como incidencia política y a la vez, a resolver otros problemas que en determinado momento no se hacen visibles, como el bullying homofóbico, que debería estar considerado como problema de salud pública, cuando genera expulsiones de planteles educativos y suicidios por parte de quienes lo sufren.

La homosexualidad no es una enfermedad y no mata, la homofobia sí mata. La lucha por los derechos de la población diversa sexual, no va encaminada a la obtención de privilegios, este fuera el caso si se luchara para que esta población no pague impuestos como las iglesias y las transnacionales; la lucha es más bien para buscar igualdad. No es posible que la ciudadanía diversa, sea tratada como  de segunda, tercera, o cuarta categoría. La lucha es sobre todo por los derechos humanos.

Mucho por hacer

El camino es amplio, pasa por transformar a la sociedad en su amplio sentido; desde el sistema educativo se debe reformar lo relacionado a salud sexual y reproductiva e instruir acerca de las distintas identidades sexuales y/o de género existentes. A la población diversa sexual, le toca empoderarse y dejar de creer que la solución es vivir la identidad sexual o de género bajo los cánones de la clandestinidad o el anonimato -aunque se entiende que existen algunos que así deciden hacerlo por temor a perder la vida- y peor aún: Creer que las violaciones a derechos humanos por parte de la PNC y otras instituciones del Estado, es algo completamente ‘normal’ y parte de la cuota que se debe pagar por ser gay, lesbiana o trans. Una agresión física -por estas razones- no debe considerarse como algo completamente normal. Si usted ha sido víctima de alguna violación, pregunte por Gabriela Tuch -defensora de la diversidad sexual- en la PDH (14calle 9-53, zona 1) para que le asesore. Pero a nivel interno, nos corresponde dejar la ‘gordofobia’, la ‘obviofobia’, la ‘plumofobia’; y sobre todo dejar de reproducir contenidos denigrantes y prejuiciosos en las redes sociales.

La lucha impulsada desde las organizaciones de la diversidad sexual no tiene por agenda el matrimonio igualitario, adopciones o un régimen de familia específico. Todavía se lucha para que a nadie se le excluya del sistema educativo, por profesar una identidad diversa, se lucha para que nadie sufra discriminación por parte del sistema de salud; hace algunos días, se dio un plantón frente al congreso de la República, para exigir que se firmara el acuerdo con el fondo mundial y que quienes viven con VIH no pierdan su tratamiento médico. El camino es largo.

Panorama sombrío

No todo es catastrófico en esta lucha, la solidaridad por parte de muchos sectores se ha patentizado con el pasar del tiempo, sobre todo de población heterosexual, aun y con las implicaciones que tiene lo “políticamente correcto” y que se puso de moda, en ocasión de las manifestaciones, en 2015. Esta lucha, también incluye a mis amigos ‘progre’, les cuesta dejar de tener esa visión tan patologizada sobre este tema; solo soy gay, no me falta ninguna extremidad, y tampoco soy discapacitado mental, no me tengan lástima.

El sábado a las 10:30 de la mañana, saldrá la V Gran Caminata contra la Homofobia desde el Obelisco, hay que ir. Yo iré, porque quiero que se deje de tener esa visión tan sexualizada y genuflexa, sobre la población diversa sexual; es cierto que tenemos sexo -muy bueno, por cierto- pero además somos ciudadanos, pagamos impuestos y desde nuestras trincheras edificamos una mejor sociedad, en la que cada persona tiene cabida.

Ojalá algún día pueda marchar con mi familia. Ojalá algún día pueda caminar libremente, sin temor a ser agredido o asesinado por ser quien soy, ojalá la política pública en materia de diversidad sexual -en construcción- funcione; ojalá algún día pueda gozar de los mismos derechos y garantías que el resto de la ciudadanía. Los deberes ya los estoy cumpliendo.

Nos vemos el sábado.

 

Autor: Barrancopolis

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