La calle es nuestra

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No sé cuántos semáforos en rojo me crucé esa noche pero el Alleycat  estuvo bueno. Creo  que ahora se preguntarán ¿qué chingados es un Alleycat? o si no asusté a algún conductor durante la carrera. Les voy a explicar así sin tanta casaca: un  Alleycat es un competencia de ciclistas urbanos donde gana el que mejor conoce la ciudad y, claro está,  pedalea con enjundia. Estas chingaderas nacieron en 1989 en Toronto y ahora andan regadas por el mundo. Ya que siguen con las dudas aprovecho para decirles que esta carrera la organizaron los locxs cerotxs de Zombie Fixed Gear Crew un colectivo de ciclistas engasados del piñón fijo y la velocidad.

Mejor vamos por partes culebras. La onda es que esa noche nos juntamos a tirar pedal por el Día Mundial sin Auto en el Obelisco. La Zombie Crew convocó  a una carrera exprés en tres categorías piñón  fijo —si tenés  dudas usá San Google—, Libre, —si buscaste lo anterior esto ya no hay necesidad de explicarlo—y femenina. No llegaron muchos ciclistas y la categoría femenina no se logró armar. La inscripción costó diez bombas — Quetzales para la mara que no entiende— y el ganador de cada categoría se llevó  tocho lo que había en el pozo. Ya destapaditas unas chelas y la casaquiada prendida,  tipo   8:45 pm, nos dieron el banderazo de salida.

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Con un papelito culero en la mano —donde estaba escrito el nombre de cuatro lugares de la ciudad, unos cerca de otros y otros algo retirados— cada uno trazó su ruta y los casi 20 ciclistas salimos tirando mierda en medio de los carros y riéndonos del trafico mientras hacíamos nuestra la ciudad. Bueno pasemos a lo que realmente importa. En estas “carreritas” todo puede ocurrir, nadie tiene asegurado nada, ni por veloz, ni por conocer la ciudad. Podés ir ganando y no saberlo hasta llegar al último punto de la carrera  o podés ir pensado que ya la coronaste y llegaste de último o sea la cagaste grueso.

Los famosos 4 puntos estaban pachas, la Shell de Majadas, el BK de la Torre del Reformador, el colegio Don Bosco y  como punto de llegada la Fixed House (una tienda donde seguro no te timan al comprar o arreglar tu bicla). La ruta  fue sencilla, casi todo el mundo se tiró primero a la Shell, como pudieron buscaron salir al Trébol y allí las rutas cambiaron unos primero a Don Bosco y a la Torre del reformador, otros al revés y pues ya sabido el punto de llegada solo quedaba reventar los camotes toda la séptima Avenida de la zona 4  y de la zona 1 para en algún punto bajar a la 11 avenida y reventar un poco más el ultimo tirón en Ciudad Nueva y llegar a la Fixed House.

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El que ganó en piñon fijo tenía una bici de esas que pesan más  que el anda de una procesión, le ganó a varios que tienen bicis livianas y súper  pros que les daban la ventaja. Acá vale verga ser ciclista de alta gama: lo que importa es la enjundia y las ganas de sortear al cerotal de automovilistas que viajan solos, con los vidrios polarizados y que uno ve el reflejo de las pantallas de sus celulares al pasar a 40 kilómetros por hora en las angostas calles de la ciudad. El ganador de la categoría libre en las mismas, con su baica de hierro pero rex pal pedaleo. Ya terminada la onda buscamos una tiendita para comprar otro par de frías, los que le entran pues, y ya picados tiramos unos sprints de 800 metros de cinco tukis por morra.

 

¿Y qué hay de bueno en todo eso?

Mucho. Primero perderle el miedo a las calles y hacerlo que dice esa rola de la Bacteria Sound System “La calle es nuestra”. Segundo se trata de una invitación a la convivencia, a conocer y relacionarse con banda que nunca saludás en la calle. También fortalece el movimiento ciclista urbano, casi todos los que corrieron usan la bici para ir a todos lados, no son de esos ciclistas que buscan parqueo para ir al ride,  tampoco es que sean los salvadores del mundo pero, usar la bici siempre significa también rebeldía y resistencia, es libertad. Hay mara que se ahueva a tirar pedal en la noche si no es una caravana a 5 kilómetros por hora, hay mara que no deja la pose, como los hay en el movimiento Fixed también, pero perder el miedo y usar la ciudad es demandar espacios para movilidad, es dejar esas ideas del riesgo, que al final son los conductores de vehículos quienes provocan la mayoría de los accidentes viales.

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Fotografías de Zombie Fixed Gear Crew

En fin, larga vida al ciclismo urbano, larga vida a un transporte que no contamina. Larga vida a los ciclistas  que andan en una Maya tour y se cruzan la ciudad de noche y de día.

Dejen la comodidad y el miedo, tomen las calles.

Autor: Alejandro Sandoval

Alejandro Sandoval (Guatemala, 1989) Siete oficios mil necesidades. Encuadernador, editor, fixi rider. La búsqueda es mi constante problema, escapista e irresponsable por temporadas. Estudiante desertor de varias carreras menos de la auto gestión y la libertad.

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