La conspiración de las ovejas

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Fotografía de Fernando Chuy

Todas las tardes Pedro acostumbra a beber café mientras hojea páginas de periódicos viejos.  Inicia su ritual a las 4 de la tarde, el sol ya le ha dejado de fastidiar la calva con los tediosos destellos.  Esa es la señal que siempre espera.  Se levanta.  Cruza el jardín.  Entra a la cocina.  Busca la vieja jarrilla que retiene el puzunque de las infusiones pasadas.  Agrega el agua, enciende la estufa y la deja hervir.

«Ernesto Guevara de la Serna, “El Ché”, fue ejecutado y decapitado por militares bolivianos, tras un juicio sumarísimo, el pasado 9 de octubre.  El Ché se encontraba en Bolivia desde el 3 de noviembre del año pasado, bajo la identidad de Adolfo Mena González, un supuesto médico uruguayo… »

Toc, toc, toc.  Alguien toca a la puerta.  Pedro deja su lectura para ver quien lo busca.  Abre la ventanilla y no encuentra ni un suspiro.  Regresa a su burbuja de letras que abrigan la remembranza de añejas ideas y sentimientos.

«Mañana se celebra el onceavo aniversario de la Revolución de octubre de 1944.  Las organizaciones no gubernamentales, sindicatos y asociaciones estudiantiles instan al pueblo de Guatemala a participar en la marcha conmemorativa…»

Toc, toc, toc.  Vuelven a tocar.  Esta vez,  Pedro ve por la ventana que está al lado de la puerta.  “Ni la sombra me dejaron”, piensa.

«Jacobo Arbenz Guzmán ha dejado el poder ayer 27 de junio, a cargo de un triunvirato integrado por los coroneles Carlos Enríquez Díaz, Elfego H. Monzón y José Ángel Sánchez, tras haber transcurrido aproximadamente seis meses desde que empezaron las conspiraciones en su contra por fuerzas coercitivas, supuestamente al servicio de los Estados Unidos de Norteamérica. Dichos sucesos podrían ser muestra de la inconformidad de entes de poder, ante la tentativa de la aprobación del Decreto 900…»

El agua está en punto de ebullición, el soplido de la olla le avisa a Pedro, que camina en dirección al olor esparcido por el humo de café recién hecho y justo cuando se dispone a apagar la hornilla…

Toc, toc, toc.  La puerta, otra vez. Pedro se dirige directo hacia ella.  Abre, y sale a velocidad de la luz.  Voltea hacia todas direcciones.  Nada.  La frustración es desgarradora, grita:

-¡¡¡Primero el Ché, la Revolución, y luego, la Reforma Agraria!!!  ¿Por qué cuando se tiene el deseo de abrir la puerta, nadie quiere entrar?

Pedro se queda hablando solo.

 

 

*En memoria de Pedro Lozano, mi abuelo.

Autor: Lozano

Guatemala 1987. Trabajó en un barrio en la periferia de la ciudad haciendo proyectos de arte y lúdica en búsqueda de la posible utopía de generar trasformaciones sociales. Siempre quiso estudiar y ser músico pero su viejo no quería que fuera un “vagabundo”, ahora que puede se quita la gana y se da ese lujo. Por necesidad de cara de chucho hizo periodismo de politiquería y trata de redimirse a través de este espacio.

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