La dictadura del plástico

Habíamos planeado este viaje varias semanas atrás, al fin el día llegó: 31 de agosto. Por la mañana, el presidente lanzó el bombazo de no renovar el mandato de la CICIG.

Fotografía de Lalo Landa

 

Por Sofía Aguilar y Andina Ayala

 

Nosotras nos reuniríamos por la tarde en algún centro comercial, para salir hacia Izabal, estuvimos a punto de sumarnos al pesimismo/rabia del tema CICIG[1];es imposible no preocuparse ante un futuro autoritario y corrupto elevado a la décima potencia. Salimos casi a las nueve de la noche de la ciudad, llegamos a Morales, Izabal de madrugada, buscamos con lupa un lugar donde descansar, nos tomó otra media hora encontrar un “hotel”, mejor dicho  un cuchitril… le hicimos ovarios y caímos rendidas en los brazos de Morfeo.

Limpiatón o teletón…

Despertamos antes de las siete. Casi huyendo de aquel hotel, desayunamos (en un lugar decente) y conducimos a Entre Ríos, una localidad de Puerto Barrios. Nos tomó 20 minutos llegar de Morales a la comunidad El Quetzalito. En el camino reflexionamos si de verdad, venir a una “Limpiatón”, tendría un impacto positivo en el medio ambiente, o si la Limpiatón era como la Teletón, es decir, un momento de autocomplacencia, de sentir que se hace algo bueno, pero ¡Bahh!… luego se olvida.  Quizás la Limpiatón estaba gestada desde la visión empresarial que aparenta combatir “algo” pero solo de forma y nunca toca el fondo, porque el fondo siempre tiene que ver con ellos y el ciclo mercantilista de la muerte de la naturaleza…

Al entrar a la carretera de terracería, las gigantescas plantaciones de banano y palma Africana nos lo recuerdan: los problemas ecológicos profundos no se resuelven desde el individualismo ecologista, si no se abraza la responsabilidad económica, política del gobierno y del sector privado.

Aquellas palmas eran enormes de al menos 10 o 15 años, a cualquiera que no lo sepa, la palma le puede parecer hasta bonita, pero es un cultivo que destruye brutalmente la biodiversidad: entiéndase desde bichos hasta animalitos, esto sin contar los pesticidas y el consumo perverso de agua que requiere.

Luego de ser arrollados visualmente por una pequeña parte de la industria extractiva de nuestro país, también cuestionamos si de hecho, nuestra presencia contribuía más a la contaminación; de cualquier forma ya estábamos allá y la oportunidad de reflexionar acerca de todo ello, era en sí misma, un paso valioso. Llegamos al punto de encuentro a eso de las nueve de la mañana, tomamos una de las lanchas que atravesaban constantemente el río Motagua, las cuales iban y venían cargadas de enormes bolsas de basura, principalmente plástico.

La acumulación de basura se agudiza al acercarse a la desembocadura del río Motagua. Fotografía de Lino Navas

Uno de los señores que manejaba las lanchas nos dijo: nosotros hacemos este trabajo a diario y por cada botella plástica que se recoja, al siguiente día entran millones. Entonces pusimos una cara de desesperanza, pero decidimos que la experiencia no sería en vano, que regresaríamos determinadas a reducir nuestro propio consumo de plástico, optar por el vidrio o latas de aluminio, rechazar al máximo el duroport, a mostrar las fotos y a correr la voz.

Fotografía de Lalo Landa

Una experiencia infernal…

Estar bajo el sol de 10 a 12 del mediodía en esa playa, el sudor recorriéndote el cuerpo entero, mientras sentís la cabeza a punto de estallar por la presión y el esfuerzo. Nuestra debilidad de patojas capitalinas era innegable, con trabajos sedentarios y cotidianidades medianamente acomodadas.

Por otro lado, recoger basura –por suerte con guantes especiales, otorgados por los organizadores-, daba la sensación de ponerse un poquito en el lugar de aquella gente del “relleno sanitario” de la zona 3. Una experiencia introspectiva interesante de sentimientos encontrados, recoger con gusto, cansancio y al mismo tiempo tener esa sensación de estar desbordada por toneladas de plástico y duroport; nuestras pequeñas manos y nuestra poca energía, no alcanzarían para tan abrumadora tarea.

Fotografía de Lino Navas

A nuestro alrededor los voluntarios eran jóvenes de Izabal, Chiquimula y un grupo de estudiantes universitarios hondureños, todos sudorosos y rojos por el sol, pero contentos de estar allí, para algunos no era la primera vez.

Vimos con escepticismo que CONAP, MARN, la Comisión de Plásticos de la Asociación Guatemalteca de Exportadores (AGEXPORT) y la Organización Semillas del Océano se unieran para realizar esta actividad. Así es la vida, una red de contradicciones, nos supo agridulce, porque que chilero que los sectores público y privado trabajen en beneficio del ambiente, aunque no se nos olvida la responsabilidad de ambos en todo este caos ambiental.

El impacto de las acciones de limpieza sería mayor si se enfocaran en la parte alta de la cuenca, de donde proviene la basura. Es esencial trabajar con la gente el tema de educación ambiental pero es clave que se haga con el acompañamiento de los gobiernos locales para que estos se encarguen de la extracción y reciclaje de los desechos.

¡La tiranía del duroport!

Nos preguntamos ¿Esas migas blancas son conchas? ¡NO!

Era un paisaje playero de migas de duroport, bolas, pedazos y chancletas (crocks) de duroport, figuras de foamy y mucho maldito plástico: recipientes para medicinas, pajillas, botellas y otros. Latas no, desde luego, su recolección es redituable. En total se recogieron cuatro toneladas de basura, aunque no fueron suficientes para limpiar la playa en su totalidad. Siendo sinceras, el impacto no fue notorio, por todo el duroport incrustado en la arena negra o mezclado con ramas.

Tenemos que revivir las viejas costumbres, usar recipientes retornables o de vidrio, no usar bolsas plásticas para todo (usar servilleta de tela para las tortillas, para comprar el pan, llevar canasto, que sé yo), modificar hábitos y exigir a nuestras autoridades que regulen y sancionen a las empresas productoras de materiales no biodegradables, somos la especie idónea para proteger a los demás seres vivos: tortugas marinas, peces, caballitos de mar, delfines, focas, etc., pero hacemos todo lo contrario. Los dejamos con la imagen de los pequeños cangrejos sobreviviendo entre la inmundicia y los olores fétidos. El vaivén de las olas de basura, el agua sucia, imagínense comiendo un plato de mariscos con algún animalito que haya estado por ahí.

[1] No somos devotas de esa institución pero entendemos que sin ella, el panorama pinta más sucio y violento.

Autor: Barrancopolis

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