La hermosa desobediencia civil de la economía informal

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Fotografías apropiadas de internet.

El jueves pasado recorría tranquilamente mis territorios, pasaba por la sexta avenida del Centro Histórico; voy a ser sincera, siempre miro atrás para saber quién me sigue.

Al cruzar la calle veo que alguien se aproxima mucho, y no contesto el teléfono cuando me llaman, exactamente, en el momento en el que camino por la octava calle y sexta avenida, pues todos sabemos que a la orilla del Parque Central “te ponen la negra”, como dirían mis amigos de Barrancópolis.

Cuando me acercaba a la 14 calle vi cómo los policías antimotines marchaban hacia un grupo de mujeres que tiraban palos y piedras. Entre ellas había una mujer que conocía,  porque vende fruta por mi sector.

Me hubiera quedado a presenciar este fatídico acto de violencia, pero cuando una piedra cayó cerca de mí decidí caminar rápidamente hasta llegar a mi casa.

Justamente el sábado había regresado de un viaje a Europa que hice por una beca artística, visité París; esto me hizo reflexionar acerca de la diferencia de caminar en esas calles y Guatemala.

Las calles de París son asombrosas y bastante amplias, llenas de gente que viste ridículamente a la moda, y se respeta al peatón. ¿Y saben qué? ahí también existen vendedores ambulantes, en todos los lugares. En los sitios turísticos, unos 6 vendedores me abordaron ofreciéndome llaveros alrededor de la Torre Eiffel y afuera del Museo Louvre; había muchos más, que ofrecían agua pura, postales y llaveros por la módica cantidad de 1 euro. También me abordaron  personas que intentaban que firmara un documento para ayudar a niños de UNICEF, pero en realidad es un truco para robarte la cartera.

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Ahora hagamos una comparación, la tasa de desempleo en Francia fue del 10 % en el 2014.

Esta cifra cambia en Guatemala, un país con solamente 2.9 % de desempleo. ¿Cómo es posible que un país del tercer mundo tenga un menor índice de desempleo en comparación con otro del primer mundo?  Bueno, hay diferentes respuestas; primero, podría ser la mayor cantidad de habitantes y la reciente crisis por la que pasa Europa, pero también puede ser por la cantidad de personas que son ayudadas con una subvención del Gobierno y no tienen la necesidad de buscar otras formas de ingresos.

El empleo en el sector informal en Francia fue de 9.99%  y el de Guatemala, 69.3%, en el 2014, según el INE.

¿Qué quiere decir esto? que, debido a la creciente necesidad de empleo en el país, los guatemaltecos han decidido no pasar hambre y, por obvias razones, saben que el Gobierno no atenderá sus necesidades, a diferencia de España y Francia, donde los Gobiernos ofrecen una subvención mensual a las personas que están en riesgo de exclusión social.

Veamos otras cifras,  según el INE,  6.3 millones de personas conforman la Población Económicamente Activa  (PEA), de la cual 4,035,118 personas tienen un empleo en el sector informal, en su mayoría mujeres, lo que explica las imágenes icónicas de mujeres arremetiendo con palos y piedras contra los antimotines, pero las cifras anteriores también evidencian  que la economía del país es sustentada por el sector informal.

Si usted tiene 3 dedos de frente, entenderá que las personas que algunos capitalinos peyorativamente llaman delincuentes y faltos de cultura forman parte del sector que más recursos aporta al país.

Uno de los comentarios más recurrentes en redes sociales fue “Que respeten la vía peatonal, uno no puede tener nada bonito en Guatemala porque lo arruinan”.

Bueno, les explico, la Sexta Avenida inicialmente se denominaba Calle Real, y toma ese nombre por ser establecida por la Cédula Real de la Corona española. Fue construida desde sus cimientos por indígenas explotados traídos de Jocotenango. Desde sus inicios, la Calle Real, ahora Sexta Avenida, nunca nos perteneció; la mayoría de comercios implantados en el lugar eran de judíos, alemanes y españoles. Hasta teníamos almacenes con los siguientes nombres: La Flor de París, Rosa de Francia, Mixtas Frankfurt, Keops y Kefren, La Sexta Avenida también albergó al Club Casa Blanca y, cómo olvidar, a los Cines de París y otro sinfín de nombres ridículos aspiracionales.

La intención de la Sexta Avenida siempre ha sido aspiracional, ajena a nuestra realidad social. Gobiernos como los de Manuel Estrada Cabrera, Justo Rufino Barrios y Jorge Ubico querían darle a Guatemala un aspecto parisino, europeizado, muy parecido a lo que Álvaro Arzú busca con su “ciudad del futuro”.

No obstante, eso no soluciona los problemas de fondo que posee Guatemala y el Centro Histórico.

Para aquellos que esperan una Sexta Avenida sin vendedores ambulantes, les ruego que salgan de su burbuja y se enteren de que hay 4,035,118 guatemaltecos que generan y aportan ingresos a la economía del país y que no trabajan para nada dentro de una oficina.

Por favor, no sean ridículos. Si usted quiere calles hermosas y resplandecientes, vaya a Paseo Cayalá, el ícono aspiracional por excelencia, pero si usted quiere salir de la burbuja clasemediera y enfrentarse a la realidad, repita después de mí: NO VIVO EN PARÍS, El GOBIERNO NO AYUDA A LAS PERSONAS. Acepte que este acontecimiento no fue un problema aislado, fue la consecuencia de una serie de problemáticas que no han sido solventadas por años.

Arzú no puede esconder a los pobres, esos que sustentan la economía del país.

 

Bibliografía

 

 

 

 

Autor: Maya Juracán

Pretenciosa de nacimiento, Historiadora por profesión, Gestora cultural por necesidad y en bici de Hello Kitty por la zona 1.

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