La muestra más pura de cariño y devoción

De pronto mientras atravesábamos la Aguilar Batres ―como si yo le hubiera pedido consejo― el taxista rompió el silencio y dijo mire, si usted quiere hacer que un culo se encule y siempre regrese a pisar con usted, aprenda a bailar salsa.

―Sí… verdad…

―Pero si usted es algo pato y el baile no se le da, escuche bien lo que le voy a decir:

Caliéntele el oído, convénzala y llévela al hotel. Pero antes se arma con sus implementos deportivos, porque chimar es un deporte. Si yo tuviera su edad estaría repartiendo parejo a por lo menos 20 culantros simultáneamente aunque no al mismo tiempo, ¿me doy a entender?, pero esos son otros cien tukis. La cuestión es llegar preparado; si quiere anote, que le va a servir:

Tres guayos, no pregunte por qué pero siempre lleve tres y mejor si son de sabores; dos varitas mágicas de incienso, por si le rugen las patrullas; un aceitito para darle un su masaje; un lubricante para que Aqueche resbale sabroso y por último pero no menos importante, unos Max Air para cuando la ponga a echar nuca… le aseguro que esa sensación va a recordarla por el resto de su vida…

―Pero  ¿y la clave?, ¿cuál es el golpe maestro?

―Calmado venado que ya vamos llegando al final. Usted, por la panza que se anda echando, se ve que no es muy ducho para el dancin, así que lo que le queda es darle la muestra más pura de cariño y devoción. ¡Pero ojo! Hágalo únicamente con una chavita que usted quiera volver a ver y ver, porque esto se lo juro que las obsesiona.

―Ajá… ¿y a ver, qué es?

―Póngase romántico y ni se le ocurra poner el canal porno, eso dejaría una muy mala impresión suya. Llévela de la mano a la ducha y enjabónemela con esmero que es por su bien. Las patojas son agradecidas, acaríciela y vaya bajando despacio. Cuando tenga el gallo enfrente haga lo suyo tranquilo y sin prisa, como si el mundo no fuera a acabarse mañana y usted no supiera que solo pagó el cuarto por una hora.

Estese atento a los gemidos.  Cuando esté que se oye más ella que la regadera, me hace favor de agarrarla de las caderas con las dos manos, y con un cacho de fuerza la gira hasta que quede de culumbrón, que sienta la adrenalina, como que estuviera bailando merengue. Luego… fíjese pues… tiene que irla chupando suavecito cachete por cachete pero sin dejar de sobarle la cuchara despacito con los dedos de la mano izquierda (si usted es derecho, y al revés si fuera zurdo, obviamente…); luego, mire pues… este es el mero detalle, le agarra una nápira con bastante seguridad y la va abriendo un poco para que le pegue el sol,  se va acercando dando como chuponcitos con lengua hasta llegar a las orillas del chiquito. Si llegado eso no le han metido todavía un su cuentazo, ya la hizo… y ahora sí, le separa las nalgas con las dos manos y usté hace de cuentas que está chupando coyoles en miel hasta dejarlos secos… Ya de último le va metiendo la puntita de la lengua en aquello hasta que sienta que de plano encontró petróleo,  y eso es todo…

―¿Y como qué tan difícil es aprender a bailar salsa…?

 

  • Esta abominación fue publicada originalmente en enero del 2017, y no habría sido posible sin la intervención del finado Camilo Villatoro.

Autor: Jonathan Salazar

(Guatemala 1985 - … ) Salazar es un pan de dios que solo le pide a la vida una ranfla con un equipo de sonido potente para navegar por la ciudad, el diario con noticias exaltantes y una dosis respetable de ultraviolencia en los canales de televisión que sintoniza.

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