La orquesta de la indignación

Fotografías de Maya Juracán

Regresaba a mi departamento después de una larga jornada, luego de luchar contra el patriarcado, mantener la memoria y comerme un mango verde frente al parque San Sebastián, cuando de repente vi a un grupo de soldados que cerraba la sexta avenida.

Parecía estado de guerra. Había militares mal encarados que portaban grandes armas sobre sus pechos, atentos a las marchas de los líderes indígenas a las que me uní más tarde.

Sentí repudio a lo que ellos representan, no lo que son, porque alguien me dijo un día: “Los uniformados también son explotados”. Después de acompañar a las autoridades ancestrales frente al palacio, me dirigí a mi casa muy conmovida y un poco molesta por la situación que acababa de presenciar.

Pero luego, a la altura de la cuarta calle y tercera avenida, vi un grupo de personas frente a un tráfico pesado. Al acercarme un poco más, escuché música. Tocaban el himno nacional con violines y lo cantaba gente joven. Eran estudiantes del Conservatorio Nacional de Música.

¿Alguna vez has tenido tanta pasión por algo y te ha tocado defenderlo con lo que podás? Ellos tienen su música, hicieron de su arte su única arma, cerraron la calle y portaban carteles que decían: “Autoridades, comprendan nuestro arte”, “Salarios dignos a nuestros maestros”, “Su indiferencia mata nuestra música”.

En este país podrido también existe la belleza; la vi con los estudiantes luchando por su educación y el salario de sus maestros. Esto era una orquesta, una orquesta que gritaba en rebeldía por la justicia y la dignidad.

Qué hermosa manera de manifestarse; sin embargo, algunas personas sonaban las bocinas de sus carros y otros pasaban maltratándolos, pero ellos, con la elegancia de su instrumento, se mostraban ajenos y cantaban con más fuerza.

“No es en la resignación en la que nos afirmamos, sino en la rebeldía frente a las injusticias”. Paulo Freire

Este año, el Ministerio de Cultura y Deportes no avaló la recontratación de 24 personas, lo que dejó a muchos estudiantes sin catedráticos. El problema, en realidad, según la dependencia, es el traslape de horarios, mientras los jóvenes levantaban carteles que decían: “El arte no tiene horario de oficina”.

Los estudiantes afirman que los problemas se pueden solucionar, pero el ministerio no tiene la voluntad de hacerlo. Otra situación por la cual los alumnos se encontraban inconformes es que los contratos de sus maestros inician en el mes de marzo, aunque los alumnos reciben clases desde enero. Actualmente, ellos no tienen maestros y sus maestros están sin trabajo.Las ironías de nuestro país.

Violines, saxofones, chelos, contrabajos, violas y cantantes salieron a las calles con la única arma a su disposición, un recurso más poderoso que la fuerza: la pasión. Ellos no apelaban a la fuerza como los soldados de la plaza, ni siquiera a la intimidación. Estos jóvenes eran frágiles, con instrumentos sensibles que, a través de su arte, afirmaban su rebeldía para luchar por la justicia.

Hay que tener valor para pararse frente a una manada de carros en hora pico y levantar su instrumento para tocar y cantar, hacerse escuchar. Toda la imagen parecía salida de un cuento surrealista.

Sus instrumentos son el arma más poderosa que he visto. Mientras que la bala atraviesa cuerpos, ellos atravesaron la fibra más sensible de mi conciencia. La música en esta ocasión se sumó a los silencios acumulados de inconformidad, para traducirse en la voz que construye la melodía de la justicia.

 

Autor: Maya Juracán

Pretenciosa de nacimiento, Historiadora por profesión, Gestora cultural por necesidad y en bici de Hello Kitty por la zona 1.

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