La paradójica realidad del ser

Indigente

Fotografía de El Miljos

El hecho de que el vasto guatemalteco promedio no asimile de manera eficiente los comentarios irónicos, se debe en gran parte a que en la secundaria nos quedamos en el estadio epistemológico de la física newtoneana, la cual describe los hechos físicos desde una dimensión estable y relativa a la proporción de los cuerpos que la mente humana es capaz de concebir de forma más o menos palpable, una realidad que, muy a nuestro pesar, es meramente virtual. Pero a nivel atómico las partículas del universo se comportan de una forma que nuestra consciencia logra interpretar como una angustiante paradoja. La teoría cuántica descubrió el principio de incertidumbre, o sea el origen atómico de la paradoja.

No sólo nada es igual desde entonces, sino que debemos intentar ignorar la idea no tan descabellada de que el mundo sea nada más que un enigmático holograma del universo donde la vida que pasa es un juego de Mario Bros en el que nacemos y morimos constantemente. Si una inteligencia superior, en consciencia y en tamaño, nos viera desde una suerte de microscopio, nos vería girando como electrones que aparecen y desaparecen a un ritmo y un sinsentido nauseabundo.

Pero volviendo al inicio, hay que decir que más bien la física newtoneana ya es bastante para nosotros.

Autor: Camilo Villatoro

(1991-…) Escritor de ficciones y sátiras, esteta, nápiro y humorista iconoclasta. Nacido en México pero de identidad guatemalteca. Según un primo borracho que lo quiere mucho, “la persona guatemalteca más inteligente de todos los tiempos, pasados, presentes y futuros” —cosa no muy difícil de lograr. Pese a esta espectacular ventaja evolutiva, su intelecto es inversamente proporcional a su modestia; el único problema es hacerlo creíble.

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