Lambisconerías de ayer y hoy

La concepción del mundo pequeño-burguesa y oportunista

Fotografía de Javier Herrera

Aunque usted no lo crea existen un montón de dispositivos que llevan a que la moral burguesa se piense como natural y constituya el sentido común. Por ello quienes buscan, a como dé lugar, un reconocimiento por parte de quienes creen superiores desde la jerarquización académica asumen las relaciones humanas a través del eficientismo y la competencia como dicta el modelo neoliberal. Entonces son muchos los que suelen volcarse a la lambisconería y a los falsos halagos. Claro, al llevar a cabo estas prácticas en espacios académicos, intelectuales y artísticos muchas veces logran camuflar su frivolidad.

Ante carencia de talento y sinceridad les da por una necedad de estar al acecho; dispuestos a acercarse para sobar el lomo de sus amos. Para ello, claro está, deben asentir con la cabeza ante las opiniones que proliferan en dichos círculos y tener en la punta de la lengua frases de autores reconocidos. Al regirse por la titulocracia, el respeto y lambisconería lo dan dependiendo del título o galardón que posea la otra persona.

¿Habrá algo más superficial en el medio de las ciencias sociales y las humanidades, que buscar la “amistad” o el “agrado” de alguien por su estatus académico? Cuántos muchachos y muchachas andan por allí alabando los grados universitarios que poseen esos a quienes consideran sus “vacas sagradas”. Admirar y creer apreciar a alguien por sus galardones más que por aspectos mucho más profundos de su persona es, por donde se le vea, una postura burguesa, vacía y burda.

Fotografía de Javier Herrera

El miedo a la soledad

¿Acaso nunca han experimentado vacío y angustia al concientizarse de su finitud y del paso inexorable del tiempo?

Sentirse desvalido más de alguna vez al percibir el absurdo de la vida en cualquier esquina. Bueno, por estas cuestiones existenciales es que muchas veces se confunde el ánimo de rebaño producido por el miedo a la soledad con la sincera solidaridad o con diversos y profundos relacionamientos humanos.

Es así como las masas alienadas dejan a un lado su autenticidad y no se resisten en encasillar en un perfil prefabricado que se circunscribe a las novedades y a las modas. Pero para sorpresa de muchos cabe decir que esto, de una manera que no es lo mismo, pero es igual, sucede también en espacios, digamos; alternativos. Es así como los conceptos de intelectualidad y erudición pierden profundidad y caen en trivialidad, volviendo esos espacios en burbujas herméticas y rebaños posmos.

Fotografía de Javier Herrera

Olvidar sus raíces

En una sociedad como ésta la, digamos, formación académica resulta un privilegio. Pero lo que sucede en reiteradas ocasiones es que tras ir logrando encajar en esos círculos, estos nenecos y nenecas -de los que hablamos hoy- buscan encuadrar cada vez más en el estereotipo implícitamente dictado para asegurar su estadía. Entonces se encuadran en la estandarización de gustos, en ciertas prácticas y ciertos mates.

Son muchos quienes -provenientes de capas medias o medias bajas- ya en la jugada intelectualoide desean consumir frenéticamente libros, cines, cafés, foros, galerías, etcétera, pero siempre bajo las lógicas imperantes del mercado. Entonces, al responder a los valores de un tiempo fetichizado y mediocre, buscan fármacos para sus carencias encontrándolos en variadas formas de ejecutar el verticalismo. Su afán es el estatus social, erudito y titulócrata. Olvidan, muy fácilmente, todo lo que ha estado en juego para que puedan levantar sus altares y llevar a cabo esos ritos. Terminan despreciando las raíces que les han hecho posible su mundo ideal. Al final del día menosprecian ciertos orígenes, a ciertas personas, a los suyos…

Similitudes con las masas alienadas

Veamos, pues, como mientras aquel que alienado por las lógicas del capital se cierra a todo lo que no esté bajo los colores, olores y textura que la enajenación marca, por su parte; el que es asiduo a las letras, al arte y a la academia, pero no por esa sed cuasi impulsiva de conocimiento sino desde una visión eficientista de tinte burgués, suele enfrascarse herméticamente en tales asuntos incapacitándose, paralelamente, para otros menesteres de la vida. Este último tipo entonces se cierra paradójicamente a diversas experiencias y aprendizajes, a otros olores y colores, a otras estéticas y texturas. Todo por pretensión o por miedo de salirse del estereotipo que el orden de su medio establece.

Otras formas posibles

¿Acaso no es necesario aire fresco, transitar por diversos callejones y experimentar el mundo para poder abrazar pensamientos propios? Claro que resulta gozoso inclinarse a la búsqueda de conocimiento, pero mientras están quienes lo llevan a cabo por una curiosidad sofocante de descubrir los límites de la realidad, de emancipación y además por un placer inherente al ejercicio cognoscitivo; es decir, por un instinto de sobrevivencia que a veces se traduce en placer y otras en angustia. Están, por otro lado, como ya hemos dicho, quienes lo hacen por mero ánimo de rebaño, por disponer de qué jactarse y lograr estatus.

Entendiendo el conocimiento como un derecho que, en cualquier escala o ámbito, lejos de construir símbolos banales y fría vanidad, debería ser compartido, puesto en duda y discutido colectivamente, más allá de vanidades académicas mediocres y poses de sofisticación.

 

 

Autor: Sergio E Castañeda

Nacido en la ciudad de Guatemala por eso del año 1988. Estudiante de Historia fascinado por la exploración e indagación de distintos escenarios y rincones de la existencia. Consciente de que hay que expulsar letras que logren provocar, incomodar o estimular. Vamos a barranquear, pues, para ver qué hay en esas profundidades desconocidas… ¿ah y queso?

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