Llegó la maldita Navidad

La canción navideña de B&B empieza a sonar en las frecuencias de radio y la melodía mierda se te pega como moco en el cerebro.

“Navidad de los pobres”. Fotografía de Fernando Chuy

En varias pasarelas de la ciudad ya instalaron vallas gigantescas del consomé del pollito con una cuenta regresiva: ¡Faltan 10 días para la Navidad!, ya inauguraron el árbol Gallo, ya vimos las luces Campero, los mediocres canales de televisión abierta vuelven a repetir por enésima vez el especial añejo animado en stop motion del tamborilero.

La gente ya empezó a ir en hordas a vitrinear en los centros comerciales, también arrancó ya la temporada oficial de chupivios, y en los últimos años —como parte de la enajenación gringa— la gente empieza a celebrar el día de Acción de Gracias y a volverse loca por el Black Friday a la tortrix, con esos falsos descuentos que dan vergüenza.

¡Soy el Grinch de la fiesta!

No me gusta la Navidad (mi ideología y convicción almacenaron esa fiesta en el área del cerebro donde guardo las cosas estúpidas), no me gusta celebrarla, no me llega adornar la casa, empacar regalos y todas esas mamadas.

Aclaro que les escribe un ateo, entiendo y respeto sus creencias (cada quién se pone la soga al cuello con lo que quiera), esto de no gustarme la Navidad no tiene nada qué ver con que sea el cumpleaños de Marco Antonio Solís, alías Jesús.

Entonces ¿Qué hay de malo alrededor de esta época de “dar amor y alegría”? Ya viene a hablarnos otro cerote que se la lleva de intelectual por quejarse de todo pensaran los incautos como botas de hule a los que no les gusta cuestionarse nada para “evitar la fatiga” y un dolor de cabeza innecesario, denle viaje ¡Salgan ya de esta página, culeros!

Las corporaciones se empeñan cada año en hacer más fastuosa “la fiesta”. Fotografía de Lalo Landa

Lo que menos me llega de esta maldita época es la prostitución del festejo, las empresas han sabido aprovecharse de él hasta quitártelo y volverlo suyo, al punto de que empiezan a promocionarlo desde octubre, ¡Ya no respetan el puto fiambre los muy cerotes!, son carroñeros detrás de tu aguinaldo (si tenés la suerte de gozar de uno). Porque a las empresas; los máximos difusores de la Natividad no les interesa la religión, ni la hermandad y tampoco la paz mundial; ellos lo que quieren es ganar plata (¡Tu plata!). Estas fechas son la mayor celebración del capitalismo a nivel planetario.

Esta temporada, a los desfavorecidos de la tierra, les hace pensar lo miserable de su existencia en esta sociedad de apariencias, en donde no sos nadie sin un buen trabajo, un buen carro y una hermosa familia. Esta idealización exagerada de una parentela canche, perfecta y feliz; sentada en la mesa compartiendo un pavo gigante durante la cena navideña, nada tiene que ver con mis recuerdos de navidades pasadas, ni con los de ninguno de ustedes.

¡Maldita publicidad!

En mi casa ni siquiera nos sentábamos a comer todos juntos en la mesa. Mi viejo para que estrenáramos algo, nos compraba el uniforme de la escuela en diciembre y como diría alguien por allí: si nos tocaba destapar algo el 24 por la noche eran los tamales.

El patojo promedio guatemalteco empieza a tener sus primeros conflictos existenciales en esta época. La mayor parte de sus traumas comienzan en las vísperas de Navidad, puede tratarse de un patojo feliz al que le pela la verga el mundo y sus habitantes, no importa, en estas fechas empieza a darse cuenta de la desigualdad y la pobreza en la que vive. ¿Dónde está la puta chimenea por donde va a entrar Santa Clos en esta champa de lámina?

Es ese momento incómodo cuando te das cuenta que mientras a tus vecinos les compraron carros de control remoto y ropa nueva de marca, ¡A vos en tu casa te cortaron la luz! Ese momento cuando lo único que hicieron tus papás para que te vieras decente para salir a quemar cuetes fue bañarte. Y además, casi todas las cenas familiares (si es que hicieron) terminaron en vergueo por algún borracho relajero, un familiar muerto, una bala pérdida o algún accidente con fuegos artificiales. (Extraño y suspiro por los malditos canchinflines).

Fotografía de Rudy Girón

Todo es paz y amor

Otro aspecto sobresaliente de esta época es que se percibe en su máximo esplendor la maldita doble moral de la sociedad guatemalteca; la gente parece drogada, todo es paz y amor, la mayoría tiene unos deseos  exacerbados de dar limosna: todo lo que sobra es bueno; demos suéteres a los vagabundos, regalemos juguetes a los niños pobres, visitemos a los familiares de los que nos olvidamos durante todo el año. O sea, hagamos como los políticos y maquillemos al mundo por un rato. El talega de Arzú regala tamales y ponche, pone a trabajar a algunos empleados de la Municipalidad que emputados le hacen huevos a su tradicional campaña anticipada que impunemente ejecuta con el dinero de los ciudadanos.

De todos modos, la gente anda tan estúpida que adorna árboles artificiales por todos lados y los resguarda y admira más que a los árboles que se depredan en las raquíticas selvas peteneras guatemaltecas por el tráfico ilegal de madera, los monocultivos y el narco ganado.

Pero usted viva en paz y tranquilo proletario asalariado amante de los lunes, esta fiesta solo dura diciembre, y aunque su cheque no aguante con las deudas y todos los gastos que la publicidad le provoca, todo lo malo pasará. Y para dejarlos con mis mejores deseos en estas fiestas; les recuerdo que después del 25 de diciembre empieza la lluvia publicitaria del regreso a clases junto a la hermosa cuesta de enero. ¡Vivos pues, no vaya a ser que los agarren caídos!

P.D. ¡Nos vemos en el toque de Los Tigres!

Autor: Lozano

Guatemala 1987. Trabajó en un barrio en la periferia de la ciudad haciendo proyectos de arte y lúdica en búsqueda de la posible utopía de generar trasformaciones sociales. Siempre quiso estudiar y ser músico pero su viejo no quería que fuera un “vagabundo”, ahora que puede se quita la gana y se da ese lujo. Por necesidad de cara de chucho hizo periodismo de politiquería y trata de redimirse a través de este espacio.

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