Los fugarones arrancan las fiestas, antes no

Fotografía de Lalo Landa

In hilo tempore o dicho en español: antiguamente las celebraciones navideñas en Guatemala iniciaban con los fogarones.

La influencia del capitalismo consumista aún no era tan fuerte, aunque ya existía, pero se circunscribía a ciertos productos foráneos que se adaptaron a los que se consumían de antaño, de tal manera que las manzanas de California, las uvas y las nueces, tuvieron una bienvenida sin sobresaltos junto al ponche, las pascuas, la manzanilla, el aserrín y los demás productos locales propios de las fiestas de fin de año.

Las tradiciones propias de fechas tan señaladas tampoco sufrieron una alteración hasta hace algunos años cuando se empezaron a introducir una serie de actividades que se autonombran el “arranque” de las fiestas navideñas, consecuencia de esos alienantes procesos son el mentado árbol gallo y las luces campero, pero son “tradiciones” surgidas por una campaña de mercadeo de las marcas que impulsan tales festejos. En otra época, las tradiciones navideñas daban inicio el 7 de diciembre, el día de la quema del diablo o los fogarones.

Fotografía de Lino Navas

Estas fogatas que al parecer proceden del período colonial, surgieron como elemento purificador previo a la fiesta de la Inmacualda Concepción de María. Para valorar en su totalidad esta tradición, es necesario hacer un paseo histórico sobre la devoción antes aludida y también, la influencia castellana en las actividades propias del día de los fogarones que, todo sea dicho, han cambiado radicalmente, si aún están con ánimo de leer este artículo hasta el final, pues podrán leer en qué consisten los cambios que se han hecho a lo largo del tiempo, no obstante, se necesita ser un lector pertinaz y valiente para concluir la lectura…

En un texto publicado en Artrevistas, de la Universidad de Castilla la Mancha, el profesor José Miranda Calvo nos dice que la primera noticia que se tiene sobre la mención de la advocación de la Inmaculada en la península Ibérica es en el entorno cultural visigodo que nutrirá al castellano que posteriormente vienen e imponen su cultura, religión y tradiciones a estas tierras, y señala que es una mención en el XI Concilio de Toledo, del 7 de noviembre de 675, que se reconocía la importancia de la Inmaculada Concepción, de tal cuenta que Wamba, rey Visigodo, era un defensor de esta devoción por lo que fomentó el inicio de las hermandades encargadas de conservar la fiesta de la Inmaculada.

¿Y por qué irnos tan lejos para hablar de una tradición de acá, lugar que ni idea tenían los de Toledo que existía en aquel año?

Pues porque poco a poco, se fue conformando la tradición y en su momento llegó acá. En pocas palabras, que no es que un día amanecieran de malas dos o tres pirómanos y que se pusieran a hacer fogarones así por así, sino que esto viene de un proceso cultural de siglos. Y en pocos años se ha querido eliminar por ideas consideradas “de avanzada”.

Al evangelizarse estas tierras de la manera en que fue (no entraré a una apología del asunto) no había electricidad y en aquella época las vísperas de las fiestas solemnes eran muy importantes, porque al caer el sol del día anterior, se marcaba el inicio de la fiesta correspondiente y en el caso de la Inmaculada, empezaba el día 7 de diciembre por la tarde al anochecer, porque resulta que en estos lares el sol se oculta a las 6 de la tarde en los meses de finales de año, momento que marcaba el inicio de la procesión, cuyo recorrido era iluminado con fogatas. Eran unas hogueras sencillas, con el fin de facilitar el paso de las andas que tampoco eran del tamaño tan grosero que se usan ahora, sino de tamaño normal para procesionar la imagen que era lo importante, no tanto los adornos y cuanta parafernalia se les ocurre para “ganar”.

Fotografía de Beto Cuevas

Regresemos al tema, entonces los vecinos hacían las pequeñas hogueras que iluminaban el paso, pero ¿de dónde vino la idea? Ah, indagando e indagando, resulta que hay un pueblo de la Provincia de Guadalajara, Castilla La Mancha, en España que también tiene hogueras la noche del 7 de diciembre, el nombre de la localidad es Horche, al leer en su página web la información sobre las fiestas, aportan el dato de 1676 como el inicio de la hermandad dedicada a la organización y preservación de la tradición de las hogueras.

La narración de las hogueras o fogatas en Horche aporta otro elemento más que caracterizará a las fogatas de acá, dice que suelen saltar sobre los fogarones, esto con el fin de purificarse de las malas vibras del demonio y así estar limpios para celebrar a la Inmaculada ¿encuentran similitudes con las prácticas que solían hacerse con los fogarones aquí? Ahora bien, en Horche encienden únicamente 12 hogueras en honor a las doce estrellas de la corona de la Virgen y los cofrades son también 12 en relación con ese símbolo mariano.

En la Ciudad de Santiago de los Caballero de Guatemala, la fiesta de la Inmaculada adquirió un carácter oficial, se tienen noticias de ello que datan del siglo XVII y se organizaban luminarias, práctica muy común en las celebraciones importantes de aquella época, al trasladarse la ciudad al Valle de la Ermita o de la Asunción, se conserva la tradición y los rezados organizados para tal fin, o sea las procesiones, también vienen entre la población trasladada. Estas prácticas tradicionales y están íntimamente ligadas a una actividad religiosa y a la vez era un acto civil porque era fomentado por el ayuntamiento de la ciudad.

Y así transcurrieron los siglos, llegó la Independencia y a finales del siglo XIX se proclama el Dogma de la Inmaculada Concepción, esto porque a pesar que la devoción venía desde el siglo V a nivel general y en estas tierras desde el siglo XVI, para la fecha señalada se empezó a cuestionar esa creencia, esto motivado por el “modernismo”, una corriente teológica que buscaba estudiar a Jesucristo y a la fe desde una perspectiva histórica y así determinar lo que se podía probar fehacientemente y lo que no. Era la época del pleno auge del positivismo. La Iglesia al verse amenazada, proclama el dogma para que nadie cuestione nada y en Guatemala esto es recibido con alborozo, lo que realzará más la fiesta de la Inmaculada, las luminarias se transforman en fogatas más potentes y se recalca la necesidad de la purificación para la fiesta del día 8 de diciembre.

De fogatas hechas con leña se fueron incorporando poco a poco otros elementos combustibles: enseres viejos de la casa que eran desechados, chiriviscos que se iban a traer a los barrancos y que estaban ahí secos, listos para ser extraídos. Si la idea era limpiar la casa de espíritus malvados, el paso a llamarlo “quema del diablo” era inminente y así fue.

Fotografía de Lalo Landa

A medida que aumentó la población de la Ciudad de Guatemala, así crecieron las dimensiones de las fogatas y la incorporación de la pólvora contribuyó a la algarabía del momento, porque ahora podía ser adquirido por todos y no reservada a las solemnes celebraciones del ayuntamiento. Así, año tras año, se conservó esa tradición que, al coincidir con las vacaciones escolares, marcaba la agenda de las diversiones de la época, con la expedición obligada al barranco más cercano para recoger chiriviscos y ramas secas que eran reservadas en un lugar seco de la casa, para ser quemados el 7 de diciembre. A ello se le sumaron colchones, papeles, cuadernos y llantas, estas últimas una fuente de contaminación ambiental.

Aún en un año tan trágico para Guatemala en general y la ciudad en particular como el de 1976, en el que muchas personas vivían en champas debido a que no se les había solucionado el problema habitacional en diciembre de aquel año, con el peligro que esto suponía, se celebraron los fogarones con una serie de precauciones pero en las mismas dimensiones.

El Siglo XXI marcó el inicio del decaimiento de la tradición

365 días del año el planeta está sometido a una contaminación constante del aire. Las ciudades que son mega urbes del planeta expelen grandes cantidades de CO2, pero resulta ser que el planeta corre peligro de contaminación por la actividad del 7 de diciembre.

Durante la zafra la contaminación aumenta en la Costa Sur y zonas aledañas de Guatemala con la quema de la caña, pero en ciertos discursos, es el 7 de diciembre y sus fogarones el causante de la gran contaminación anual, cuando ésta ha disminuido considerablemente. Algunos dirán que afortunadamente, otros más nostálgicos, recuerdan aquellos días en que los fogarones eran monumentales fogatas, cuyo aliciente era despertar al otro día y comprobar que aún humeaban. Hoy una piñata de diablo y unos cuantos cuetes a las 6 de la tarde, constituyen los estertores de una tradición que agoniza.

Fotografía de Lino Navas

Autor: Angel Valdez Estrada

Nacido en algún lugar del mundo el 1 de octubre de 1967. Actualmente trabaja como docente en la Escuela de Historia de la Universidad de San Carlos de Guatemala, escribe textos de investigación y en sus ratos libres redacta historias cortas de ficción.

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