Matémonos esta noche, poesía de Vannesa Ramos

Fotografías de José Pablo Chumil

Matémonos esta noche princesa
devoremos nuestra sangre
pintémonos de verde el sueño
y profanemos, jubilosas, el filo de la miseria.

Mis ojos caen estrepitosos a tus pies
y mientras hablo contigo
imagino que soy un pez
devorándome la incertidumbre
escama pura,
espuma coqueta y resbalosa
entre mis piernas.

Y mi princesa se mueve
se petrifica.

Es entonces que sé que jugamos a morir
con los jugos de tu llanto que apenas brota.

Ayer festejamos haber perdido tantas cosas
y por fin me sentí feliz.


Corazón de bala

Una llama nos atraviesa con fuerza y gratitud
para besar nuestros constantes adioses.

El viento sopla su ráfaga de ausencias
y la copa de vino se congela
sin los abismos de la cordura.

Tu nombre pendulea entre mi boca

-cual bala perdida-

y aunque busca su cauce
solo logra sembrarse en el vacío de mi memoria.

Más sueños deambulan por la calle
las sombras sonríen y nos roban
nuestras preciadas grandes pobrezas
y quedamos vacíos, hasta sin nombre

-cual bala certera-

el dolor nos vomita de la sangre
de la incertidumbre.

Lo único que nos queda en el medio
de la calle es la herida que nos llora.

Observamos nuestra arma
y lamemos esta fuerza que nos mata
instante tras instante…
cómo nos devora.

Comemos carne y cañón
no-sa-be-mos-la-di-fe-ren-cia.

Dispara, que el corazón de nuestra arma
no deja de palpitar.

El Juego

A Maiz.

Zanate y desierto es tu boca,
un sol a punto de dormir entre las dumas
de la ciudad.

Yo soy un pedazo de hielo
que sueña que va, finalmente,
al mar.

Jugamos a que somos
yo te convierto en pájaro de papel
y te llevo a volar.

Vos me hacés una bolsita
me hundís en la pila
y mis burbujas palpitan entre tus manos.

Jugamos a que somos,
entre las cenizas y el miedo
algo más que un cuerpo para guardar el tiempo,
una cajita llena de surcos anegados
un manto nocturno de estrellas sin nombre
una posibilidad entre la marea de los días.

Es el frío que me despierta
me recuerda la desnudez de mis pies sin camino
e implacable se rompen las alas
de todas las noches en que te encuentro
alejado de tus mundos,
tan dispuesto a soplar la ceniza

a los pies de mis ojos
a la mañana siguiente.

Hada

Mi hada, es una explosión silente de pájaros nocturnos
que azota los días con su risa y deambula entre mis tristezas.

Baña con sus manos cada amanecer y suelta las estrellas
tras nosotras, dejando un rastro apenas percepible para el que odia.

Mi hada, se fuma dos cigarros antes de dormir y me cuenta las canas lentamente
mientras el mezcal y el frío hacen mí su magia:
yo sonrío a través de sus ojos.

Mi hada siempre tiene miedo, pero es la primera en lanzarse al vacío…

Mi hada y yo somos un espejo.

Vanessa Ramos nació en  Guatemala en 1977 , es estudiante de sociología, actriz, poeta, defensora de derechos humanos y productora audiovisual. Ha publicado los libros Versos Perversos con la Editorial Alambique en el año 2012 y Ausencia con Cafeína Editores en el 2016 y  participo en el poemario Ausencia, con Chuleta de Cerdo Editorial, de la Serie Poética Café Molido. Cefeína Editores, presentado en Huehuetenango y Guatemala 2016. 

Autor: Barrancopolis

Medio digital de arte, cultura y entretenimiento.

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