Mi chaleco está listo para el talegueo

El verano de 1973 fue fantástico. No me acuerdo de nada, pero nunca lo olvidaré.

El finado Lemmy de Mötorhead

Fotografía de Melchior Tersen

A inicios de los noventa, los toques de metal se caracterizaban por ser intensos y oscuros. Eran tiempos violentos, en donde a pesar de tanta adrenalina nunca vi una bronca, ni conato de vergazos. La violencia internalizada salía en el fraternal mosh pit en donde una veintena de pelilargos armaba un talegueo acelerado como huracán, demencialmente vertiginoso, pero fraternal. El mejor mosh se armaba cuando tocaba Sanctum Regnum, quienes tenían que tocar unas tres veces “Bajo el embrujo” o “Aquelarre”; rolas que engazaban tanto al público que las pedían una y otra vez.

El célebre Juan Calles (segundo desde la izquierda) aparece junto a unos borrachines metaleros partners suyos.

Hace cuatro años regresé a los conciertos de metal y me revitalizaron; conocí a muchos buenos amigos y músicos, gente de ahuevo que mantiene viva esa forma de vida llena de estridencia, cerveza, mosh pit y playeras negras.

Fotografía de Melchior Tersen

Decidí hacer un documental sobre esta “escena metalera” y regresé de lleno a los toques, a los bares, a la chela barata y la mota humilde, pero sincera. Entonces busqué entre mis cosas olvidadas un chaleco de lona con algunos viejos parches de bandas y rolas. Lo encontré bien doblado en una maleta vieja que más de una docena de veces se salvó de ir a parar a la basura. Entre discos de vinil, libros de ocultismo, anillos de calavera, dijes de demonios y cruces invertidas que usé en los noventa, allí encontré al viejo compañero de cien batallas y borracheras.

Algunos parches ya estaban rotos y deshilados, los arranqué con más pena que gloria. Recordé que el chaleco fue chumpa alguna vez; una chumpa que le robé a mi viejo, le corté las mangas y le escribí con marcador negro y rojo “SLAYER”, en otra parte puse “AC/DC” imitando la famosa caligrafía. Se veía horrible a huevos, pero yo usaba ese chaleco con orgullo, sintiéndome salvaje y rudo. Ahora el recuerdo de eso es más bien cursi y tonto.

Fotografía de Melchior Tersen

El hermano de un amigo de mi clase vivía en Estados Unidos, y afortunadamente era metalero. Cuando se fue, le dejó sus cassettes y envío desde el norte el primer cassette que escuché de King Diamond, el cual se convirtió (hasta hoy) en un amor intenso y fanático. El hermano mandó unos parches a mi amigo; yo vi los parches con hambre y envidia, aquél lo notó y de todos los que le enviaron me regaló uno de Metallica, corrí a mi casa a coserlo a mi chaleco, me vi al espejo y me sentí blindado por el logo de esa banda paradigmática.

A partir de entonces todo lo que he podido conseguir, se lo he pegado al chaleco, de ropa en las pacas, de amigos que salen de viaje y me traen algún parche, en las tiendas venden de bandas que no me gustan o conozco, así que paso cada dos meses a ver si llegó algo que me guste.

Esta semana compré los dos más recientes, Behemoth y Over Kill, al mismo tiempo vi un post (An intimate look at the patches collected in mosh pits at metal concerts) en el que se anunciaba que un fotógrafo francés publicó un libro con fotografías de los chalecos de metalheads que encontró en diferentes conciertos en Francia; me sentí contento, me sentí parte de esa comunidad, de esa gente que se identifica de esa manera, Me sentí como veinteañero, es decir, sentí esa excitación de pertenecer a un grupo, básicos instintos humanos supongo, y saber que eso soy, que es mi identidad.

Así que este mes hay programados muchos y buenos toques, bandas históricas tocarán en la capital, ingleses, rusos, gringos, holandeses, vienen bandas de todas partes y mi chaleco está listo para el talegueo.

Metal, parches, conciertos

Fotografía de Melchior Tersen

Tankard y Luzbel en Rock’oh vuh (6 de mayo) Prevente Q 300 y 400 el día del concierto.

Blackoustic en Rock’oh vuh (18 de mayo)

Therion en el Lux (23 de Mayo) VIP Q 700 General Q 400

Batushka en Rock’oh vuh (31 de mayo) Q 300

Autor: Juan Calles

Periodista, documentalista, lector de tiempo completo, ha facilitado el taller de narrativa del Centro Histórico. Autor de “Triciclo”, libro de cuentos cortos. Nació en mayo del 73, pero no está seguro de ello.

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