Migrar desde la periferia

Fotografía de El Miljos

Vivo en el centro de Los Ángeles en un mini loft que sirve de oasis para este tornado urbano. Entre la academia y el activismo, navego en este país que es nuevo y vasto para mí. Los Ángeles es grande y segregado, una marea que Bolaño alguna vez describiría como “La ciudad salvaje cuyos atardeceres son como el comentario afásico del privilegio”. La melting pot que nunca se derritió y que se secó dejando tallada para siempre las tensiones raciales y étnicas de las diásporas.

Los Ángeles, en su contexto transnacional es tremendamente importante en el desarrollo de la cultura de violencia en Centro América. El triángulo norte intensificaría su violenta herida del crimen organizado conocido como “las maras” luego de las olas de deportación de finales de los 80 y principios de los 90, producto de las políticas racistas de deportación que traería la nueva ideología neoliberal nacionalista de los poderes en Estados Unidos. Oscar Martínez nos ofrece una radiografía intensamente detallada de esta problemática en su libro Una historia de violencia.

A partir de la intensificación de esta problemática combinada con la inefectividad (o efectividad, según se vea) de los poderes del Estado a la hora de ofrecer condiciones de vida digna para las clases marginadas en nuestro país, la masa migratoria se ha intensificado considerablemente en los últimos años. El problema ha llegado a tal punto que se ha declarado un estado de asilo político para aquellos que huyen de esta violencia.

Autopista en L.A. Fotografía de El Miljos

Hace una semana asistí a un panel ofrecido por los “Doctores sin fronteras” en el contexto de la crisis migratoria de Centro América. Respeto mucho la labor de esta ONG que trabaja incansablemente para ofrecer espacios de salud pública sin la burocracia de las instituciones nacionales que trabajan de la mano con las políticas migratorias federales. Pese a eso, en medio de la plática hubo un comentario que me incomodó en el que criticaban duramente la cultura de normalización de la violencia que existe en el casco urbano del triángulo norte. El apunte estaba cargado de paternalismo e indignación, pero también de sobre empatía. Pensé en mí y en mi experiencia en Guatemala. ¿Acaso pequé de insensibilidad y cinismo viviendo en una de las ciudades más violentas de Latinoamérica? ¿Tengo que pensar en mí misma como una mujer nueva que encontró la verdad luego de migrar a un lugar “seguro”?

Absolutamente NO. Desde mi humanidad entiendo el proceso de “normalización” como un método de supervivencia. Cuando se carece de privilegios de movilidad o de privilegios económicos, pensarse desde la marginalidad es asumirse en ella para poder sobrevivirla. Uno de mis mejores amigos, y conocido artista plástico, Jorge de León, también ex pandillero apunta sobre la problemática de la percepción nacional que se enfoca colectivamente en la erradicación nacional de pandilleros.

Fotografía de El Miljos

La controversial limpieza social que ha empezado su auge en lugares como La Arenera (sic) en donde las comunidades “contratan” agentes de erradicación para eliminar a las maras localmente. El problema de esta medida es que se combate violencia impune con violencia impune y no erradica el mal, si no que cambia de estructura interna. El poder una vez asumido por pandillas pasa a las manos de estos nuevos agentes que tienen la potestad y recursos para dominar estos territorios y tomar el lugar de los mareros. Y con esto continúa la cadena eterna de extorsión y explotación económica de la comunidad. Es decir, el problema sólo cambia de zapatos.

Las culturas de violencia son un síntoma de problemáticas globales más extensas y complejas que van más allá de las fronteras. La problemática de las maras en Guatemala data sus orígenes de las olas de deportación masiva de los años 90, en donde se envió al triángulo norte masivamente no sólo a migrantes de las nuevas generaciones, sino a hijos de migrantes sin estatus legal que llegaron a un país extraño a perpetuar la violencia organizada que nació en California producto también de la marginalización racial y étnica en Estados Unidos. La violencia continuó y encontró acogida en un país que carece y ha carecido de una estructura política estable y que ha servido de territorio de acogida de políticas imperialistas.

El problema en Guatemala no son las maras, los mareros son un síntoma de un clavo más grande. Sin embargo, estamos tan acostumbrados al circo político que necesitamos cobrar sangre por sangre y ponerle cara al villano. El villano de Guatemala no es el joven, pobre, moreno con tatuajes en la cara y corte de rapa.

El problema tampoco el sicario que es pagado por una colonia que está harta que maten a su gente porque no pueden costear la corrupción y explotación criminal. El villano usa corbata y autoriza recortes de presupuesto a la salud pública. El villano tiene uniforme militar y ve la violencia como un recurso de desestabilización para recuperar el poder que adquirió a sangre fría durante la guerra. El villano está fuera de Guatemala y presiona desde su oficina en Long Beach a un gobierno que debe favores.

Normalizar la violencia no nos hace parte del problema. Nos hace humanos. Porque a pesar de que nos sabemos inversos en un hueco sin fondo de violencia y corrupción, hacemos de eso nuestro hogar. El síndrome de Estocolmo también me pegó en la cabeza y a veces luego de ese síntoma llega la bala.

Fotografía de El Miljos

El llamado de la sangre
me hace volver
(no la de mi madre)
la que corre por las calles
los asientos de las camionetas
las camas del Roosevelt.
Por eso vuelvo
porque el paisaje tropical quema
pero no es infierno
—y yo prefiero mi infierno—
mi país de demonios
de mentes perversas
de gente mala.
Porque acá se respira caliente
pero se respira en paz
y yo no soy paz
soy guerra
bomba lacrimógena
bala perdida.

Regina Galindo

Autor: Edna Sandoval

Edna Sandoval (1990-…) Guatemalteca radicada en Los Ángeles, California. Actualmente se forma en Estudios Latinoamericanos y Ciencias Políticas Globales, en donde ha creado un modelo de formación institucional bilingüe (Español/Inglés). Sirva este espacio como excusa para hablar de las problemáticas históricas y actuales de las sociedades latinoamericanas a través de la filosofía, la política y la historia.

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