Nadie puede hablar cuando llega el Ministerio Público

Gato en la terraza

Fotografía de Javier Herrera

Los vecinos entraron rápido a sus hijos a las casas; el relajo empezó a ponerse turbio cuando uno de los ofendidos saco una .38 Taurus y soltó un tiro hacia el cielo. La esposa de don Rómulo sacó un machete y entre las sillas de plástico con el logo de la Gallo y las copas de ceviche de camarón a medias se empezaron a “dar amor”.

Dos muertos y tres heridos, dijo el bombero voluntario mientras hablaba por teléfono con el sudor brotando de la frente de tanto subir gradas con la camilla; el silencio total invadió la cuadra porque nadie puede hablar cuando llega el Ministerio Público, nadie escuchó nada nadie vio nada, nadie estuvo ahí.

El fiscal con las manos atadas y con ganas de irse mucho a la mierda, cruza miradas con el único que tuvo los huevos para quedarse en la escena del crimen, con hambre y sin casa, ¡Gato! dijo un perito, pero no soplón, se escuchó por el callejón…

Autor: Javier Herrera

(Guatemala, 1987) Camino por ahí observando hacía todos lados, menos mi camino, por eso me pierdo.

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