Nayib vuelve a la infancia

Ayer, febrero de 1997, Parque Central. Nayib es casi un niño que juega con otro niño que es casi un bebé. Lo lleva y lo trae en una caja para jabones, indiferente al calor intenso y al cielo vacío. Nayib deja al niño por un rato y corre a subir un fardo de periódicos en un camión. Regresa y vuelve al mismo ir y venir. Nayib vuelve a dejar al niño y sale corriendo a cargar los canastos de la madre del niño en pañales.

Los veo jugar, los escucho carcajearse. Con este calor del diablo siento que la vida es una película del viejo oeste. Me ves viéndote y te olvidás del juego. Te venís caminando rápido hacia la fuente y de inmediato el niño empieza a llorar. Te parás frente a mí con un gesto serio de conquistador que se borra con tanto balancearte. ¿Qué onda güisa? Hello. I speak english. Ya viví en el norte. ¡Guaaaaa! ¿No me creés? Te pregunto la vida pero vos no me preguntás nada. Dame tíner. No me das.

Vamos a tomar un litro atrás del Mercado Central con tu amigo El Gordo. No conocía este lugar y no vendría sola. Está lleno de hombres trabajadores borrachos que nos miran agresivos. La mirada lasciva y resentida del Gordo me repugna. Me pregunto si piensa en emborracharme y violarme. Vos sos diferente, no das miedo, nunca. Prefiero irme. Dejamos al Gordo en el Parque y me llevas a la 5ta a esperar la 35. Ojo con mi güisa, vaaaa. El chófer y el ayudante se ríen con sorna ¿o será complicidad?

Me llamas de vez en cuando para que te consiga varas o te saque de la cárcel. ¿Dónde chingados tenés la cabeza? ¿Cómo le das el teléfono de la casa a un tipo así? Mi madre, pobre, las llamadas de teléfono público le crispan la existencia. Pasa un año, pasan dos, pasan cinco, pasan diez. Seguís ahí Nayib cada vez más hecho verga. El cráneo más deforme, los dientes más escasos, las costras más grandes, los mocos más verdes, la infancia más lejos. Una y mil veces apestado por los transeúntes, vergueado por la policía. Riéndote como loquito. Una vara, una vara, una vara. Abrís tus ojos hinchados, de por sí enormes, y me saludas pero ya no salen las palabras, sólo tu risa de loco.

Es abril de 2003, estás parado frente al Palacio levantando un palo hacia arriba y volteando a ver hacia todos lados como esperando a tu peor enemigo. ¡Ladrón!, llamen a la policía, cuidado, agarren al ladrón. Camino hacia vos y te hablo. Te carcajeás pero estás aterrado. ¡Cuidado!, dios mío quiere matar a la señorita, agárrenlo, ladrón. Salven a la señorita.

Nayib bajá el palo, bajá el palo por favor, Nayib no te asustés. No te matan porque aparece, de puro chiripazo, El Oso. El Oso ve de lejos todo y corre hacia nosotros, atraviesa a la gente, te quita el palo y te abraza, cariñoso. Tranquilo, venite, no pasó nada, no pasó nada. Nos abraza a los dos y nos saca del infierno.

2017, 12 calle y 5 Av. Te veo de reojo. No te quiero ver. Sos la prueba fehaciente de la inexistencia de dios. Quiero vomitar, ensartarme un tubo en el estómago. Este año cumplimos 38 años mi querido petenero. Ya cumpliste 20 en la calle, veinte años sin país, sin iglesias, sin oenegés, sin pajas. Si existiera dios ya habrías muerto. Si existiera dios me atrevería a verte a los ojos. Pienso en tu cuerpo, pienso en calorías, en vitaminas, en lucidez. ¿Qué imágenes rondan tu existencia? Acaso Petén, acaso la infancia, acaso nada que pueda imaginarme.

Fotografía de El Miljos

Autor: Pilar Gutierrez

(Ciudad de Guatemala 1979). Desordenada, nostálgica y locuaz. escribo para retener el pasado y restarle insomnios. Creo que 1954 y 1982 definen gran parte de nuestro presente.

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