O viajás o leés, pero bruta no te quedés

Lectura, niña, libros

Fotografía de Javier Herrera

¿Cómo para qué te servirá un libro después de haberlo leído?, le comentó Cecilia a su hija.  ¿Comprás un libro, lo leés y después…?

Años más tarde, la joven se encontró con un compañero en la universidad que le diría una frase similar: No leás ficción, buscá libros que te enseñen a hacer dinero.

En el trabajo Mariela encontró una nueva realidad, una para la que su madre y sus amigos la estaban preparando, un lugar frío, sin sentimientos, sin olor a nada, un sitio vacío lleno de personas podridas, capaces de vender al mejor de sus amigos por unas cuantas monedas y satisfacer su mayor posesión en esta existencia; el ego.

Desde niña pensó distinto a los que la rodearon, Karlita siempre le decía que había que reír mucho frente al chico que le gustaba para que se produjera algo; Mario le aconsejaba que usara pantalones pegados de tela con ropa interior diminuta y sugestiva, que en los trabajos ero lo necesario para sobrevivir entre una jungla de nepotismo, silicón y prostitución. Su padre le dijo que de amor no vivía el hombre y que mucho menos la mujer, que es necesario aprender un buen oficio, hacerse de buenas amistades y colocarse en un buen puesto.

Fue la abuela, la vieja loca de la familia, quien decía que había que comprar muchos libros porque era la segunda forma de conocer la vida dada nuestra pertenencia a las capas no tan favorecidas de esta sociedad, o viajás o leés pero bruta no te quedés. Mariela recuerda muy bien el día que “La abue” le leyó el inicio de una novela de uno de esos autores que no venden en las cajas de pago de los supermercados. Después de las apasionadas líneas, su vida cambió, decidió empezar a salir a conocer, decidió no abrir más la boca sin empezar a escuchar con más atención, a reír cuando le diera la gana y a vestir como más se sintiera cómoda, a poner por delante su honor y a vivir, decidió eso: vivir, comprendió que los si los libros servían para algo, no era para ser más inteligentes o millonarios, entendió que eran necesarios para vivir, los libros le abrieron las puertas para conocer a otras personas de las cuales aprendió mucho, fueron los libros los que le dieron la sabiduría para comprender a los que le proponían formar parte de una vida vacía, son los libros los que le dan el placer más grande que puede sentir el ser humano libre, el placer de ser uno mismo.

 

 

 

Autor: Javier Herrera

(Guatemala, 1987) Camino por ahí observando hacía todos lados, menos mi camino, por eso me pierdo.

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